Aprender a estar vivxs, abolir el trabajo, reconstruir la comunidad.

Relatoría del Conversatorio Repensar la pandemia con Iván Illich, del 22 de junio de 2020.

­­­­­­­­­­­­­­­­En esta primera sesión de la nueva modalidad de conversatorios quincenales, comenzamos retomando algunos puntos de la sesión anterior. Sabemos que este espacio tiene una vocación coyuntural, es importante hablar de cómo va transformándose y evolucionando la pandemia en nuestras diversas geografías y que nuestras vivencias en las situaciones locales son importantes para repensarnos. Del mismo modo que son importantes para esta conversación, las palabras de Iván Ilich, sus descripciones que a pesar de haberse realizado hace 50 años, son totalmente vigentes. Hemos repensado también, sobre las diferentes narrativas del colapso y qué hacer ante ellas, sobre cómo viven la pandemia los niñxs desde su falta de contacto y de la propuesta de abolición del trabajo. Este espacio se ha ido transformando, quizá no tenemos más claridad que antes, pero estamos abordando temas que antes del confinamiento no les dábamos el suficiente enfoque, por ejemplo, cómo habitar la vida desde el gozo y la libertar. Estamos en una incertidumbre total, no sabemos cómo se va a transformar esto, pero esta incertidumbre formará parte de nuestras vidas y es importante abrazarla, así recobramos la posibilidad de construir en el presente y disfrutar de él.

Un tema que deriva de la reflexión de la vida gozosa y libre es la abolición del trabajo. Mirar el trabajo desde un horizonte político es todo un reto, verlo no a partir de ser empleados, ni de la necesidad de recibir un suelo, sino desde el gozo, pero, ¿cómo ir más allá del hacer que otrxs nos dictaminan?, más allá de sólo cumplir ciertas labores, ¿cómo deconstruirlas por nosotrx mismxs? La transformación de nuevos mundos está implicada de personas que estén habitando desde lo que les apasiona, lo que les nutre y les gusta, es a partir de esto que podemos transformar nuestros entornos.

Hay quienes son motivados por un sueldo, otrxs por la pasión, pero la mayoría, metidos en la lógica de la productividad asociada al dinero. Pareciera que por la incertidumbre de “¿Qué vas a hacer sin empleo?” valiera la pena quedarse en un lugar en el que no se disfruta, donde no se es bien tratado o donde se es acosado. Siempre existen las inquietudes asociadas al futuro y a las “prestaciones”, no al qué tan a gusto me siento realizando las actividades, sino ¿cuánto dinero me dejan?

Las dinámicas jerárquicas de acoso laboral generan enfermedades físicas de estrés o frustración, pero también podemos estar acostumbradxs a estas formas de estar supervisados y de recibir órdenes. Por una parte, la religión siempre nos ha dicho qué hacer y cómo actuar desde una culpabilidad, por otro lado, está la presión social; a la sociedad lo que le importa es cuantos diplomas tienes, cuánto ganas, cuántos bienes tienes, cuánto consumes, pero es también un problema de conciencia y en este sentido, no todos tendríamos que ser iguales, tenemos que ser complementarios, es difícil que todo mundo haga lo que más le conviene.

Sabemos que salir de estos moldes impuestos, es difícil. Pensar en trabajar de forma distinta, aprender y comer distinto, implica salir de estas estructuras que han coartado nuestra imaginación a formas limitadas de habitar este mundo. Difícilmente podemos pensarnos fuera de las profesiones, de las instituciones, para cultivar la vida desde otras formas, y esto lo hacemos más por inercia que por placer. Jappe nos habla de que hay un anhelo y el trabajo le ha quitado el gozo, pero cuando buscamos algo que sí nos guste, parecen siempre como una serie de actividades que son también aliadas del capital, nos han quitado la imaginación y cuando pensamos en opciones, siguen siendo en la idea de competencia, de ser mejores, ni siquiera podemos imaginar formas más vivas de combatir el capitalismo. Habría que ir por las fuerzas de producción que ya no le son rentables al capitalismo, quizá volver a los oficios, pero, cuáles son estos lugares donde puedes pelear las tres némesis del capitalismo, la mercancía, el dinero y el trabajo, que en si mismas tienen la contradicción de generarnos su autodestrucción.

