En conversatorios pasados hemos hablado de la tormenta a la que nos enfrentamos, por eso ahora quisimos concentrarnos nuevamente en experiencias concretas y nos preguntamos ¿qué estamos haciendo ante los colapsos socio-ambiental y socio-político? pero también ¿qué no estamos haciendo? ¿de qué manera no ser cómplices de esta devastación?
La situación es paralizante y la gente no sabe para dónde ir ni qué hacer, siempre estamos buscando la salida en algo que ya hemos visto u oído y quizás hay que buscar la salida en algo completamente nuevo. ¿Cómo queremos cambiar si seguimos teniendo las mismas formas de vivir o los mismos hábitos de consumo? Como individuos nos sentimos impotentes, podemos hacer un par de cosas, pero realmente no vamos a avanzar de uno por uno, lo más importante es encontrar una manera de hacer cosas juntos. Se trata de pensar más allá de acciones individuales. Uno de los temas es el reciclaje, pero el reciclaje también es una forma que propaga el consumismo; te sientes mejor consumiendo si después te dan la opción de reciclar. Tal vez el único acuerdo que necesitamos tener no es el de reciclar sino el de vivir, así como las compas zapatistas. Cuando acordamos valorar la vida, en ese valorar la vida está todo. Tampoco está bueno auto-culparnos, porque las grandes empresas contaminan todo, pero quienes nos culpamos somos los pequeños consumidores.

Tenemos que mantener ardiente la duda del qué hacer y ante esta duda, frecuentemente hay dos posturas clásicas: una que propone hacer cambios en la vida cotidiana, así como transformar las formas de consumo, y otra que propone cambiar los modos de producción. ¿Serían estas posturas excluyentes? Saber que son las grandes corporaciones las que contaminan más ¿nos exime de tomar acciones individuales o en colectivo? ¿tendrían que ser ambas? Quizás tendrían que ser ambas medidas, en la producción y el consumo. En términos de Foucault, pensar en la micro-física del poder. No pensar en una revolución macro, sino, simplemente lograr hacer una hortaliza. ¿Cómo recuperamos la capacidad de hacer cosas concretas en el mundo? Hay que hacer no una cosa, sino muchas cosas al mismo tiempo, en lo cotidiano, en lo político, en lo artístico, en lo que se presente, siempre que sea con una orientación de vida, no sin rumbo o sin ton ni son. Tenemos que plantearnos hasta dónde queremos llegar, plantear las posibles rutas, como la de no reproducir los modos de relación que tienen que ver con la muerte. Muchas veces sólo estamos criticando, pero no estamos dispuestos a renunciar. Los viejos de los 60-70 dejaron todo, hay quienes dejaron todo para irse a la montaña, tal vez no hay condiciones ahora para irse a la montaña, pero ¿cuáles son las nuevas montañas? Tenemos que dejar cosas para ir en busca de los nuevos mundos y llegar hasta donde estemos dispuestos.

En este punto de la discusión, nos preguntamos si seguimos pensando que la revolución es la vía de transformación. La revolución es una manera de hacerlo, sin embargo, también «la revolución» suena muy ambiguo, se puede pensar en distintos tipos de revolución. Habría que pluralizarlas, no la revolución, sino las revoluciones. Muchas veces esos momentos, a los que se les llama revolución, son momentos únicos y en su mayoría no se pueden predecir, ocurren por circunstancias que no fueron planeadas, ocurren en un momento en el que convergen todas las vías. En Unitierra hemos explorado una hipótesis sobre el fin del patriarcado y el capitalismo y pensamos que no es algo que va a caer como el fin de una transformación revolucionaria, por eso la pregunta es si ese sigue siendo nuestro horizonte o si ya es otro. En esta hipótesis la idea es que la transformación del capitalismo o patriarcado no es algo que va a ocurrir en un futuro cercano y violento, sino que en el presente ya hay experiencias no capitalistas, no patriarcales realmente existentes, viviéndose y experimentándose en espacios concretos y con gente concreta, no es la caída del muro de Berlín o la revolución francesa o la mexicana, porque eso corresponde a otra época de la historia.
Nos preguntamos también si habría alguna forma de volver a llenar esta palabra de significado, porque «la revolución» es todavía una realidad que existe y no se puede negar. Las condiciones de cada lugar van diciendo qué pasa. En la Sierra Norte tienen una organización pacífica, pero en la Sierra Sur, tenían a los caciques que les quemaban los pies y por eso tomaron otra vía, en Loxicha, por ejemplo.
A veces tenemos miedo de usar este tipo de palabras, pero quienes están en la práctica diaria no tienen ese miedo, sin embargo, a veces sí es necesario tener cierto rigor en el uso de las categorías y re-semantizar, aunque tampoco hay que atascarnos en ello. Algunos ejemplos de los que hablamos, además de «la revolución» fueron resistencia y trabajo. Respecto a la resistencia, en el planteamiento de comunalidad se hablaba de ello y parecía adecuado, es una metáfora de la física llevado a la ciencia social, pero nos preguntamos ¿realmente la gente está resistiendo las 24 horas los 365 días? y no, la gente está viviendo y de pronto esto de la resistencia es una categoría desde afuera, de quienes quiere ver que la gente está con la espada desenvainada y en realidad no es así. La gente no está en esa actitud de resistir al capital y a los gobiernos, sino que está aceptando, se aceptan tecnologías como el celular o las radios, se colabora con exterior, la realidad es más compleja. Entonces nos dimos cuenta que no podíamos resumir la actitud de los pueblos que están en resistencia, porque sería una simplificación. Sin embargo, en el caso de los zapatistas, se ve de otra manera, ellos dicen “nosotros resistimos viviendo”, entonces se vive resistiendo en cada uno de los momentos; si nos ponemos a sembrar la milpa es resistir económicamente, si hacemos asambleas es resistir políticamente, sería la teorización de su práctica y lo hacen para compartir. Respecto al trabajo, en el planteamiento de comunalidad antes se hablaba de trabajo, para referirse tanto al trabajo asalariado como al tequio, aunque no es lo mismo estábamos usando la misma categoría y era necesario darnos cuenta que estábamos hablando de cosas distintas, ahora ya no se habla de trabajo sino de labor o de faena para distinguirlo del trabajo capitalista. Otro ejemplo es lo «indígena», incluso gente de la sierra, que no se reconoce como indígena, ahora se cuestiona eso: si no somos indígenas ¿qué somos? Hablan de naturales o de comuneros, es algo que están buscando y discutiendo.

En este punto del conversatorio, escuchamos algunas palabras que nos compartió el compañero José Ángel Quintero Weir, quien nos pregunta ¿por qué es urgente la emergencia del nosotros hoy? Y nos dice: “para nosotros los Añú, el mundo es como un gran ojo, que todos vemos, pero él también nos ve. Su otro ojo sólo lo podemos ver cuando soñamos o cuando morimos. Sabemos que el mundo es una persona y el parpadeo del ojo del mundo forma un día completo y el caminar del mundo por el gran firmamento dura un año. En ese viaje, el mundo se detiene a conversar con el sol y es cuando llega el tiempo de sequía, a veces se detiene a platicar con la lluvia y es cuando viene la creciente. Es por el hacer del mundo que todas y todas vivimos ejerciendo nuestro propio hacer. Por eso, este puede ser un momento estelar para la creación de repuestas de un corazón que se resiste a la desesperanza, es un momento estelar para la emergencia del nosotros. ¿Cómo hacer emerger el nosotros que de verdad somos? Es en el ejercicio de la autonomía donde se encuentra el corazón del nosotros y ¿quién es ese nosotros? Podemos decir claramente que las corporaciones, sus aliados y los falsos políticos no son del nosotros. Cuando se habla del nosotros no sólo se refiere a los pueblos indígenas, cualquiera no nacido indígena, cualquiera que ofrezca y sea digno de nuestra confianza, cualquiera que alienta la esperanza en la vida, todo aquel que actúa por conciencia y nunca por conveniencia es parte del nosotros. Porque los pueblos indígenas no vamos a poder solos. Necesitamos extender nuestras manos sin miedo, a quienes son susceptibles a la construcción de ese nosotros, es un hacer en correspondencia con el hacer del mundo.”
Motivados por estas palabras y continuando con la discusión, pensamos que la invitación a la solidaridad es uno de los principios básicos que debemos practicar día con día, ponernos en el lugar de las otras luchas. En el proceso de desterritorialización, tal vez algunos no tenemos un lugar concreto dónde re-construirnos o dónde hacer territorio, pero podemos tratar de sentir o vivir a partir de la experiencia de otras personas y eso nos puede ayudar a plantarnos sobre la tierra. El producto de la catástrofe actual es toda la gente que está haciendo lo que no es su camino propio, por eso es importante la invitación a cumplir nuestro propio hacer ¿cómo re-encontramos nuestro propio corazón?
El camino sólo es posible si hay autonomía. Lo único que puede fortalecernos es autonomía, si no la tenemos, estamos perdidos, estamos en manos de otros. Si no logramos una manera de autonomía cualquiera puede venir a quitarnos la tierra debajo de los pies. Si no tienes cómo vivir sin depender de otros, estás en manos de los que no son nosotros y entonces estamos fritos.

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