Abrazar la otredad – Relatoría 17.junio.2020

¿Qué hacemos? dejar de vivir para no morir, o aceptar la muerte para vivir.

Estamos en medio de una crisis de civilización, en un momento histórico que nos obliga a pensar que nos significa como sociedad e individuos nuestra existencia en el mundo. El Covid nos quitó el piso de suelo, y se han esfumado nuestras certezas. El estado y las instituciones son una fantasía de protección, que no brinda salud. Hay países que ya están reabriendo, exponiendo a los más vulnerables a morir, es un genocidio anteponer la economía, el capital por encima de la vida. Nos preguntamos sobre la justicia, la policía y las prisiones, sobre qué hacer para construir una narrativa muy otra de lo justo y lo injusto, sobre como devolver el corazón a su lugar y buscar justicia.

Parte de la conversa, se encaminó en repensar la prisión, es complicado pensarlo en un país donde las prisiones son universidades de la violencia. El sistema está bajo una lógica judeocristiana, donde el castigo es poner la otra mejilla, encerrar al que hace daño, la cárcel es el mayor castigo, pasamos del panóptico a la prisión, como figura de reprimir. La prisión es violencia ejercida sobre otrxs, es negar al otro, es un espacio físico de castigo, en la cárcel están los pobres, los que no pueden pagar un abogado que los defienda. Y entonces, las prisiones que, las abolimos, las desaparecemos. ¿Como sería un mundo sin prisión? ¿Como serían las prisiones, si fuesen llevadas por psicólogos o trabajadores sociales? ¿Que podemos hacer para cambiar las actitudes de castigo y exclusión? ¿Cómo miramos a los delincuentes? ¿Cómo nos movilizamos hacia abolir la prisión? Es una utopía, una de las apuestas de la anarquía. Abolir la prisión como figura de castigo, implica pensar nuestras propias formas interiorizadas de castigar, por que aprendimos a castigar y ser castigados. Así como desaprender el racismo, hay que desaprender el castigar, y las violencias que nos llevan a las prisiones. Abolir la prisión pasa por abolir instituciones del estado y por ende el estado. Es tarea complicada pero no imposible. Hablamos de luchar por abolir la tortura, es como un trámite administrativo más de la policía que tiene uno que cumplir/padecer. Es como regresar dos tres siglos, cuando se pedía el fin de la esclavitud, luchar hoy por la abolición de la tortura, el sistema de justicia ofrece torturarte como uno de sus servicios, el lastimarte. Muchxs detenidxs son desaparecidas, asesinadas, golpeadas, torturadas. Ser poli es el ejercicio de la fuerza sobre el otro más débil, el uniforme es violencia. La violencia lleva aparejada un ejercicio dominante de poder, el vandalismo es una forma de resistencia frente al ejercicio del poder. ¿Qué violencias encarnan y aprenden los polis? Ya se nos olvidó lo de Geovanni, lo que sucedió en Oaxaca con Alexander, el terror del estado.

¿Dónde están? gritan madres y padres de desaparecidxs, que no han dejado buscar, ni en la emergencia de los recién desaparecidos, reaccionan en la defensa de lo vivo. El presidente no permite el diálogo con familiares de desaparición forzada, son personas en quienes crece la rabia e indignación producto del desdén presidencial, hay que rastrear y buscar esos dolores, para encontrar las palabras justas, nombrar y hacer visible, acompañar esta lucha. Nos falta tejer la narrativa que conecte con la compasión. ¿Como regresar el corazón a su casa? Los tzentales de la selva, dicen regresar el corazón.

A continuación, como un coro de voces, algunos testimonios de compxs. Acá en Oaxaca, tenemos angustia de salir, un mercado lo cerraron por un brote. Es doloroso, pensamos lo vulnerable que somos, no tenemos seguridad de nada, estamos como sueltos, en incertidumbre permanente a cada momento, en cada parte de la vida.

Una vez fui detenido por grafitear, estaba muy morro, nos detuvieron a un chavo y a mí, teníamos 15 -16, eran varias patrullas para dos chavos en mitad de la calle, en la noche, nos trataron muy mal, nos zapearon, nos pegaron, nos tiraron al suelo esposados y pusieron sus botas encima de nuestras cabezas, esa fue la más humillante.

Una compa nos narra, estuve en New York, en las protestas, se propone poner los fondos de la policía en lo social para evitar crímenes, igual se plantea disolver la policía, es problemático hablar de una reforma, sería una policía con otro nombre, un re-marketing, no hay confianza, y entonces, ¿Reforma o Revolución? Es como estar en un limbo. La conversación tiene que cambiar. La reforma es lo mínimo, no una imaginación idealista.

Una compa cuenta que al tener problemas con el padre de su hija, ha vivido la tortura que es ir a las instituciones a defender los derechos de sus hijos, opina que hay que imaginar en construir una justicia local y una educación jurídica. Aprender sobre la justicia.