Si desde que nacemos se nos respetara nuestra libertad y nuestra autonomía, seríamos seres más capaces de crear formas más gozosas de habitar, pero, por el contrario, nos marcan lo que cada uno debe hacer, nos inculcan que debemos ir a la escuela para ser alguien en la vida, nos vamos estructurando de una forma tan programada que es muy difícil preguntarnos qué es lo que cada uno queremos. Aunado a esto, hay muchos autoritarismos, los sistemas se organizan de tal manera que se reproducen a si mismos de forma sólida, por ejemplo, en Alemania (como en muchos otros países) es obligatorio ir a la escuela, nadie se escapa de entrar y reproducir el sistema. Si algunos padres no quieren mandar a sus hijos a la escuela son multados y llevados a juicios, por lo que muchas familias prefieren mudarse a otras ciudades.

Las realidades son diversas, es importante preguntarnos si todos podemos -por cuestión de clase y privilegio-, dedicarnos a hacer lo que nos gusta. Hay personas que están en una constante labor para generar alimentos, ¿Se trata de una acción de la voluntad?, hay realidades concretas, sistémicas, materiales, estructurales que tienen que ver con modos de producción, ¿ómo le hacen estas personas que dedican seis o siete horas al día para trasladarse a un trabajo?, ¿cómo está atravesada la cuestión del privilegio?, ¿será que todos podemos dedicarnos a hacer los que nos gusta?, los que nos hacemos estas constantes preguntas, tampoco es que sepamos lo que queremos, porque como mencionábamos, no se nos permite crecer con esas posibilidades.

Una de las formas en que podemos salvar este tema es apostar por la reconstrucción de la comunidad, mirarnos desde la unión y no dese un deseo individual nos da la posibilidad de caminar hacia otros procesos más autónomos. En este sentido, es importante reflexionar cómo romper alianzas con el capital y crear alianzas hacia lo comunitario, cómo construir actividades aliadas a la comunidad, no esas actividades que, a pesar de hacerse desde lo grupal, son individualizadas en tanto que se suman las partes individuales para conjuntar algo más, sino más bien trabajarlo desde lo colectivo, una alianza de comunidad que no sólo aplica para los pueblos, sino también las personas que decidimos caminar juntas hacia algún lugar común. Generar actividades gozosas implica que no sea sólo una satisfacción meramente individual, sino que al mismo tiempo que es gozoso para mí, esté contribuyendo a hacer esa comunidad de una manera convivival. Tenemos que encontrar modos de construir espacios de haceres en común, aun en lugares donde el individualismo es muy grande, es importante buscar o abrir espacios que generen más comunidad.

Una de las pistas de cómo hacer para abolir el trabajo, es que los niños y jóvenes que no van a la escuela están inmersos en proyectos propios y en quehaceres que han elegido, que han determinado hacer por ellos mismos. Ellos no consideran que necesiten la escuela para hacer lo que hacen, es justo al despojarse de ella que toman en serio sus vidas. La escuela nos da intentos fallidos de practicar lo que seremos cuando salgamos de ella y salimos totalmente inexpertos, despojados de nuestras verdaderas habilidades, pero cuando no hay maestros y calificaciones que cumplir sino el gusto e interés propio, esos niños y jóvenes están sembrando las posibilidades de transformación de un mundo nuevo. Los niños que no han acabado de ser programados en las necesidades, son los que más fácilmente pueden actuar con libertad, cuando dejan de tener una imposición de necesidades sobre ellos. Aprender cómo ellos empiezan a vivir cuando se les quita el peso de la escuela, puede ser una lección para todos nosotros, para estar viendo como se aprende de nuevo a vivir.

Por otra parte, se nos ha hecho creer que son los empresarios los que sostienen al país, estas empresas que invaden los pueblos de autocultivo, generando una relación de dependencia y explotación, pues convierten el trabajo en una necesidad para vivir y ofrecen condiciones laborales precarias. La trampa del capital es generar trabajos precarizados, para convencernos de que son la única alternativa y que es lo que necesitamos para poder comer. Pero sabemos que este sistema está caduco, que no hay empleo para todas las personas. En Alemania ya se levantaron las medidas tomadas con respecto a la pandemia, muchos negocios han cerrado, por un lado, está la incertidumbre de cómo continuar, el inicio de la nueva normalidad traerá muchas situaciones difíciles, emocionales tanto con los niños y con quienes creían tener asegurada una vida. Esta falsedad a una supuesta seguridad, certeza y seguridad, cuando siempre ha existido una incertidumbre radical y una total debilidad del individuo tan frágil que nos han construido. Pero al mismo tiempo se abriría la posibilidad de empezar de una manera distinta con el tema del trabajo.

Una parte muy grande de personas no va a recuperar el empleo ni las fuentes de ingreso que tenían, otras personas seguirán con empleos, pero cada vez más degradados tanto en ingresos como en actividades. Parece que todos los demás, los que no estamos en esa crisis, también estamos ante ese mundo con aspectos catastróficos, pero que tiene también oportunidades si pensamos qué cosa significa hacer otra vida. La vida de la gente está determinada a través del dinero. Pero, si pensamos en cómo se configuran las necesidades, entendemos cómo enfrentar con toda seriedad este problema. El capitalismo nace cuando personas que no tienen necesidad alguna, se convierten en seres necesitados, toda necesidad es producto de un despojo, cuando a una persona le quitan las cosas, empieza a necesitarlas, es así que las necesidades han nacido una tras otra.

Se nos planteó que tener estudios y asistir a la escuela era la única forma de tener un empleo, esto era hasta cierto punto valido si se cumplía en el mundo real, pero en este tiempo eso ya no existe, un diploma ya no garantiza un buen empleo. Aun con el horror que ha generado la llegada de la escuela a las casas, aún a pesar de que padres e hijos lo viven con horror y angustia, están convencidos de que es totalmente necesario. Todo lo que sentimos como necesidad ha sido una necesidad impuesta de un mundo que está muriendo, necesitamos prescindir de todas estas necesidades.

En esta dirección se van tejiendo preguntas para nuestras próximas conversaciones. A través de la reflexión sobre la configuración de las necesidades, ¿cómo podemos prescindir de todas las necesidades?, ¿cómo empezar a pensar de una manera en que no tengamos necesidades? Es importante empezar a ver que en algunos casos podemos recuperar aquello de lo que nos despojaron con suma necesidad. Si voy a prescindir de la educación ¿Qué puedo hacer con los niños si no los voy a mandar a la escuela?, ¿cómo puedo hacer para que vivan de una manera gozosa?

Hemos sido despojados de nuestra condición de hacer comunidad, tenemos que romper con la individualidad. Y para hacer comunidad, el camino no son las ideologías o proyectos en común, se hace comunidad para quien no la tiene, se hace comunidad a través de la amistad, con la vía de la gratitud, es así que empieza la posibilidad de salir de los despojos que nos han impuesto. A final de cuentas tendríamos que reconocer, que no es esta la vida, la de tener que conseguir un salario, un ingreso a base de sacrificios y cediendo la vida misma. Lo único que uno tiene es la vida, hay que suprimir la idea misma de las mercancías, no vamos a vencer al capitalismo en abstracto, pero podemos en nuestra vida cotidiana, en nuestro pequeño mundo suprimir todas las formas de la necesidad que se nos impone, podemos recuperar lo que se nos ha quitado. Si prescindimos de la escuela entendemos que aprender es estar vivo, pero, ¿qué cosa es no necesitar la salud?, ¿qué es sanar de la salud?, ¿de qué se nos ha despojado cuando se nos impone la necesidad de estar sanos, la necesidad de la salud?, de que nos den un servicio que nos permite sanar y que a través de ese sistema médico y alimentario se nos enferma continuamente.

Quizás sería importante retomar el ejemplo sobre las vivencias en el Amazonas actualmente. Ante una situación de desprotección y de que la mayoría tiene covid 19, las personas se han organizado para dar soluciones, ha surgido la iniciativa “comando matico” y han creado un protocolo de cómo tratar el covid. El matico es una planta que se da allá, pero funciona para la curación del covid.  Ellos hablan de que aislar a las personas en un momento cuando contraen covid es sentenciarlas a muerte, porque han observado que la enfermedad congela el cuerpo por dentro, y enviarla en aislamiento sin contacto es una sentencia de muerte. Hacen masajes también, estas acciones nos ayudan a retomar nuestras practicas propias para no depender tanto de lo exterior.

Quedan muchas preguntas en el tintero, y a éstas, se seguirán sumando muchas otras. La reflexión continua mientras continúe la vida, seguiremos tejiendo inquietudes y acciones en nuestras próximas sesiones y en nuestros espacios concretos.

Imagen: https://periodicoelamanecer.wordpress.com/2012/07/08/la-abolicion-del-trabajo/

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