¿Cuál sería la fuerza que nos impulsa? – Relatoría 6.Nov.2019

Iniciamos nuestro conversatorio continuando la provocación de la semana pasada: tratar de imaginarnos el mundo sin la educación institucional, sin embargo, pensamos que quizás estamos tan metidos que no podemos imaginar otra cosa. Hace 20, 40 años y ahora se habla de una educación impuesta; una educación forzada y obligatoria, que fue la que hizo a un lado la educación propia de los pueblos y comunidades, como en el caso de los zapotecos; una educación que nos dijo que nuestra lengua y cultura no vale, que teníamos que adaptarnos a los modelos de arriba.

¿Hacia dónde tenemos que ir?

¿Dónde está la educación, el aprender o la lucha?

¿Después de eso el mundo va a cambiar? O ¿es sólo un síntoma de que las cosas están explotando?

De que algo está sucediendo o cambiando. Hablamos de la lucha por el presente y la vida, la complejidad del presente es tal que no podemos pensar en educación sin pensar en alimentación, no podemos pensar en alimentación sin pensar en comunidad, no podemos pensar en comunidad sin pensar en economía, nos regresa a la vida misma y al presente ¿cómo es en el presente este instante vamos a vivir? Pensar en el futuro nos empieza a meter en cuestiones en las que no tenemos el control. La lucha puede estar en cualquier lado ¿en qué territorio queremos hacer esa lucha? Y por otra parte, si no cambiamos ese territorio de la lucha, no vamos a cambiar nada.

Pensamos también que lo que se denomina como Derecho Humano y la Comunalidad son conceptos separados, comunalidad tiene un concepto más vivencial de la realidad, el derecho humano viola al derecho colectivo y se dice que el derecho colectivo viola a los derecho humanos, hay un enredo en eso, es complicado. También con los derechos individuales, quizás hay tradiciones que desde fuera son prácticas comunales, pero visto desde dentro hay personas que se sienten obligadas a participar en él. Habría que reconocer también los proyectos en Latinoamérica, por ejemplo, en Argentina, Magdalena Fleitas educa con la música a los niños, en Argentina también lograron sacar a Monsanto, en Ecuador hubo un presidente que logró poner en la constitución a la naturaleza. Muchas cosas han nacido de una lucha pero la palabra lucha no tiene buena vibración, debería ser la seducción, la seducción entre la familia y con los amigos, hablar, dialogar. En América Latina hay procesos impresionantes de cosas positivas, pero estamos acostumbrados a la queja y a la lucha, acostumbrémonos a la seducción, a conocer Latinoamérica, no sólo a través de los noticieros. No se trata tampoco de jugarle al optimista y decir que la realidad está mal, pero sí podemos jugar a compartir cosas positivas concretas, a compartir las mejores realidades que hay en América Latina. Así se pueden ir creando alternativas. En algún momento comentamos también sobre contagio y de la conmoción, porque el contagiar a veces indica otros significados de palabras, por eso hablábamos de la conmoción. La palabra seducción es interesante.

Habría que definir también qué queremos cambiar y con qué. Pareciera que tratamos de explicar dos mundos diferentes; lo importante sería respetar las diversidades, porque no hay una única forma en cómo se van a hacer las cosas porque se impondría un modelo de cómo se deben hacer todo, y definir qué debemos hacer los jóvenes; si quedarnos todos en las comunidades, o todos a la ciudad o todos viajar y no se trata de imponer un sólo modelo.

Nos preguntamos qué hay después de la revolución y pensando en Rojava, vemos que allá ya estaban muy organizadas, con asambleas en los barrios y aún con toda esa forma de organización tienen que defenderse de que las maten o de que intenten desarticular las formas de organización que ya hay. A veces no es tan fácil como que de pronto la gente decida salir a luchar, sino muchas veces se trata de defenderse en contextos de violencia. Tampoco se trata, como hemos dicho antes, de responder al tú me haces y yo te hago peor, sino de buscar otras alternativas; a través del arte, de reírnos y burlarnos de esas mismas violencias, encontrando otras formas.

A veces esto nos muestra el campo de la dualidad, pero en medio de esa dualidad hay muchas opciones.

El ser humano no es sólo una entidad mental, al mismo tiempo somos emocionales, corporales, espirituales, detrás de estas posiciones hay cosas más profundas, que Panikar llamaba a las invariantes, hay mucha posibilidad de entenderse mejor. La dualidad se da mucho, por ejemplo, hablando de la dicha y la violencia, ¿cuál sería la fuerza que nos impulsa? podríamos reforzar la mirada de la dicha.

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