Improvisar y no ser cobardes ¿podemos hoy vivir sin normas?

CAMINOS DE LA AUTONOMÍA BAJO LA TORMENTA – UNITIERRA OAXACA
Relatoría 2 de septiembre 2020.

Retomamos la forma de maravillarse, lo que los niños y los artistas tienen en común de alguna manera. El juego puede resultar en un momento o espacio de transformación del mundo, el juego como metáfora. El juego nos permite crear o construir lo que en el mundo real parece imposible. El juego nos da esa posibilidad de crear, más allá de la realidad.

Es preocupante la humanización de la máquina, pero también el nivel mecánico al que llegamos cuando dejamos de jugar, de ser niños, pensamos el juego de manera adultocéntrica, donde alguien gana y alguien pierde. Los niños no tienen eso de ganar o perder y tampoco hacen diferencias entre jugar, aprender, “trabajar”, todo va unido. Mientras el bebé es un ser que aprende naturalmente en cada instante, a los niñes se les enseña a hacer todo mediante normas; la hora de salir al recreo, de jugar, del aprendizaje y se debe estar sujeto a ciertas normas.

¿Cómo nos hacemos más metáfora y menos máquina? El juego puede ser un antídoto para dejar de ser máquinas ¿cómo volver a encantarnos? ¿cómo volver a pensar otros mundos posibles? Jugar implica desafiar las normas, no estar de acuerdo con las normas o crear normas de la convivencia, que no son normas para competir sino para vivir juntos y estar juntos, eso es vivir autónomamente, nosotros convivimos con nuestras propias normas. ¿Podemos hoy vivir sin normas? ¿podemos configurarlas de modo que no nos encarcelen y que no nos pongan a competir?

Retomar el orden del vínculo hombe-naturaleza, echar manos del juego y la imaginación para volver a conectarnos, estamos hablando de algo vivo, que exige una creatividad en la relación continuamente, tratar de aprende a jugar de otra manera, confiar en la imaginación que improvisa todo el tiempo.

¿Qué es eso de improvisar?

La improvisación implica ser maestro del oficio, es decir que sabes hacer las cosas, no es el que no sabe nada, sino el que sabe y lo hace creativamente, que no lo hace como está prescrito sino utiliza todas sus habilidades para poder imaginar.

En el vinculo nuestro con la naturaleza, la naturaleza nos expone a un vacío inusual, una pregunta por el “qué hago” o “qué soy”, un espacio vacío donde nos preguntamos ¿y ahora qué? Y en esa preguntas aparecen distintas voces que nos inspiran a preguntarnos y respondernos. En ese vacío aparece la improvisación. Un vacío provocativo, no hueco, eso justamente es la experiencia de la improvisación, donde esa otra voz aparece para proponernos algo, como un juego. Ese vacío nos expone a una experiencia nueva de nombrar el mundo. Por eso el vínculo profundo entre juego y poesía, la poesía como el espacio de resistencia donde la palabra puede ayudarnos a inventar otra cosa.

También el vacío invita a la contemplación que posibilita la mirada poética.

En la selva encontramos una plenitud de cosas, a pesar de eso vemos que está vacío de todo programa, todo lo que nos hace vivir programadamente ahí no está. No nos dicen qué hacer todo el tiempo, pero frente a ese vacío nos preguntamos cómo jugamos y también podemos jugar a prender. En la vida actual mucho es seguir reglas, actualmente no improvisamos sino programamos, todo el tiempo con nuestros calendarios o agendas. Ante este juego de la cyber-vida, ahora hacer trampa es ser mas humano.

Hace un par de semanas se decía que arde Chiapas, pero no sólo arde Chiapas sino también toda Abya Yala. Chiapas es de los estados más militarizados, incluso más que en los estados del norte del país en donde hay mayor presencia del Crimen Organizado. Es un ataque a las diferentes autonomías, actualmente está el ataque a las bases de apoyo del EZLN, es un ataque a esos modos de vida que se salen de las normas y las reglas, porque construyen su manera de vivir, de sanarse de alimentarse, que no dependen de las reglas del sistema. Ante ataques tan frontales, donde atentan directamente contra nuestra vida ¿cómo hacer? ¿qué hacer ante el juego de la impunidad?

Una posibilidad es que los violentos y los gobiernos se están muriendo de miedo, no se trata de amenazarlos con nuestra violencia sino tranquilizarlos, pensémoslo como una hipótesis. Imaginemos nuestra capacidad de repuesta ante las estrategias de guerra que se usan todo el tiempo.

Inevitablemente tenemos que pensar que estamos en guerra, tenemos que pensar esta situación en esos términos y en medio de esa guerra ver cómo hacemos poesía y cómo nos amamos, ¿qué hacer frente a la violencia directa? ¿amor y paz? ¿cuando vengan a matarnos predicamos no violencia y dejamos que nos maten? ¿qué hay que hacer frente a la infinita violencia? ¿cómo actuamos realmente? implica acciones en concreto. ¿Qué hacemos? Si se lanza a solas es una respuesta aislada o no le encontramos respuesta, pero si se lanza en lo colectivo surgen un montón de respuestas, que se hacen reales.

¿Qué significa la no violencia? Gandhi decía que si la no violencia es la mas alta de las virtudes, el peor de los vicios es ser cobarde. Frente a una situación una situación de violencia infinita y constante, tenemos que tener dignidad y no ser cobardes. Es importante considerar cómo no ser cobardes, porque no se trata de valentía, negarse a ser cobardes es otra cosa.

Las mujeres estamos generando respuestas de distintas formas, siendo sororas, solidarias, trabajando los problemas y diferencias internas, trabajando la salud física y la salud espiritual, que en el pensamiento patriarcal no se toma en cuenta. Seguimos con nuestra luz interna, que lo incendia todo ante la violencia directa, pero también que puede ser una llama fuerte desde dentro.

En una parte de nuestra conversación se habló también sobre las diferencias que establecemos entre nosotros, esas diferencias están en lo abstracto, pensamos por ejemplo, en «ellos» los indígenas y nosotros ¿nosotros quiénes?

Aparentemente domina en México la idea de los mestizos, ser mestizo implica ser de sangre mezclada, pero no hay persona que no sea de sangre mezclada, no hay sangre pura, en ese sentido todos seríamos mestizos. Yásnaya habla de los desindigenizados, quizás, en la medida en la que se ha negado lo que eran, se quedan siendo nada, entonces se agarran de una identidad abstracta, “ser mexicanos”, celebrar el 15 de septiembre, una identidad que no existe. Algunos logran crear un «nosotros» real, como los tepiteños, es un nosotros, que incluso tienen un lenguaje propio, que sólo ellos saben usar.

Aquellos que fueron programados como mestizos, para poder volver a existir, tendrían que crear un «nosotros» real, las categorías abstractas como «los mexicanos» no existen.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *