La realidad es vivir, y vivir es luchar – Relatoría 18.11.2020

CAMINOS DE LA AUTONOMÍA BAJO LA TORMENTA

18 de noviembre de 2020

Decimos que la gente está viviendo en la irrealidad, pero el cerebro no distingue lo real de lo imaginario, se inventa su propia realidad y esa es con la que vivimos. En la actualidad, uno de los poderes despóticos es la administración de la imaginación, las televisoras nos mantienen soñando, e incluso, los derechos humanos son parte de este. Pero, más que entrar en una discusión sofisticada de diferenciar entre realidad e imaginación, se trata de distinguir entre abstracción y realidad, entre realidad y ciencia, realidad y teoría. Quienes intelectualizan ejercen una función vital del humano, pero tuercen esa función vital que es la reflexión natural. La realidad ha sido usurpada por la palabra, y el discurso dominante es fuerte porque logra crear redes completas, al grado de que cuando pensamos soluciones, sólo pensamos en lo que el sistema nos ha implantado. Cuando se dice que los pueblos están en su realidad, se habla de una realidad concreta, no una inventada o abstracta, una realidad que es la interacción concreta en su vida cotidiana. Hay que poner el acento en la construcción de autonomías, en la reconstrucción de la vida colectiva, retomar la experiencia, reconocer que el conocimiento es una forma de control y reconocer que no hay una sola realidad, sino que son múltiples y cada comunidad inventa una propia.

El capitalismo está en crisis porque ya no cumple sus expectativas, y de manera ingenua la izquierda y los contestatarios se empeñan en remediarlo. La pandemia ha asomado también el despojo (una de las 4 ruedas del capitalismo); con el encierro pretenden despojarnos no sólo de la vida y la tierra, sino de las articulaciones con los compas y, al mismo tiempo que nos han despojado de las interacciones, nos ha aumentado la carga tecnológica. Pero, también a pesar de este despojo, este tiempo ha sido un buen pretexto para reflexionar sobre nuestra forma de comer. ¿Hasta qué punto es un pretexto para quitarnos los malos hábitos?, por ejemplo, Yalalag que aprovecho para cerrar el paso a la chatarra. Estamos en un proceso de recolonización, ahora nos traen otra religión que es la ciencia y es incuestionable, si se les cuestiona no responden claramente, pero si les causa molestia y es casi como cuando cuestionas a Dios y mereces la muerte por ello.

Retomando el aniversario del EZLN, encontramos una relación con el tema de los sentires y el sentido, pues fueron los sentires en común que un grupo de personas tenían en la piel y el corazón, lo que dio sentido a la construcción de algo distinto. El sentido marxista, leninista, maoísta, se vio transformado en un acercamiento al “vivir la vida” Una de las grandes aportaciones del Zapatismo es el proceso de autonomía bajo su filosofía del mandar obedeciendo. Más que pugnar por leyes o por la ideología, la experiencia cotidiana es lo que ha devenido en la construcción de otro tipo de salud y de otra política. La crítica de los intelectuales de izquierda al Zapatismo, viene de ese no poder encajar esa experiencia en su forma de realidad, pero hay que mirar hacia atrás para construir un presente con previsiones hacia el futuro.

Según el relato de los Zapatistas, cuando llegaron a las comunidades para ser apoyados, su ideología salió abollada, pero en ese encuentro con los pueblos, no fue simplemente adaptarse, sino que ahí surgió el Zapatismo. Dice el comandante Tacho: “aprendimos escuchar y escuchar no es simplemente oír al otro sino estar dispuesto a ser transformado por el otro”. El Zapatismo sería un ejemplo de cómo un movimiento no es doctrinario, pues no es el mismo de cuando empezó, se ha transformado. El mandar obedeciendo es un principio de comportamiento, una norma que se adopta, y esto establecería la distinción respecto a las teorías, pues las hipótesis que solamente pueden iluminar la realidad pero que no son la realidad nos hacen confundir la abstracción con la realidad. La autonomía no es una abstracción, es un principio de comportamiento y las abstracciones son por ejemplo los derechos humanos, esto se ve cuando exigimos el derecho a la educación, y entonces luchamos para que la Sep nos diga qué y cómo estudiar, exigir un derecho es exigir que nos impongan algo, en cambio en el aprendizaje libre nosotros decidimos.  Los pueblos originarios tienen su propio derecho y forma de ver y ser, primero están los derechos colectivos del pueblo y el derecho individual queda fuera del contexto comunitario, si el derecho es estudiar los conocimientos de fuera es un derecho impuesto. Los derechos entran en conflicto porque se centran en el individuo y se contraponen a lo que la realidad exige.

La realidad es vivir, y vivir es luchar, recuperar lo nuestro, nuestro territorio y capacidades de gobierno. Construir autonomía implica una lucha constante, no sólo con la policía o la chatarra sino con las cosas que hemos internalizado y que nos dominan desde adentro, la forma en que fuimos educados y las ideas que nos confunden entre lo real y abstracto. Por ejemplo, la pandemia, que se da por sentada como realidad y sin fundamento, pero si hablamos de “sindemia”, hablamos de todas las pandemias que hay alrededor del covid-19, de las enfermedades crónicas, la contaminación, la forma de trabajar y de vivir, la chatarra, etc. Lo que sugiere esto, es que hay que enfrentar el meollo del problema y por lo tanto cambiar nuestro modo de vida y resolver lo de nuestros cuerpos debilitados. La negación es también la afirmación de otras cosas, cuando decimos no, es lo abstracto, pero cuando se habla de autonomía y retomar experiencias, de rechazar el patriarcado, también se da el paso a lo que sí se está construyendo, como el cuidado mutuo, el cambio de formas de relacionarnos, etc.

¿Las personas que no intelectualizan viven en una realidad menos abstracta? Estas personas, viven de manera pragmática y se corrigen en la práctica y sin un estudio formal recrean nuevas formas de hacer mejor las cosas, los pueblos viven su realidad.

Cuando hablamos de luchar contra la guerra ¿todo es vivir para luchar? ¿Luchar para vivir o luchar para la guerra? vivir y luchar son la misma cosa, no se trata de luchar para ganar la guerra, sino que en las condiciones que hemos sido colocados exige que la única manera en que podemos vivir es luchando contra lo que nos quieren imponer. Los Zapatistas plantean que al luchar contra en una guerra nadie puede ser neutral, podríamos jugar como los guerreros, pero es un ejército para que se acaben los ejércitos, para disolver la guerra, es luchar contra la guerra, vivir es luchar y luchamos con muchas cosas impuestas desde afuera y que nos condicionan por dentro y por fuera. Dejar de luchar es una forma de morirse, porque mato quien soy yo para dejarme manejar. Matar al individuo en que hemos sido construidos no es suicidarnos, sino liquidar ese aspecto individual en que nos han construido. Los Zapatistas dicen; si estamos dispuestos a morir, ¿por qué no estamos dispuestos a darle sentido a la vida?

Por último, sale a la mesa el tema de cómo a los pueblos originarios se les ha visto como objeto de estudio, para ser nombrados desde afuera y desde los estudios, pero no se les da a estos pueblos el derecho a decidir qué es lo que son. Eso no significa negar el valor de la reflexión y la teoría, sino que hay una reflexión que es importante y que es la que interactúa en la práctica.

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