El camino de la autonomía, más allá de la democracia

Conversatorio 9 de junio de 2021

Al día siguiente de las elecciones más importantes de la historia de México podemos decir con certidumbre que todos perdieron. Lo que consiguió cada partido no fue lo que quería. Si Amlo dice estar satisfecho es solo porque temía un escenario mucho peor, pero esta vez se mantuvo lejos de la intención de ganar el control total de la cámara y de los gobernadores, sin superar ni tampoco confirmar la anterior victoria de 2018.

Este proceso electoral ha adquirido rasgos entre el ridículo y el vacío, manifestando la ausencia de propuesta y pensamiento. El poder del partido está en crisis, las coaliciones fallidas lo demuestran, así como el personalismo extremo que caracteriza a cualquier partido. El cacicazgo es producto de un orden colonial que se perpetúa hoy, de la mano del crecimiento de los grupos paramilitares. Mover a los grupos de interés y clientes colectivos es el mecanismo básico de la democracia mexicana.

Este gobierno es la expresión de una élite política y económica cada vez menos capaz de gobernar y que cada vez protege más sus propios intereses y ataca a quienes se le oponen.

Lo que estamos acostumbradxs a llamar “democracia” se está derrumbando en muchos rincones del mundo, solo pensemos en el show que se llevó a cabo en los Estados Unidos durante las últimas elecciones presidenciales, pero también y sobre todo en el movimiento social colombiano que está produciendo  interesantes caminos de asamblea, que escapan a cualquier posibilidad de representación partidaria. Los zapatistas son un ejemplo de la posible profundidad y radicalidad del camino de la autonomía y, en los últimos meses, la “Montaña” está buscando formas de organización más allá de lo local, como se anunció en el Encuentro Intergaláctico en Chiapas.

Sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos por qué el estado es capaz de movilizar a tanta gente para hacer posibles las elecciones y que llevó a 30/40 millones de mexicanos a votar. ¿Por qué lo hicieron? En la mayoría de los casos, no se trata de creer en un partido en particular, sino de la imposibilidad de imaginar un mundo sin gobierno, lo que lleva a preferir lo “menos peor” para tener a alguien que indique cómo comportarse. No es una coincidencia que a menudo la gente no vote por un partido, sino por un presidente municipal específico (a veces un gobernador) que se cree que afecta directamente sus vidas e intereses.

Si los partidos son ridículos, ¿cómo nos organizamos? ¿Cómo nos estamos organizando?

Oaxaca es una de las zonas donde ciertamente se puede decir que la gente sabe gobernarse a sí misma: en muchos municipios y en muchas comunidades ya lo están haciendo y no creen que los gobiernos elegidos democráticamente puedan de alguna manera representarlos, a lo sumo los consideran como entidades con las que hay que luchar o negociar para conseguir algo o evitar algo más.

En muchos casos, ya nos organizamos a nivel municipal y, cuando se necesita una coordinación a un nivel más amplio, sabemos unirnos, como sucedió por ejemplo en 1982 para la defensa de los bosques. Sin embargo, no debemos olvidar que por el contrario hay factores muy concretos que explican las dificultades de construir alianzas entre diferentes comunidades: es necesario trabajar a un nivel profundo. Esta es y debe ser la forma de crear mecanismos de autogobierno permanente, ante emergencias y amenazas.

Supongamos que todos los municipios del Valle Central estuvieran unidos en un aparato de gobierno así construido: no habría poder federal o estatal que pudiera oponerse a él. Por ejemplo, Oaxaca sufre crónicamente escasez de agua y en cada campaña electoral hay quienes prometen solucionar la situación inventando algún proyecto extraño, cuando todxs conocemos perfectamente la solución porque está aquí frente a nosotros: la lluvia. Si estuviéramos unidos, podríamos afirmar con fuerza “así se hace”, sin necesidad de reproducir el horror del Estado, sino copiando y replicando los procesos de organización desde abajo, como el modelo del CNI nos muestra. Resistir no es suficiente, es necesario afirmar la alternativa, para no ser sobornado por las empresas y el Estado. Sería increíblemente poderoso si todos los municipios de Oaxaca pudieran gobernarse a sí mismos y aliarse para construir el autogobierno.