Una compa relata que un compa en su grupo, tuvo una actitud violenta y se le expulsó, muchos de sus compxs están queriendo recuperar, reordenar, resarcir esta acción. Se preguntan qué pasaría si no se expulsara, como ponernos en el papel y el lugar del otro, interpretar lo que dijo, entender que es lo justo e injusto, esta dualidad nos limita, nos preguntamos cómo poder abrazar un poco más la otredad para resarcir, para no expulsar, no condenar, sino para intervenir en lo cotidiano. En esta experiencia de resarcir, de aclarar que pasó, se rastreó el dolor, se hizo el ejercicio de rastrear la palabra, y ponerle palabras a eso que duele, para después buscar sanar la vida conjunta. Abrazar la otredad. Nos estamos preguntando, nombrar para curar las narrativas, es la virtud de la pregunta. ¿Que es lo justo y que es lo injusto? Es necesario construir una justicia otra, desdoblar que es lo justo a una escala familiar o social. ¿Como vamos a solucionar eso de la justicia? ¿Como hacerlo entre nosotros? ¿Quien va a participar, nos vestimos de polis y salimos a la calle? ¿Nos convertimos en policías? Nos vigilamos los unos a los otrxs. La militarización no es lo que queremos. Vivimos el capitalismo de la vigilancia, vivimos en una prisión no convencional en nuestras casas, encerrados, confinados, negociando el cotidiano, la sociedad sometida y enclaustrada valora la protección del estado por su miedo a vivir. ¿Qué hacemos? dejar de vivir para no morir, o aceptar la muerte para vivir. ¿Como ser libres? Es la idea. La libertad del ser humano es lo más preciado que tenemos.

Y si sí es cierto que la solución es tomar en nuestras manos la seguridad. ¿Como se hace eso? Se puede organizarse de forma colectiva, como las comunidades indígenas, los pueblos rurales, donde la seguridad es asegurada y promovida por la comunidad, sin una fuerza sobre el otro, sino más bien en la seguridad de confiar la espalda en el otro. El EZLN ejerce una seguridad de protección, no de violencia, no ejercieron violencia por el asesinato del profesor Galeano, fueron consecuentes con lo que piensan que es la dignidad, en los actos; queda en nosotrxs apoyar los procesos de las comunidades y pueblos en el ejercicio de su propio derecho de su propia forma de castigar.

Sobre el actual proyecto neoliberal de nación, el tren maya y el transismico, hay una narrativa violenta por parte del Estado, ellos contra nosotrxs, hay un dogma del presidente, el tren es violencia real, social, política, económica y cultural, implica un reordenamiento territorial para dar cabida a los negocios, hay un gran despojo, datos parciales y fragmentados que facilitan la manipulación por parte de los grupos de poder. Hay personajes ahora en el poder que eran activistas, ahora respaldan los proyectos de muerte y los justifican frente a las organizaciones sociales. Está el ejemplo del Foro que se hizo con los compas del Istmo, donde se les negó y ninguneó.

Hay una intuición y sensación de que estamos en una coyuntura especial, en un colapso, el fin del mundo que conocíamos, que algo nuevo está empezando, es un momento especial, hay un mundo pre-Floyd y después de Floyd, la movilización que desató su asesinato, provoca la sensación de que realmente ha cambiado algo, que están pasando cosas. Pero hay que reaccionar. ¿Se trata de empezar a cada quien construir su utopía favorita? ¿Construir una sociedad sin cárceles? Quizá no es momento de soñar una nueva utopía, o una gran reforma de la sociedad. El movimiento desatado en EU no va a conseguir que quiten todos los fondos a la policía. Nos preguntamos que podemos hacer los nosotrxs pequeñitos que somxs, mi compañera y yo, junto con amigos, una organización pequeña. ¿De verdad se acaba un mundo y empieza otro? Entre nosotros es clara la posibilidad de seguir perteneciendo al mundo que muere, o empezar a vivir de otra manera. ¿Estamos ante una reforma o una revolución? Ivan Ilich dice que ni una ni otra, la reconstrucción de la sociedad, el cambio profundo se consigue si cambiamos la narrativa, si logramos tejer-construir una narrativa que modifique la manera en que la gente percibe las cosas, y que modifique sus comportamientos, ¿Como podríamos tejer esa narrativa? Si se acabara la universidad, la escuela. ¿Podríamos imaginar una vida sin escuela? ¿Podemos aprender en libertad?

Empieza a haber fantasías que ya no son tan fantasías sobre el fin del capitalismo, sobre si se deslizó hacia la barbarie ¿No que teníamos en nuestras manos la liquidación del capitalismo? Que significa hacerlo, no consumir lo que nos ofrecen, desmantelar el capital desde abajo, cancelar su operación. Podemos empezar a hacer arreglos con quien produce productos que necesitamos, para no pasar por el mercado. Podemos cuidar nosotrxs de la salud, en nuestro pequeño mundo, viviendo de una mejor manera.

