Masa y Poder 3. Relatoría. Definiendo fascismo


La extrema derecha está viviendo un momento álgido en todo el mundo. Ante la actual crisis generalizada grandes masas de gente encuentran en estos discursos un lugar donde albergarse. Se trata sin duda de fenómenos de masa que despiertan las alarmas de diversos sectores sociales y muchos se han aventurado a colocarle la etiqueta de fascismo. Para saber con precisión ante que nos encontramos hemos de tener precaución de adoptar ligeramente este terminó y preguntarnos de qué se trata eso del fascismo y qué diferencias y similitudes guarda con los procesos que hoy están proliferando.
En el primer ejercicio que hicimos para llevar a cabo este análisis tratamos de contextualizar en el tiempo y en el espacio lo que se concibió inicialmente como fascismo. Fue en marzo de 1919 cuando Mussolini fundó el partido fascista. Se concibió la organización fascista a través de la idea del “faccio” o haz. Sirve como metáfora para ilustrar el tipo de sociedad que buscaban los primeros fascistas, una sociedad conjunta y organizada en busca del autogobierno por medio del estado. De esta forma, el edificio social queda construido en torno al líder, y el uso de la violencia se relega a su servicio.
Un momento clave para entender la naturaleza del fenómeno fascista fue la ruptura de Mussolini con el partido socialista italiano del que había formado parte. Mussolini fue expulsado del partido ante la disyuntiva de la participación de Italia en la primera guerra mundial. Los socialistas tenían la convicción de que la guerra de clases primaria ante enfrentamientos entre naciones. No encontraban sentido alguno en una guerra que enfrentarse a muerte a obreros de distintos estados europeos. Sin embargo, Mussolini creía firmemente que Italia debía de participar en la guerra para ganar su “espacio vital”. Esta idea fue apropiada tiempo después por Hitler quien veía en la guerra una forma de recuperar fuerza para una Alemania que se encontraba profundamente humillada después del tratado de Versalles. Es importante observar que en ambos casos se combina un fuerte emoción patriótica con reivindicaciones sociales. En este momento también se construyen a los socialistas y comunistas como enemigos principales del fascismo.
De ahi tambien viene la fuerte aversión de los proyectos de Hitler y Mussolini por los comunistas y socialistas. Estos últimos habían estado acumulando popularidad en ambos países como fuerzas para llevar a cabo reivindicaciones sociales. Los fascistas reclamaron que ellos eran capaces de encargarse de esas reivindicaciones y de forma más efectiva que los socialistas. De esta forma relegaron al estado la función de preocuparse por sus ciudadanos, asegurando la educación, la salud, la vivienda y la familia. Apareció entonces el primer antecedente del estado del bienestar.
Otro de los rasgos claves de los estados fascistas es el totalitarismo. En un régimen totalitario todo debe resolverse a través del estado. No ha de quedar ningún tipo de función relegada a otra organización social. Esto implica que el estado trata de controlar todos los comportamientos de la población y para ello sus pensamientos. En este punto es necesario hacer la diferencia entre un régimen totalitario y uno autoritario. Un estado autoritario pretende mantener un poder y ejerce la violencia cuando este poder se ve cuestionado por un grupo de la población. No obstante, un estado autoritario no tiene la intención de controlar a la totalidad de los comportamientos de una población mientras no cuestione su estructura de poder. Esta es la principal diferencia entre ambas. Todo estado nación tiene cierto carácter autoritario pero no necesariamente representan regímenes totalitarios.
En este punto cabe preguntarse si hay alguna diferencia entre los estados fascistas y los autodenominados estados comunistas de entonces. Ernst Nolte, uno de los principales estudiosos del fascismo, dedicó gran parte de su investigación a ahondar en esta diferencia. Efectivamente estados como la Unión Soviética y la China de Mao, como los estados fascistas, tenían un fuerte carácter totalitario, pero hay una diferencia de fondo entre unos y otros: los estados comunistas contaban con una doctrina clara con sus diferentes vertientes y propuestas económicas y sociales, sin embargo, es imposible acercarse a una definición de lo que sería la doctrina fascista como tal. Esta diferencia también se ve en el papel que se le otorga al estado en ambos proyectos. En la doctrina comunista el estado es un medio para instaurar la dictadura del proletariado y tomar los medios de producción, aunque en la práctica acabase con enormes sistemas burocráticos que quedaban lejos de representar los intereses de los trabajadores. En el fascismo el estado es un fin en sí mismo, con el que se ejerce el poder, se protege la patria y se ejecutan medidas sociales.
Finalmente, un elemento clave que sí parecen compartir los estados fascistas de los años 20 y 30 con los movimientos ultraderechistas de hoy es la noción de superviviente de la que nos habla Canetti. Los gobiernos fascistas comparten la demarcación clara de un grupo que se considera externo a la patria y sobre el cual el resto de la población ha de prevalecer. Mussolini construyó su idea de patria en clara oposición a los africanos, y la Alemania nazi tenía un claro componente racial donde la patria germánica sobreviviría a los judíos y gitanos. Hoy, los movimientos ultraderechistas europeos comparten a los migrantes como grupo enemigo común.
Después de haber contextualizado el fascismo en esta primera sesión, será interesante profundizar en las diferencias y similitudes con los que se están caracterizando como fascismos de hoy en dia. Hemos de preguntarnos cómo es el control de las masas de los “fascismos” de hoy. ¿Son realmente totalitarios? ¿Incluyen reivindicaciones sociales en sus propuestas?

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