El camino hacia ese futuro ideal que queremos construir ya está aquí, los caminos a seguir siempre están aquí, cerca de las experiencias de las comunidades organizadas. Michoacán lleva ya algunos años escribiendo historia y su camino ha experimentado una aceleración exponencial y apasionante frente a estas elecciones: numerosas comunidades han expulsado al INE y rechazado las consultas, expulsando a los partidos políticos. Michoacán, como Jalisco y muchos otros territorios son ejemplos de contextos a los que no estamos acostumbradxs a dirigir nuestra atención, pero donde existen numerosos procesos y metodologías de trabajo comunitario fuerte y concreto. En Michoacán las comunidades han dicho enérgicamente “no vengas a consultarnos, no queremos elecciones, ya tenemos nuestra manera de organizarnos”, resistiendo a un sistema que quiere quitarnos toda la capacidad de imaginación. La esperanza no es algo nebuloso, sino una guía del modo y del mundo en el que queremos vivir y algunos pueblos tienen y están trazando el rumbo a partir de lo que desean como pueblos, como colectivo. Como en el caso del levantamiento zapatista de 1994 o de la gira, no se trata de momentos, sino de procesos largos y preparados.

¿Deberíamos esperar entonces? ¿Son procesos lentos?

Por supuesto, una preocupación es que si no somos rápidos, podría empeorar, podrían surgir movimientos de derecha y fascistas que podrían imponer dimensiones dictatoriales a partir de élites capaces de aprovechar el apoyo de una base social. Esta es una preocupación que no debe dejarse en manos de las instituciones que presagian el avance del fascismo, no tanto para contrarrestarlo, sino para explotar el miedo de vez en cuando del propio fascismo, del regreso del PRI, del Virus, del “nuevo orden mundial” y así sucesivamente. Por tanto, si hablamos de esperar, tenemos que esperar en  la acción. Para ello debemos avanzar partiendo de la conciencia de que muchas personas ya se están moviendo. Paso a paso, ya sea pequeño o grande, pero cada vez más e inmediatamente, produciendo algo concreto que pueda inspirar la organización de los demás. Construir la autonomía, el cambio y la esperanza desde la propia ubicación, desde la casa y luego extendiéndose a los vecinos, a la siguiente cuadra y así sucesivamente es tarea de todxs. En este sentido, las compañeras feministas nos enseñan muy bien lo que significa actuar y pensar desde lo situado. La política es la organización de lo común y el común tiene su propia escala.

No podemos dejar de preguntarnos cómo asegurarnos de que todos los esfuerzos que se produzcan no terminen siendo subsumidos por el sistema de partidos. Existen, por ejemplo, metodologías para el crecimiento de los procesos sociales, de atención a lxs compañerxs, como sujetos colectivos e individuales que los zapatistas y sus escuelitas explican claramente, con principios claros y definiciones de lo que significa y cómo podemos hacer política. Las comunidades autónomas nos enseñan que todo empezó con un mapeo, un taller, un campo, una asamblea, que llevó a la autoconciencia como pueblo originario con territorio propio que defender, con herramientas concretas propias desarrolladas a lo largo del tiempo.

Es importante darse cuenta de que el mundo está cambiando y no es el mismo que en 1994. Ya no tiene sentido partir de las grandes organizaciones partidistas o institucionales, pero hay que abordar el día a día de la gente. Es cuestión de organizarnos para decidir juntos cómo comer, curar, vivir… construir un sentido a partir del sentir-común.

Hay una necesidad urgente de un proceso de re-politización, de re-aprendizaje de la política comunitaria y de una alternativa a la política de partidos, especialmente en aquellos contextos empobrecidos por el estilo de vida urbano, por la televisión, por los ritmos de trabajo que no nos permiten. pensar en otras cosas. Las generaciones más jóvenes están aprendiendo que el individualismo mercantil y neoliberal es un valor. Las tecnologías de aislamiento y emergencia sanitaria están agravando la situación. Es urgente recordarnos cómo la política se puede concebir de una manera diferente a la institucional que va de arriba hacia abajo. Los pueblos y las comunidades originarias tienen mecanismos construidos a lo largo de un largo tiempo de los que es importante aprender y los momentos de crisis son ocasiones en las que lo invisible se hace visible generando procesos de aprendizaje muy rápidos. La Hydra del sistema está ahí, pero es importante ver las respuestas, volverse a la dimensión colectiva contra la homogeneización, sin dejar de cuestionarse para seguir avanzando en la construcción de lo común, que al final no es más que vida y , como el CNI con una frase tan simple como compleja por los procesos que contiene, “nuestra lucha es por la vida”.

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