En nuestro conversatorio, iniciamos hablando del Istmo, parecería que las mujeres del Istmo han organizado un patriarcado con las mujeres arriba, pero el principio del patriarcado está ahí. La versión es entonces que estamos ante un patriarcado matriarcal o matriarcado patriarcal y las imágenes que vemos desde fuera parece que reafirman esto, sin embargo no es así. No son las sociedades matriarcales originales, tampoco es el patriarcado, pero es algo de lo que podríamos aprender muchas cosas. Hablamos también de las mujeres en resistencia, sin embargo, esto nos hizo discutir que quizás hemos abusado de la noción de resistencia, porque la gente no está en resistencia todo el tiempo, está haciendo su vida, es el analista el que puede ubicar ciertas acciones y decir que eso es un acto de resistencia, pero es una construcción analítica del observador, la gente no está existiendo en una situación de resistencia.

Por otra parte, quizás esta es una noción privilegiada, las mujeres vivimos en resistencia desde que tenemos noción de que somos mujeres, nosotras vivimos en resistencia cotidianamente, por eso nos hemos apropiado del término resistencia. No es solamente analítico, las mujeres lo vivimos encarnadamente, llega un momento en el que aprendemos a lidiar con el acoso y las violencias. En otros casos resulta más cómodo ignorarlo o hacer de cuenta que no pasa y “te salvas ” de estar resistiendo todos los días, lo normalizas, porque resistir todo el tiempo también termina siendo cansado. Al menos hablando de la situación de las mujeres, quizás la situación de resistencia en las comunidades es diferente.

Cuando se dice que “vivir es luchar”, se nos muestra que hay una capa muy amplia de personas que no pueden vivir sin estar luchando, a menos que se acomoden y acomodarse puede significar en unos casos, en clases medias y altas, introyectar el sistema de dominación, introyectarlo en uno mismo y considerar que eso está muy bien y vivir dentro de eso y asumir todos los valores y parámetros del sistema dominante y volverse patriarcal, y controlar a los otros, competir y ganar, hacerse más individuo de lo que le exige a uno el mundo, acomodarse a los parámetros del sistema y vivir dentro del sistema, y entonces ya no está uno luchando contra el sistema o resistiendo al sistema, sino lo ha introyectado y lucha contra el de junto, pero es otra cosa, ya no es resistencia al sistema. Pero en muchos lugares mucha gente tienen que estar resistiendo y luchando permanentemente, diariamente frente a cualquier cantidad de problemas que tienen encima. Podemos tener gente, por ejemplo de Tepito y otros barrios, que dicen exactamente lo mismo, que están luchando diariamente y de todas las maneras imaginables para poder sobrevivir. Quizá no tengan una idea abstracta o teórica de lo que es la resistencia y la lucha social, pero están luchando como forma irremediable de su vida cotidiana.

La resistencia es una metáfora de la física, en una discusión que hubo en la Costa de Oaxaca, se habló de ello y las opiniones se encaminaron a que el asunto de resistencia era más parte de un discurso o ideología y que la vida es más complicada, el enfrentar ciertas situaciones no podrían reducirse a un asunto de lucha o resistencia. Se daban cuenta que esto tenía que ver con un discurso ideológico y que lo que la gente hacía era vivir y no estaban con el hacha levantada las 24 horas, los 7 días a la semana, los 365 días, en la resistencia, en la lucha y que eso no se soportaba y no era vida y lo que ellos hacían en ciertas situaciones era tener que organizarse y enfrentar una serie de aberraciones, pero que su vida no se reducía a eso.

El discurso de resistencia que hemos propagado es el de alguien a la defensiva o en posición de lucha, pero quizás llega un punto en el que ya no es una resistencia en esa forma o ya ni siquiera es resistencia sino una forma de seguir viviendo, ya no con tensión, sino dándole la vuelta. Sí defendiendo la propia forma de vivir y la propia forma de ser, pero ya no desde la tensión o el ataque, sino desde otro lugar.

Estamos hablando de distintos tipos de resistencia; tenemos la que es discurso, ideología, pero también una posición política activa que involucra una parte importante de la actividad concreta de la gente. Que no es el puro rollo, entonces la resistencia es discurso, ideología y práctica también, que tiene una serie de manifestaciones concretas en su actividad y en sus protestas, en su vida en comunidades, en las escuela etc. Un tipo de resistencia distinta a la que se plantea con el hecho de ser mujer y lo que implica darse cuenta que son mujeres y que como mujeres tienen que resistir en la vida cotidiana, que sería algo diferente. Quizás una tercera sería cuando se combina una ideología pero también otra manera de vivir, ahí es donde se presenta una forma que ya no es algo que nace de la condición natural, no es algo que forma parte de la vida cotidiana e introyectada, sino cuando se rompe con el sistema que introyectamos e intentamos vivir de otra manera. Estaríamos viviendo tres tipos de resistencia distintas.

En los pueblos indígenas la resistencia diaria está el campo, si tiene maíz y frijol, están resistiendo al gran capitalismo. Son varias formas de la resistencia, a veces se toma la resistencia en una forma solamente violenta, con golpes o machete pero hay otra forma de resistencia que no se manifiesta de esa manera, los campesinos de la sierra pocas veces participan en marchas, pero están al día en el campo, produciendo, existiendo. ¿La resistencia de los pueblos indígenas todavía seguirá presente o ya estamos mermados? Cuando hablamos de esta resistencia involucramos a mujeres, niños, con su propia música, danza, estos elementos son una muestra de la resistencia, quizás de una manera más profunda y más sana. Yásnaya tiene un texto en donde menciona que, para ella, hablar mixe es una forma de resistencia1. Quizás cultivar otras formas de relacionarnos –formas no violentas– es también una forma de resistencia en una sociedad en la que vivimos con relaciones violentas.

Y hablando de nuestras prácticas cotidianas, pensamos también que en espacios colectivos suele haber voces dominantes que acaparan la palabra y quizás el patriarcado se hace presente también de esa manera, sería bueno pensar en estrategias y tener un ritmo de conversación que permita que las personas quieran compartir también su palabra.

El tema de nuestra conversación ha sido cómo la gente enfrenta no sólo una ideología y sistema dominante sino la forma en la que en el comportamiento cotidiano nos agrede y nos ofende. Las compañeras no están resistiendo al patriarcado, como un término abstracto, sino oponiéndose a las agresiones de la vida cotidiana.

Hemos dicho que en las circunstancias del mundo actual, en la que los varones hemos creado la situación de colapso, son las mujeres las que deben tomar el liderazgo y el asunto en sus manos, son ellas las que nos pueden sacar de esta situación, con nuevas formas de vivir y actuar. Esto no implica que ellas hagan la chamba, sino que los varones tomemos nuestra responsabilidad, con y bajo la dirección de las mujeres.

Sería importante también seguir explorando formas de construir estrategias de resistencia para poder vivir. Hablar más de nuestros senti-pensares.

Este conversatorio nace de la convicción de saber que no tenemos posibilidades de supervivencia con el sistema, nuestra posibilidad de hoy depende de que luchemos contra el sistema, parte de lo que hemos aprendido es que muchas de las luchas de resistencia no eran más que formas de acomodamiento en el sistema, que parecían resistir cuando en realidad servían al sistema, como la comida bio, como sembrar individualmente nuestra propia comida, ¿qué cosa sería entonces luchar contra el sistema en serio?

1Yásnaya Elena A. Gil (2019) “Resistencia. Una breve radiografía”. Disponible en: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/80ee3de7-f0fc-4a8d-a97e-c97d32c0beb6/resistencia

Imagen: Freepick

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