“Ahora sé quién soy, porque puedo verme en los ojos de mis amigos”

Relatoría 30 de septiembre de 2020
Ilustración: Qam

En esta ocasión continuamos el hilo de conversaciones anteriores, preguntándonos en qué nos reconocemos y entonces qué somos. Somos mucho más allá que el color de piel, la categoría indígena también se engloba en un montón de variedad, no es lo mismo un Yaqui que un Aimara. Y quizás sí, deshaciéndonos de esa categoría miramos que sí se abren otras formas de ser comunidad, incluso más allá de lo racial.

De pronto no tenía problemas en asumirme como mestizo, no por la negación de lo indígena –nos cuenta un compañero–, pero aunque sé que está ahí no tengo ni idea de qué parte de mi vida está vinculada a lo indígena, por eso me hizo ruido preguntarnos ¿qué hacemos si desaparece la categoría mestizo?

Estados Unidos es un país conformado por mezclas, pero nadie se considera mestizo, se identifican con una categoría abstracta “ser blanco” que no es para afirmarse como blancos sino para excluir a otros, es una afirmación que representa una negación. En todos los nosotros abstractos hay este juego, que tiene un propósito excluyente y discriminatorio.

Si nos hacemos la pregunta de quiénes somos, pero siempre buscamos abstracciones, como “soy indígena” o “soy mestizo”, no vamos a encontrar respuestas, porque esas palabras no quieren decir nada, no se refieren a nada concreto, si nos queremos encontrar vamos a encontrarnos en algo concreto, en lo que somos realmente desde la tierra que pisamos.

¿Cómo poder entender quiénes somos? se ha quedado corto cuando se dice “yo soy indígena”, diríamos más bien: soy gente del campo. Nosotros somos gente del maíz, el maíz es la vida, la cultura del pueblo. Con esta pandemia los pueblos de la sierra están demostrando su resistencia y su capacidad. La gente del campo va a tener suficiente maíz, frijol, panela, no sintieron la cuestión de la pandemia, el sistema normativo indígena estuvo presente porque supieron guardar la sana distancia, ayudó que no se dejara entrar a gente de fuera. ¿Quiénes somos, quién soy? En ese contexto nos permite dar un paso de la resistencia actual a los 500 tantos años de que fuimos conquistados, pero la conquista no ha logrado desterrarnos totalmente, aún seguimos vivos, aunque día a día nos quieran acabar, la lengua casi casi está muerta, pero de pronto vemos que está resurgiendo, con los niños, las niñas, la resistencia no es de marcha de plantón, es una resistencia cultural, una resistencia de vida, de cultivar el maíz.

En la experiencia de escuela fue donde nos enseñaron las palabras, pero los sentires nadie nos los enseñó, la expresión, porque a veces las palabras no representan lo que sentimos, el arte es un camino hacia esa expresión. Las palabras con las que hemos sido moldeados son palabras también coloniales, a veces podemos tener sentimientos, cosas que nos pasan adentro, que no caben en esas palabras. Quizás tendríamos que empezar a inventar nuestras palabras. En un poema las palabras dicen más que lo que normalmente significan, por la forma en la que están colocadas. Crear un nuevo lenguaje es una más de nuestra tareas, volver a construir una forma de pensar que corresponda a sentimiento enraizados, que no van hacia las abstracciones sino a las realidades de las personas que tenemos al rededor, las realidades concretas. Y ¿qué sería entonces lo concreto?

Quizás podríamos iniciar con la definición de un nosotros, ¿qué es el nosotros con el que nos definimos? Al hablar de un nosotros se trata de un nosotros real y encarnado. Estaríamos hablando de un nosotros, que pudiera definirse más como un nosotras, que ya no se definiera como un nosotros excluyente sino un tipo de realidad comunal, sonde están hombre, mujeres y niños.

Es un viaje muy profundo y una tarea que no lograremos en los conversatorios; es ir haciéndonos y deshaciéndonos en todo momento, cuestionarnos cosas que ni se nos había ocurrido pensar. Tratar de encontrarnos es una cuestión profunda. Esto no nos llevó a preguntarnos ¿de dónde somos?

Una pregunta que nos hacemos quienes nacimos en un sitio y nos fuimos a otro o quienes tenemos raíces o buscamos arraigarnos en un lugar en el que no nacimos.

De pronto estando en la ciudad crecemos en un desarraigo cultural, como sin un anclaje en ningún lado. Y a veces también surge el señalamiento “es que no es de aquí”, no importa cuánto tiempo estemos en un lugar o participemos, pero de pronto eso provoca un sentimiento de vacío ¿de dónde vengo? Habría que incorporar esta pregunta, pero no desde la carencia, sino del impulso por otra búsqueda.

Nos es difícil identificar una comunidad, la tarea sería construir esos vínculos de compañerismo, esos lazos, construir algo colectivo. El ser va ligado con el hacer, sería importante también preguntarnos ¿cómo mantenemos la relación con la comunidad? ¿cómo regeneramos la comunidad y nos regeneramos con la comunidad? ¿cómo habitamos y cultivamos el arte de habitar de ese lugar donde nos estamos territorializando?

El somos puede dirigirnos a una condición abstracta, de nacionalidad o de cualquier tipo, en cambio el hacer nos arraiga inmediatamente. Podríamos explorar cómo la condición de hacer y de arraigarse pasa en muchos casos por la comida, la comida es una cosa en la que te arraigas. Puede ser abstracto hablar del maíz en general, pero es distinto hablar de cómo lo vive la gente: vivir distinto una memela y una chalupa. Forma parte de tu forma de ser, lo llevas contigo.

Una de las preocupaciones es ¿qué pasa con aquellos que no tienen un territorio propio, una pertenencia? Saber cuál es nuestro lugar y nuestros límites en ese lugar, nos ayuda también a relacionarnos en el lugar donde estamos, aunque no seamos de ese lugar. Saber los límites de arraigamiento, no pretender que somos lo que no somos, pero ser capaces de tejernos con otros.

Dentro de la propia comunidad hay unos que son comuneros y otros que no los son, hay una serie de requisitos, se puede ser hijo de comunero y no ser comunero, tiene qué ver con la tierra y una serie de cosas concretas, sin embargo, la comunidad sí te acepta, puedes ser avecindado, aunque no seas comunero, si te incorporas al hacer de la comunidad dejas de ser fuereño, si cumples con tus obligaciones también tienes tus derechos, hay mecanismos de inclusión, aunque no son totales.

Hay quienes tampoco se sienten pertenecer a un lugar, porque se están moviendo todo el tiempo, pero curiosamente –nos cuenta otra compañera– sentí que no podía ser o saber quién soy si no soy entre los otros, aprender a pertenecer entre los otros.

Unos cinco años antes de morir, Iván Illich comentó: ahora sé quién soy, porque puedo verme en los ojos de mis amigos. ¿Qué implica esta afirmación?

Quién yo soy no es quién pienso que soy, sino implica mi hacer en mi relación con los demás, con mis amigos. Lo que esos amigos veían es lo que él era. ¿Qué significa que uno realmente se atreve a ser lo que los amigos de uno ven en uno? Que no es lo que uno mismo ve o esta pensando, sino lo que uno ha estado haciendo, con ellos y por ellos.

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