Muchos de los que perdieron sus empleos y sus ingresos, no los van a recuperar jamás, muchos tienen empleos y están agarrados de él lo más posible, hay que pensar seriamente lo que significa abolir el trabajo, ¿Como podríamos abolir el trabajo? Trabajo es hacer todo aquello que no tiene el fin inmediato de mis deseos y necesidades. Se trata de hacer las cosas en que encuentro gozo, placer, excitación. ¿Como puedo hacerlo mañana? No en una utopía nueva que vamos a crear, no en un mundo nuevo que va a surgir en alguna parte. En mi pequeño mundillo. Concentrar la mirada, no en cosas grandiosas, no en la nueva utopía, no en la gran reforma o la gran revolución.

Sanar, amar, jugar, entender. ¿Cómo sería mañana en la mañana empezar a vivir el nuevo mundo? No en el de ayer, que contiene todos los horrores que me conozco bien, empezar a construir con mi propia vida, con mis amigos, con mis seres queridos, construir una narrativa de una vida nueva, una vida diferente. Estamos mucho más en esa oportunidad, que en lugar de ver a que utopía nos sumamos. No podemos acabar con las prisiones, pero si podemos cambiar la forma de castigar a quien hace algo malo, un niño, un adulto. ¿Cómo castigar a quien se porta mal? En un número importante de comunidades oaxaqueñas, si alguien mata a otra persona, tiene por consecuencia una compensación a la víctima, no existe nuestra noción de castigo. Se trata de hacer que el alma regrese a su cuerpo, a este cuate se le fue su alma y por eso asesinó, él va a trabajar para alimentar a la familia del muerto, y la suya, debe cumplir su obligación para rehabilitarse, no hay abogados ni cárceles, es un proceso comunitario. Pero en la ciudad, el que mató, se va, no hay compensación a las víctimas. ¿Cómo construir la nueva narrativa? Cómo asumir que el mundo cambió, que estamos en otro planeta. ¿Como nos desaprendemos, cómo nos deseducamos, cómo nos desformateamos? Como empezamos a vivir de otra manera. Quedan rituales del mundo que nos educó, pero su sustancia y alma se acabó, vivimos la experiencia del funeral del mundo viejo, y el nacimiento de un mundo nuevo.

¿Hacia dónde va el aprender? Seguimos sin saber que será de la escuela, que tanto se va a sostener, el sistema es caduco y no responde a lo que necesitamos, sostenemos el absurdo de que el estado resolverá algo, esto tiene que ver con nuestra mentalidad altamente escolarizada. La institución educativa hace de nosotrxs personas obedientes, programadas. Una compañera compartió que al día siguiente de los temblores en 2017, una compañera, preguntó cuál era la tarea. ¿Como era posible esto? el no estar en la situación, pero su reacción fue natural, normal, es lo que se espera de nosotrxs, ignorar las crisis, centrarnos en seguir reproduciendo el sistema. Trazamos la vida basados en la productividad ignorando lo que pase. En el mundo que habitamos, podemos apostar por maneras de hacer diferentes las cosas, pero estamos tan formateados y domesticados que cuando hacemos intentos repetimos patrones, volvemos a comprar y consumir, volvemos depositar en otras manos la capacidad de hacer cosas por nosotros mismos, hay que pensar desde la cuestión comunitaria, acompañamiento sin fines lucrativos, ni educativos, sino un acompañar que ponga en el centro la reflexión común, encontrar otros horizontes, no imponer, no juzgar, ni enseñar. La palabra colectiva se traduce en descubrir e inspirarnos, caminar juntos y juntas desde donde cada uno esté.  Desde el entramado al que se pertenece, es un camino paso a paso. Lento. ¿Cómo nos desformateamos? ¿Como nos desarropamos de los vicios que nos ha dejado la educación? Como lo hacemos, no solo en nuestro mundito, más allá, en la articulación con otras y otros. No hay que buscar respuestas, la respuesta es la Realidad, hay que formular otro tipo de preguntas y prácticas, que nos lleve a construir otras preguntas. Las respuestas conocidas son la violencia, la negación del otro, la desaparición forzada, estado ausente.

En 1992 los zapatistas derribaron la estatua de Diego de Mazariegos el conquistador, ahora en EU se están derribando símbolos del colonialismo, de esa violencia primera. Se necesita una ruptura radical. El llamado es a descolonizar la cabeza, a desescolarizar la vida, a recuperar nuestra capacidad de habitar el mundo. La palabra construye conocimiento, estrategias de sobrevivencia, y un corazón mas fuerte.

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