Si decimos la palabra velocidad, cualquier persona cree que estamos hablando de algo que existe. La velocidad es multiplicar kilómetros por horas; la velocidad combina dos entidades radicalmente distintas, tiempo y espacio, sin embargo, la naturaleza del tiempo y del espacio son entidades diferentes, pero se combinan y pensamos que esa combinación es real, sentimos que experimentamos la velocidad. La velocidad es una creación estrictamente moderna, hace 300 años se tenía la idea de movimiento y no de velocidad. ¿Cómo se le ha formateado a una persona para que pueda pensar que la velocidad existe?

Nuestro conversatorio inició así, con esta pregunta como provocación, ante la que hubo diversas respuestas. Hubo quienes dijeron que la velocidad existe en la física, por ejemplo, te puedes dar un golpe a 10 km x hora y no te pasa nada, pero a 80 km x hora, tal vez ahí quedaste, incluso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Otras voces dijeron que sería una problemática clásica, todas esas abstracciones que postulamos que existen, no sólo la velocidad sino las formulas y teorías que usa la física contemporánea y clásica, incluso los mismos números.  En las teorías matemáticas se dice que los números son entidades que existen de manera independiente de nuestro mundo físico y cuando hacemos uso de nuestro raciocinio llegamos a ellas, por medio de una abstracción, esa era la idea de Platón, abstraer es quitarle cosas a algo y quedarte simplemente con lo esencial, quitarle cosas a los objetos empíricos. La corriente pragmática en cambio considera que son una especie de herramientas y se van creando conforme al uso que se le va dando.

Justamente Platón dice también que la abstracción es sumamente poderosa, pero cuando yo abstraigo algo sólo existe en mi cabeza y debo ponerlo entre paréntesis para distinguirlo de lo real, que tiene otra condición, sin pensar que lo que está en mi cabeza es la realidad. Lo que nos pasó es que perdimos los paréntesis y después llegamos a pensar que lo que tenemos en la cabeza es más real que la realidad. Usar la abstracción es buenísimo, pero hay que distinguirla de la realidad.

¿Qué pasa en las personas que somos hoy que damos por sentado que todo eso con lo que se nos ha formateado es real? y ¿por qué esto es pertinente para la discusión? Quienes estamos aquí, hemos pensado la velocidad y estamos programados para aceptarla como un hecho. Nos han formateado de una manera que nos saca de la realidad y nos impone una manera de ser terrible, por eso debemos tratar de volver a la realidad. Lo que estamos haciendo es tratar de preguntarnos: cómo nos escapamos de ahí.

Para relacionarlo con otras discusiones, decimos que todavía muchos de nosotros estamos en la civilización textual y eso es terrible de nuevo, hemos sido hechos como textos, hay muchas personas que hablan como si fueran textos; la tecnología del alfabeto se metió en nuestra cabeza sin pedirnos permiso y poco a poco nos hizo textos. Hay muchas personas que hablan como si estuvieran leyendo el texto que tienen en la cabeza y de alguna manera ya son textos. Entonces debemos tomar distancia del alfabeto y distancia del texto, no quiere decir volverse analfabeto sino tomar distancia de esas tecnologías, saber lo que esas tecnologías nos hacen, cómo nos cambia, cómo nos transforma, cómo nos convierte en otra cosa, que nos da como real una serie de cosas que no son reales.

¿Estamos todo el tiempo en esta enajenada abstracción? Si hablo de belleza estoy en la abstracción, de comodidad, de trabajo… ¿cómo podemos hablarnos de nuevo con palabras que no sean abstractas? En el conversatorio pasado decíamos: parece que los poetas están logrando algo de eso, porque retoman el valor de la palabra. Otro ejemplo son las lenguas originarias, para saludar en Tzotzil se dice: k’uxi avo’onton, la traducción en español sería ¿cómo está tu corazón? En Tojolabal, no existe una palabra para yo y tú, sólo hablan del nosotros. Eso es nosotrear, que siempre estamos pensando en términos del nosotros, no de un yo y un tú. El “yo” y el “tú” son construcciones occidentales modernas, hemos sido construidos como individuos y una vez que creemos que somos individuos empezamos a pensarnos como individuos, a hablar como individuos y hablar desde un yo y un tú. ¿Qué nos hicieron para convertirnos en un “yo”?

Se hace necesario retomar la esencia del lenguaje. Lo que estamos diciendo es que se nos ha despojado del lenguaje –y de las sólidas palabras– para construir términos abstractos. En la hipótesis de Illich, el individuo fue inventado junto con el texto, pero no somos eso, son construcciones, hemos sido formateados de esa manera.

Otro ejemplo sería el libro del Benjamin Spock, dirigido principalmente a parejas que no han tenido experiencias con niños pequeños. En él se recomienda que los niños sean puestos solos en su cuarto y que se les deje llorar a solas al menos 20 minutos al día. Desde que nacen se les enseña a ser individuos solos en su cuarto, a diferencia de un niño criado en Oaxaca, con la tecnología del rebozo, pegado al cuerpo de la madre todo el día, un niño que nace como un nosotros y mientras el niño gringo nace como un niño individual.

Podemos decir lo mismo de la memoria y el recuerdo.

El recuero es una palabra que viene de re cordis, re= de nuevo y cordis=corazón. ¿Cómo fue la navidad que pasamos con la familia hace diez años? Tenemos un recuerdo vivo no una memoria, dentro de veinte años nos vamos a acordar diferente de esa misma navidad. La memoria es algo fijo, ya no cambia. Ahora estamos hechos a la manera de la memoria y no del recuerdo. Hemos sido formateados de la manera texto, que nos priva de vivir de manera auténtica.

El recuerdo es un ser vivo, que va cambiando conforme se va viviendo. La memoria no cambia y a partir de ahí surge la idea de una supuesta “verdad”, está escrito de una vez y para siempre. El recuerdo se mata con la memoria.

La civilización textual que vive en el texto está convirtiendo un suicidio, para pasar a la civilización cibernética, a ese mundo binario, si el libro es la metáfora de esta civilización, la pantalla es la metáfora de la nueva.

Los poetas están tratando de recuperar una manera en la que no hemos sido formateados. Aunque la idea del poeta en sus inicios era distinta como la conocemos ahora, anteriormente eran transmisores del conocimiento. La función del poeta en la oralidad es distinta a la idea del poeta de la textualidad. En la textualidad ya no es transmisor, sino es quien tiene el poder de atrapar en unas líneas la experiencia. En la cibernética el poeta desaparece, ya no hay poiesis= creación, sólo hay sistemas.

Hemos sido atrapados por una manera de pensar y si queremos entender el mundo, necesitamos herramientas que nos permitan salir de esa acotación en la que estamos, del encierro conceptual en el que nos metió la escuela. Necesitamos entender nuestro propio enclaustramiento mental. El reto sería tomar distancia de la forma textual de ser –que es una manera que estandariza, homogeniza– estamos tratando de escapar de ese mundo para volver a ser nosotros y no caer en la trampa cibernética.

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