»COVID-19: información útil, cuidado mutuo y sanación«

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CONTRA LA POLÍTICA DEL MIEDO, LA CONSTRUCCIÓN DE ESPERANZA

El primer aspecto que debemos tomar en cuenta es que no toda la información que recibimos es confiable, muchas veces son cadenas que nuestros conocidos o familiares reenvían sin saber si son reales o no. En algunas ocasiones, sin pensarlo, consumimos noticias falsas o mal intencionadas y contribuimos a su difusión. A través de esta información masiva falsa se difunde miedo y desesperanza hasta crear pánico. Los medios de comunicación juegan un papel importante. Todo el tiempo pasan catástrofes: hambrunas, sequías, masacres en distintos continentes, pero todo esto no está en la primera plana de los periódicos ni en los noticieros estelares. Casi pareciera que es de mal gusto hablar de otra cosa que no sea de COVID-19. ¿Estaríamos igual de alarmadxs si jamás se hubiera declarado pandemia y no se estuvieran tomando medidas tan estrictas? La percepción que tenemos de la pandemia es claramente una construcción social, derivada de los discursos oficiales y los medios. Es importante preguntarse una y otra vez: ¿por qué reaccionar de esta manera ante este virus en particular?

Es indispensable tener una postura crítica ante las narrativas apocalípticas que generan pánico. Se dice que esta es “la mayor crisis de salud de la historia”, lo que se quiere decir es que estamos frente a una enorme crisis del “sistema de salud”, el cual se desbordaría si todxs nos enfermamos al mismo tiempo. Es un sistema de salud que no cuenta con el equipo adecuado ni suficiente para atender a la población que será contagiada. En algunos lugares las camas de hospital están agotadas. Por ello, el esfuerzo de cuidarnos responde a que pueda haber atención médica para quien más lo necesita, sin que los hospitales se saturen. Este es el auténtico peligro, tanto para quienes en verdad necesitarán atención médica como para el mismo sistema de salud que, durante bastante tiempo ya, ha socavado nuestra capacidad personal y comunitaria de tomar en nuestras propias manos nuestro cuidado y sanación. En estos momentos no es posible seguir con la fe ciega en que un sistema de salud nos salvará, por ello el llamado es a la responsabilidad y el cuidado; cuidar nuestro cuerpo y así cuidar a los más cercanos.

No es un llamado al miedo, sino al autocuidado: si no nos cuidamos entre nosotros y nosotras nadie más lo hará.

El principal argumento que se ha usado para el confinamiento y todo lo demás es “aplanar la curva de la infección”, o sea, que el contagio sea más lento. Esto parece razonable, pero puede lograrse con éxito efectivo mediante el autocuidado y habría otros caminos mucho mejores, que son los que pueden tomar comunidades y barrios: organizar solidariamente la protección de las personas vulnerables. Esto puede estar al alcance de todo mundo y tener el efecto contrario al que se está provocando.

Hay que darnos cuenta de que los sistemas de salud del mundo no son capaces, ni están preparados para atender a una población con síntomas de COVID-19. El capitalismo y los modelos neoliberales en su idea de “dar salud” han fallado, pero nos echarán la culpa y será solo nuestra si no paramos, si dejamos de organizarnos cuerpo a cuerpo, si nos abrazamos.

Hay que evitar los extremos, tanto de quienes piensan que no pasa nada, como de quienes creen que es el final de los tiempos. Es innegable, sin embargo, que es una emergencia y que hay muchas situaciones que hay que tener muy presentes:

En un estado de emergencia se suspenden libertades y nos hacen creer que es por nuestro bien. Se podrían estar colocando los cimientos de un nuevo régimen en donde se explote al fascista que todxs llevamos dentro, donde necesitamos quien nos mande porque necesitamos obedecer. Se abren las puertas para nuevos modos de totalitarismo. En muchas localidades, la policía llega antes que el personal sanitario. Debemos tomar la responsabilidad en nuestras manos: limitar el contagio no dependerá del control policial o militar, tampoco de los médicos ni de los gobiernos, sino únicamente de nosotras y nosotros mismos, de nuestro propio cuidado.
Es necesario combatir el aislamiento y la separación. Quienes pueden o deben permanecer en casa, en alguna forma de confinamiento, deben buscar formas de intensificar su interacción con otros y otras, en la familia y en la vecindad.

La crisis actual no va a cambiar, llevamos años, incluso mucho antes de la pandemia, esperando e implorando que un cambio suceda, sin tomar la responsabilidad de provocarlo. No queremos volver a la normalidad, sino caminar por otros senderos donde la vida sea buena a una escala gozosa y con otras y otros.

Quizás nunca antes fue más evidente: la responsabilidad ahora es nuestra.

Ocuparnos de nuestra vida propia y la vida colectiva implica varias cosas: solidaridad y apoyo mutuo, principalmente con quienes están en situación vulnerable. Lo más importante es reconocer que no podremos enfrentar lo que nos espera cada quien por su lado. Necesitamos organizarnos con la familia, lxs amigos, lxs vecinos, todas las personas cercanas, la comunidad, para enfrentar juntos los desafíos, pensando que quizá la emergencia pueda permitirnos reconstruir la sociedad desde abajo, para que todas y todos podamos vivir bien, a nuestra manera. Podría convertirse la emergencia en una bendición, si nos organizamos y resistimos firmemente los controles de arriba.

Es momento de re-construir nuestra forma de habitar y co-habitar con los demás. Sí, se recomienda mantener distancia, pero no es una regla de miedo al «otro» ni de aislamiento total, al contrario. En términos prácticos, no se recomienda dar la mano, pero brindar una sonrisa o enviar un saludo distante no nos contagiará.

Debemos revisar con cuidado la manera en que estamos viviendo, para dejar de hacer muchas cosas que eran ya parte de nuestra vida normal. No podemos seguir consumiendo lo que realmente no nos hace falta ni lo que nos hace daño, como alimentos y bebidas chatarra. Debemos recuperar nuestras tradiciones y consumir lo más posible de lo que se produce localmente.

Es tiempo de sanarnos. La sanación no vendrá de fuera, dependerá del autocuidado y del cuidado colectivo, por ello, la sanación será colectiva o no será. Es momento de construir, de retomar los hábitos esenciales de la vida cotidiana: comer, sanar, habitar.

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2 Respuestas

  1. Maria Georgina Rivas Bocanegra dice:

    Me parece fundamental responsabilizarnos de nuestra salud, porque nadie mas lo hará; hacerlo de manera individual pero también colectiva, tal como lo expresa el artículo. No podemos dejar en manos del sistema de salud algo tan valioso como nuestro cuidado. Los sistema de atención sirven para que una vez que se ha producido el daño, evitar el paso de la enfermedad a la muerte; en los hechos no construyen salud. Construimos salud con una buena alimentación, con el descanso suficiente, con las buenas relaciones familiares y colectivas, evitando la violencia, construyendo esperanza para todos y todas. También tenemos que aprender a hacer nuestra propia vigilancia epidemiológica desde abajo, colectivamente, con tiempo; armar nuestro propio primer nivel de atención con nuestros recursos , pero también buscando la solidaridad de gente de ciencia comprometida, en un diálogo para construir con lo mejor .

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