Iniciamos nuestra conversación retomando la propuesta de hospitalidad, que posteriormente nos llevó también a vincularla con temas de violencia y territorio, ¿qué tipo de hospitalidad se puede ofrecer ante estas condiciones? ¿cuál es la actitud a adoptar frente a los violentos?
Es cierto que existen formas de violencia ideológica, pero también existen formas reales en las que vivimos la violencia; ejemplo cotidianos, como sentir la vulnerabilidad en nuestras familias, en las personas cercanas. También sería importante dimensionar las escalas de violencia, no es lo mismo una comunidad que se cierra para defenderse del narcotráfico, que un Estado nación europeo que se cierra para no recibir migrantes que huyen de la guerra. Pensar en una forma universal muchas veces no aplica. El tema de hospitalidad tendría que mezclarse con el tema de solidaridad, con una definición más profunda de quiénes somos y dónde estamos ubicados en el marco geopolítico, en el marco de clases sociales, en la racialización, en el género.
Pero ¿qué es la solidaridad? ¿qué es la Guelaguetza? ¿qué es para nosotros y qué es para la gente del poder? Para ellos ya no hay solidaridad, ya no hay corazón, ya no hay sentimientos, al contrario, se habla de un proyecto de desarrollo para invadir los territorios indígenas. Para nosotros los indígenas, para la clase media, es el eje central, pero para la otra cara de la moneda es totalmente diferente, no hay solidaridad. Por otra parte, la solidaridad se está perdiendo en las comunidades, anteriormente la solidaridad existió, por ejemplo, en las mujeres indígenas, las comunidades convivían, se relacionaban, compartían frijol, café y no como forma de trueque sino específicamente como solidaridad. Sobre esta noción de solidaridad desde los pueblos –que inclusive es diferente al trueque–, podemos ver un ejemplo en las secuelas de los terremotos, ahí estuvo muy presente la noción solidaria de la sociedad; de forma comunitaria y directa, frente a la noción solidaria del Estado; que llegaba con bolsas de despensa con nombre y apellido de un candidato.
Respecto a la hospitalidad, hay muchos tipos en cualquier cultura, no sólo dentro de un país, pero también hay muchos niveles, Gustavo Esteva tiene un texto en el que habla sobre los límites de la hospitalidad1, pero en el caso del turismo, las expectativas son sin límites; uno quiere todo y el otro intenta darlo todo. ¿Qué pasa cuando el otro nos absorbe? en las condiciones del mundo actual es frecuente que eso pase, no hay retribución, el servilismo sería un extremo de la hospitalidad, por ello, una parte fundamental de esta hospitalidad es que viene de los dos lados, no solamente de uno.
La palabra Hospitalidad tiene el componente “pi”, quiere decir poder y es el poder del que recibe, es esta hospitalidad que se siente, que siente el que está recibiendo, que ofrece su casa, que es dueño de su casa. Esta es la hospitalidad tradicional de los pueblos, desde la fuerza de la comunidad, desde la fuerza de la familia, que recibe hospitalariamente al otro. Esto es lo que se destruye por completo en la situación de turismo, el turismo destruye este poder del que recibe y resulta que el poder ahora lo tiene el que llega. El turista llega con máxima expectativa, quiere todo, ya no sólo tener una persona sino un país entero a su servicio. La expectativa del turista es yo pago, yo tengo el dinero, yo tengo el poder, entonces me sirven, y en el fondo, lo que estamos viendo es el deseo de transformarnos en sirvientes de otros, eso es darle importancia central al turismo en México y en Oaxaca.
Otro de los grandes temas de nuestro conversatorio giró en torno a la pregunta ¿qué hacemos con los violentos? Actualmente, aquí en Oaxaca, hay muchas colonias en donde dicen ¡cuidado! ¡si te agarramos, te linchamos! De alguna forma están organizados frente a la criminalidad, pero ¿hasta qué punto es permitido decir “reaccionamos ante la violencia de manera violenta”? Más que un tema de moral, parece que es un tema de hartazgo y supervivencia, sin embargo, ante un conflicto así, se instaura una fuerza del orden del Estado que opera sobre el territorio. Frente a la violencia o a la rabia desorganizada, hay quienes pueden tomarlo como un botín político que puede ser aplicado en contra del mismo pueblo. En los casos de linchamiento, también sería importante observar que muchas veces toda una comunidad participa, aunque sólo una persona haya ejercido la acción. Después, todo eso produce algo en la subjetividad de quien lo hace ¿cómo queda la conciencia de una persona que lincha a un inocente, o incluso, a un culpable?
También en las comunidades se dan violaciones a las mujeres, por familiares o personas de la misma comunidad ¿qué se hace con los violadores? porque no los podemos matar, al final son parte de la comunidad. Preguntarnos qué hacemos, implica un proceso de sanación interna, pero también un proceso de sanación colectiva, para generar otro tipo de relaciones y que esto no vuelva a ocurrir. ¿Cómo podemos generar condiciones para que nunca vuelva a suceder otra situación semejante? En temas de sanación y justicia tampoco hay respuestas universales; cada una tienen su propia dimensión y sus propios momentos. Frente al otro, frente al miedo, frente a la injusticia, frente a la opresión, frente a la represión, debe haber sanación, pero es un proceso y cuando es comunitario se construye y son generaciones que se tarda en reparar.
Quizás, algunas formas de violencia, deberíamos reconocerlas como nuestras, porque están dentro de todos. Hay situaciones que vemos en la vida cotidiana y que a veces no son tan evidentes, por ejemplo, en las relaciones turísticas ¿por qué una persona se debe dedicar a servir a las otras que vienen de otros países? Hay formas de violencia que nos son tan evidentes como un balazo, pero que forman parte de la vida cotidiana y que tiene bastante impacto, como el abandono del campo. ¿Por qué el trabajo en el campo no satisface a mucha gente? ¿por qué es tan fácil que la gente deje de trabajar en él? Todas las circunstancias de la vida que tenemos aquí, llevan preparándose cientos de años, todas la circunstancias de la vida que tenemos aquí, se podrían llamar colonización. Quizás en las ciudades que tienen estas relaciones turísticas sucede algo similar, nada más que las características con las que suceden aquí son distintas, por ejemplo, a las de Venecia. Aquí se dan con la característica del colonialismo, las condiciones están dadas previamente, son una serie de cosas que han condicionado a la comunidad, una serie de despojos, corrupción, violencia hacia la naturaleza, son una serie de cosas que han permitido que las familias lleguen a esa situación. No es fácil tampoco cambiar y decir, vamos a hacer otra cosa, también se deben dar las condiciones para hacerlo poco a poco.
Por otra parte, en casos como Mexico 68’ o Ayotzinapa, podríamos decir que no logramos enfrentarnos a la violencia y tratar de sanarla porque no sabemos de dónde viene realmente, no queda claro de dónde es. Se ha dicho ya muchas veces “es el Estado”, pero el Estado es una cosa muy abstracta y muy general.
¿Por qué la gente quiere saber la verdad? porque es la única manera de poder sanar y de poder enfrentar otro clima de violencia. Una de las víctimas ha dicho “mi lucha es para que esto no pueda volver a pasar” si definimos así el problema, entonces sí podemos llegar a una verdad auténtica, es decir, es todo un tejido de cosas que involucra a un montón de gente, ya no es esa entidad abstracta, sino un conjunto de circunstancias en que las que están involucrados el ejercito, la policía, los funcionarios, el gobernador, los subsecretarios, todos. Se trata de un conjunto de gente y una lógica de funcionamiento, si podemos identificarlo, entonces ya sabemos qué es lo que hay que corregir. La primera verdad sería saber qué es lo que pasó, la segunda quién fue el culpable inmediato y la tercera qué cosa necesitamos corregir para que esto no pase nunca más, es decir, identificar la lógica de funcionamiento que tenemos que cambiar.
A partir de este conversatorio, quedaron varios puntos por discutir y preguntas por responder, algunas de ellas son:
¿A qué le vamos a llamar justicia?
¿Qué posición tendríamos ante la amnistía que planteó AMLO?
¿Tenemos capacidad en la ciudad para organizarnos y enfrentar este nivel de criminalidad?
Contraponer al turismo la recuperación del viaje en su antiguo modo; como una forma de juntar experiencia y poder regresar a la comunidad para compartir.
Discutir sobre ecoturismo.
¿Cómo se relaciona la hospitalidad como actitud básica de los pueblos, con el equivalente, que sería la hospitalidad a nivel de los estados nación? ¿recibir o no recibir a los migrantes tiene que ver con la hospitalidad de la que aquí hablamos?
En relación a la pregunta anterior, sería interesante hablar del discurso de Trump, en el que ha dicho que ha habido una ideología muy perniciosa que ha causado mucho daño: el globalismo. Y que es el patriotismo el que debe pesar en cada país, son los intereses patrióticos los que deben tomarse en cuenta y no ninguna idea de globalismo. La palabra que él usa es globalismo y no globalización, habría que ver si son dos cosas diferentes o a qué se está refiriendo cuando habla de globalismo y qué implica este discurso para los países de inclinación derechista o fascista.

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