La ternura es una forma de pasar a la ofensiva.

Conversatorio 5 de julio 2021 “Construir las paces desde el Nosotros”

La vez pasada se habló de la India y de Gandhi. Gandhi no ha excluido la violencia, es para él, el último recurso cuando en realidad sólo vemos dos alternativas: quedarse quieto y mirar el terror, o intervenir. Tenemos que llegar allí, a esta situación excluyente, o ¿hay otras vías? Hay otra vía mucho más eficaz, ni la pasividad, ni la violencia. Esta tercera vía que es más poderosa y logra más: a Gandhi no le gustaba que lo acusaran de predicar la no violencia absoluta. La gente simplemente no sabía cómo traducir sus palabras ahimsa y satyagraha. Gandhi se refería al poder que empieza a crecer cuando las personas se preocupan por los demás, lo que en nuestros idiomas pobremente se tradujo como no-violencia. El poeta sufí Rumi escribe en su poema: “Más allá del bien y del mal hay un lugar, allí nos encontramos.” Este es el lugar al que se refería Gandhi, porque sabía que somos más fuertes cuando venimos de ese lugar.

La pregunta que quedó la vez pasada es ¿qué hacemos frente a la violencia?, o ¿qué hacer frente a la guerra?, es allí donde surgía hablar sobre la ternura. He pensado en cómo los contextos en los que estamos viviendo hay un escalamiento de la violencia, de pronto hay horror, crueldad, y en ese punto llega lo inimaginable. Es importante poner esa noción de la guerra contra las mujeres como una expresión de la guerra general que se está librando. La guerra que anunciaron los Zapatistas tiene como una de sus expresiones en la guerra contras las mujeres, como dice Rita Segato. No es lo mismo hablar de paz, o de construir paces cuando uno está en guerra que cuando está en una situación de paz relativa.

El propio Gandhi cambió varias veces su posición cuando se trataba de estar en guerra y tener que participar inevitablemente en una guerra de una manera pasiva, de una manera escapista o de una manera activa. El abogó por la guerra, por tomar partido. Es importante decir: estamos en guerra y tenemos que tomar partido ¿de qué lado nos ponemos?

En este momento no puede ser de mucha utilidad seguir discutiendo el valor relativo de la violencia o de la no-violencia. Por ejemplo, en el libro de Chenoweth, sobre la comparación entre el éxito o el fracaso de la violencia o la no-violencia, todo depende del plazo que se toma. Si uno toma el plazo de Gandhi de la marcha de la sal, fue el éxito total de la no-violencia. Si uno toma su vida y su obra, es el fracaso total de la no-violencia. Si uno toma el momento en que se decretan las leyes de derechos civiles por los que había abogado Martin Luther King, uno dice éxito total de la no-violencia. Si uno piensa en el momento en que Mandela toma la presidencia en Sudáfrica, piensa éxito total de la no-violencia. Pero si alarga uno un poquito el plazo entonces resulta que la no-violencia fracasó. Más allá que el libro ese no nos sirva para nuestro análisis por este motivo, creo que no es la discusión que tenemos que tener.

La ternura sería una manera de generar relaciones constructivas, es una forma de construir relaciones diferentes que implican menos violencia, más justicia, y el florecimiento humano. Tenemos que diferenciar a quienes se consideran individuos y quienes viven ocupados de los demás, porque son los demás, porque no se consideran individuos, porque su ser íntimo, su ser profundo es un ser plural. Entonces viven en esta preocupación por los demás, esto les da un sentido muy distinto en lo que significa pasar a la ofensiva y lo que significa la ternura. Cuando se es un individuo y si piensa uno como individuo, o cuando se piensa uno como un ser en relación. Uno es relaciones, uno es comunidad, uno es plural y no individuo. La ternura radical está movida por el amor, no por la violencia, está movido por la resistencia y la defensa. En “El último despojo después de la tormenta” (José Ángel Quintero Weir) se enfatiza cómo reaccionar solidariamente en contra de la violencia. El comandante Galeano dice que no necesitamos solidaridad, necesitamos que sean recíprocos, esa reciprocidad se va a dar cuando nos preocupemos por los demás.

¿Qué hacer frente a la violencia? ¿Qué hacer frente a esa violencia que tenemos adentro y que es una violencia desatada? No es un problema de identificar a quienes queremos y a quienes no queremos, sino nos han seleccionado como enemigos y nos están atacando. En Oaxaca hemos hecho muchas cosas contra esto, nos rebelamos cada día. Hay una infinidad de posibilidades en nuestra imaginación para enfrentar esto. No solo a través de la sanación como una postura política, sino también a través del arte, de la escritura, entonces yo creo lo de la ternura radical se me hace fantástica y es un mundo de posibilidad y de ganas de vivir. Y de ganas de Eros, porque estamos en esta lucha de Eros contra Thanatos, de la vida contra la muerte. Entonces esta ternura radical requiere fuerza, requiere reciprocidad, requiere compromiso. Ponerse en los zapatos del otro, ser empática, empático, y cómo puede ser empática desde esta colectividad que estamos tejiendo. También es poder decir no, no puedo hoy, discúlpame. Ser crítico que es algo también.

El modelo claro son los Zapatistas, es una combinación de caminar en dos pies. Un pie es pasar a la ofensiva, que dijimos podría ser con la ternura radical, que es fundamentalmente no violenta. Esa ofensiva no trata de destruir a lo que nos ha elegido como su enemigo, no se trata de liquidar, se trata de una ofensiva no-violenta que trata de detener, resistir la violencia y transformar la realidad, eso es la ofensiva y se realiza en forma simultánea a una organización defensiva que incluye la capacidad de violencia. Diríamos que esta capacidad de violencia se organiza primero en términos de fuerza disuasiva. Si el otro sabe que estoy armado que tengo capacidad de respuesta, es posible que decida no atacar, para no correr el riesgo de ser liquidado. Ese esquema implica tener la capacidad de defensa, una capacidad de defensa autocontrolada, incluso ante ataques militares y violentos, los Zapatistas no han recurrido a su capacidad de uso de la violencia. El caso más espectacular es la muerte de Galeano, tenemos que considerar este caminar en dos pies.

¿Quienes son los débiles y quienes son los fuertes? Para definir dónde nos colocamos, aparentemente nosotras somos las débiles en fuerza física, hasta el punto en el que pueden asesinarnos. Al parecer ellos tienen la fuerza, aquellos que nos han elegido como enemigos, y nosotras somos las débiles. Quisiera que trabajáramos la hipótesis de que es al revés, que porque somos las fuertes, ellos son los débiles y se ven obligados a recurrir a la fuerza física porque se ven perdiendo. Y aquí quizá puede ser un tema central de nuestra discusión, es la cuestión de la obediencia y desobediencia. Ellos nos dejan de matar y nos dejan de atacar si obedecemos, si bajamos la cabeza. Y que están tan preocupados y tan decididos a liquidarnos porque estamos desobedeciendo porque ven nuestra desobediencia. ¿Qué hay que hacer? No queremos volver a obedecer, no queremos renunciar a nuestra desobediencia, aunque esa desobediencia provoque la reacción violenta del otro lado.

Quizá todo esto que estoy diciendo puede ejemplificarse con el caso de Cherán, pensando con la violencia que se da en Michoacán. Tenemos que pensar que Cherán es un movimiento que busca la no-violencia y que busca que no estén matando gente en su pueblo que no los están controlando por la fuerza física de los carteles y que no estén destruyendo sus bosques, empieza cuando una anciana, asesina directamente a uno de los líderes de uno de los carteles más violentos. Y esta forma parte de la organización inicial de Cherán, que permite a Cherán a reconquistar su pueblo y vivir de otra manera. Quiere decir que en este caso, en Cherán, como los Zapatistas, no renunciaron al uso de la violencia, sino la autocontrolan. No organiza Cherán una guerra contra los carteles, pero no renuncia a la capacidad de usar la violencia cuando se vuelve indispensable, es una capacidad disuasiva y cuando hace falta se utiliza.

La ternura es una forma de pasar a la ofensiva en medio de la guerra, no quedarse parado no quedarse sin hacer nada, no pretender aislarse, no pretender escapar, implica por una parte organización, que supone jerarquía y capacidad de actuar, por otra parte, una vida en colectivo que supone suprimir la jerarquía y en ambos casos la ternura juega un papel.

¿La ternura radical también inicia desde nuestro discurso? ¿esa transformación interior la iniciaríamos también desde la palabra? ¿Cómo podría iniciarse esa ternura radical? si ya iniciamos desde el interior ¿cómo la mostramos al exterior y cómo lo podemos hacer con los demás?

Podríamos recordar algo que decimos en Unitierra: no somos predicadores, sino que compartimos lo que hacemos. Más que un discurso es una acción que se vuelve palabra, y es la que nos lleva a compartir, a mirar de otra manera. Yasnaya nos dice: nuestro ambientalismo se llama defensa del territorio. Ella usa esas otras palabras y esa narrativa para decir aquello que tal vez desde las ciudades o un discurso más hacia la modernidad se nombra como ambientalismos o ecología, en las comunidades no le nombramos de esa manera, pero sí hablamos de un cuidado del territorio y de una defensa del territorio. Allí también cambia la manera en cómo vemos el mundo. Creo desde allí se da la importancia de la lengua originaria y de la lengua de las comunidades, porque también a partir de lo que se nombra en la lengua originaria es una manera distinta de ver el mundo. A veces el lenguaje se queda corto, hay sentimientos que no sabemos cómo decir, cómo expresar. ¿Cómo cuentas una vivencia? cómo le cuentas al otro lo que estás haciendo, lo que estás sintiendo, y cómo lo haces si ese otro no ha tenido esa experiencia, esa vivencia y por lo tanto no la entiende.

Por mucho que nos esforcemos nosotros los varones no vamos a poder sentir lo que una mujer siente por ser mujer toda su vida. Podemos esforzarnos y construir un discurso racional, pero sabemos que no podemos ponernos en ese papel. Es construir la relación desde la diversidad para que haya una resonancia, podemos entender cosas diferentes que no están en sintonía, hay cosas que nos van a resultar enteramente incomprensibles. Lo que hace una mujer no podemos entenderlo, no encaja en nuestra racionalidad. No sentimos algo que parezca semejante a lo que ella esta sintiendo. Pero podemos tocar una música común, tocar una misma melodía. Tratar de sintonizarnos desde nuestras diferencias. Creo que aceptar la diferencia radical puede ser un paso muy importante para establecer una forma de relación entre nosotros.

En el caso del patriarcado ¿quienes son los grupos que usan la opresión? en buena medida somos los hombres. En las circunstancias que vivimos los hombres cómo se construye lo que es el hombre, cómo se construyen las relaciones económicas, etc. Se tiene que visibilizar para el grupo opresor que es justamente esta circunstancia que está generando, porque el grupo opresor puede incluso creer que está caminando en la dirección correcta. Cómo se llega a los canales para que puedan darse de alguna manera estas transformaciones, estos conflictos que son necesarios para las transformaciones, en este caso para la transformación de la violencia patriarcal feminicida. De alguna manera conflictuar esas circunstancias. La forma en que se genera este conflicto, se puede generar de muchas maneras, y generalmente este conflicto, esta circunstancia cuando se lleva a cabo produce algún tipo de dolor, psicológico, un duelo de la transformación, que puede ser traumático. Creo lo adolecemos mucho en la sociedad, no hemos aprendido a ser más compasivos en nuestros modos. El conflicto se convierte en algo emancipador en lugar de algo traumático ¿Cómo pasar un conflicto sin pasar por lo traumático?

Muchas veces nos concentramos en entender la opresión, la violencia y cómo defenderla, pero ¿qué estrategias podemos usar para apelar a la sensibilidad opresores? Ese vacío interior, ese deseo de poder, ese deseo de control viene de un vacío interno. En cuanto acerca de la sensibilidad de los gobiernos y funcionarios corruptos, la verdad es que estoy pesimista, la verdad soy muy radical, pero no creo que haya reinserción social para ellos. Definitivamente no, no creo que vuelvan sus almas, ya están podridas y enfermas. En psicología clínica sus personalidades son psicópatas, son más allá de las categorías que podemos creer que están sanas. Que ya no hay sanidad en sus almas, entonces pues difícilmente van a regresar a una vida normal o a una vida que nosotros llevamos.

Valdría la pena que exploremos a fondo la noción de límite, en relaciones personales y relaciones sociales. En confrontaciones directas que no sabemos bien qué hacer y suscitan una respuesta agresiva, creo que uno de los caminos es marcar un límite. Es decirle al otro, a la otra, al grupo de en frente: haz lo que quieras, pero aquí ya no. Esto es el límite que puedes llegar. Creo expresar esta noción de limite puede sernos útil para la discusión que estamos teniendo.

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