La esperanza viene de abajo

El 3 de octubre 2017 volvió a temblar, esta vez con epicentro en Ixtepec. Ahí la gente siente el temblor cuando apenas empieza. Salen a la calle y se abrazan todos los vecinos, recuperándose relaciones entre ellos y ellas que se habían ido debilitando. Pero ahora están viviendo en la calle, hasta los que tienen sus casas intactas, por miedo a las réplicas y a nuevos temblores, que también pueden afectar a los albergues improvisados e insuficientes. Lo hacen aunque sigue lloviendo. Las lonas o láminas no alcanzan y el viento las tira. Pero ahí están. No quieren irse, dejar sus casas. Temen perder lo poco que les quedó…

La casa de Rubén Valencia, uno de los fundadores de Unitierra Oaxaca y promotor de Unitierra Istmo, nativo de , quedó muy dañada el 7 de septiembre. Desde hace años trabaja en la organización de los vecinos para resistir obras dañinas y agresiones corporativas o para recuperar tradiciones y organizarse para vivir bien. Desde el primer momento se puso en movimiento y utilizó todos sus contactos. En un par de días una docena de organizaciones crearon el Consejo para la Reconstrucción y Fortalecimiento del Tejido Comunitario de Ciudad Ixtepec.

Lo primero que hizo el Consejo fue nombrar tres comisiones: una para fortalecer el tejido comunitario, otra para apoyar técnicamente la reconstrucción con brigadas de arquitectos e ingenieros conocedores de la arquitectura local y una más de contabilidad, para llevar un registro transparente de todo lo que se recibe y se gasta.

El Consejo organiza también la resistencia ante la presión de las autoridades y las corporaciones para demoler casas que pueden reconstruirse y desalojar a los habitantes. Quieren esos terrenos para reordenar todo al servicio de la Zona Económica Especial que destruirá los modos de vida locales, formas que cuidan las tradiciones y una buena manera de vivir bien sin dañar el ambiente ni el tejido social y la cultura. También resisten los tipos de casas que quieren imponerles, hechas de cemento, que en la zona son inhabitables casi todo el año por el calor intenso.

Brigadas de jóvenes recorren continuamente el poblado, para ayudar a limpiar, a recolectar materiales y a reciclarlos y también para apoyar a las familias y a las brigadas técnicas.

Juntas y juntos, los habitantes de Ixtepec y quienes se solidarizan con ellos, resisten el tráfico de víctimas que intentan los políticos, las agencias públicas y algunas fundaciones, cada quien para sus propios fines. En vez de esa ola de “ayuda” destructiva y corrupta, circula entre los vecinos un enorme vigor amoroso que atiende las heridas físicas y mentales que trajo el desastre, recompone el tejido social maltrecho por el llamado progreso, recupera tradiciones de solidaridad y trabajo común y reconstruye algo más que casas dañadas: forma otra vez una comunidad fuerte y unida, decidida a construir a su manera su propio porvenir.

El terremoto y la conmoción

La tragedia se profundizó cuando se hizo enteramente evidente la increíble corrupción, incompetencia, oportunismo e irresponsabilidad de las autoridades, los partidos y los políticos. Y se hizo aún más dolorosa cuando se descubrió que también abajo, entre la gente local, apareció la rapiña oportunista.

Miles de personas duermen ahora en la calle, por temor a nuevos temblores –ha habido más de cuatro mil réplicas- o a que les roben lo poco que quedó en sus casas dañadas o hasta los materiales útiles para la reconstrucción. En el Istmo de Oaxaca enfrentan también la escasez de maíz y frijol, la comida básica, por los ciclones previos que afectaron los cultivos. La bendición del agua se ha convertido en un grave problema, por las inundaciones y el desbordamiento de los ríos, tras la sucesión interminable de huracanes y ciclones.

Pero el desastre también trajo consigo un viento de esperanza. La gente reaccionó de inmediato, con notable eficacia y organización y un gran impulso amoroso. La experiencia del terremoto de 1985 dejó un sedimento de experiencia colectiva que ahora se hizo manifiesto. La gente sabía qué hacer y lo hacía muy organizadamente. Los jóvenes salieron desde el primer momento, con enorme energía e ingenio, utilizando las nuevas tecnologías para comunicarse entre sí e inventar formas de organización. En vez de selfies narcisistas, había wefis que apelaban a un nuevo nosotros, que se formaba instantáneamente.

Cultivamos ahora ese vigoroso impulso que recompone el tejido social debilitado y se traduce, día tras día, en una profunda conmoción política que anticipa el mundo nuevo.

El problema con el “desarrollo”, y más…

Una entrevista con Gustavo Esteva

Para inaugurar la cobertura de MexElects en español, Kurt Hackbarth y Colin Mooers entrevistan al renombrado intelectual y escritor Gustavo Esteva sobre el problema con el “desarrollo”, la coyuntura actual que impulsa los movimientos desde abajo, la organización necesaria para transformar la sociedad y una visión de una educación liberadora.

Mira la parte 1 aquí: