Perder el miedo a vivir y recuperar el arte de habitar – Relatoría 13.mayo.2020

Desobediencia sería tomar la salud en nuestras manos, llevar una vida digna, asumir nuevas formas de convivencia, llegar a acuerdos colectivos y conjuntos.

Por un lado hay que desobedecer, pero si la desobediencia civil significa romper el confinamiento estaríamos desobedeciendo a medias. No se trata de desobedecer por llevar la contraría, desobedecer es pensar en nosotros, pensar libre, tiene que ver con el cuidado colectivo y cuidado mutuo. Desobedecer se trataría de construir otras formas de caminar, otras narrativas, otros cotidianos. ¿Cómo construir ahora la vida cerca? Este contexto indica que seamos más conscientes desde el vínculo más próximo, desde la familia, ponernos de acuerdo para el alimento, para el cuidado el cuidado, para prevenir. Lo que se construye ha de ser desde lo cercano. La vida cotidiana se aterriza en los cercano, en lo real, que siempre estuvo ahí, pero nos habíamos alejado. Este es un tiempo para volver a la cercanía. Nos preguntamos por las nociones de lo cercano y lo lejano. Vivir tiene que ver con el presente que se construye en el lugar donde habitamos.

¿Cómo vamos a abordar esta nueva realidad? Hay quienes no tenemos muchas esperanzas en el futuro que viene, quizás las cosas se van a poner más complicadas antes de ponerse más igualitarias y más justas. Hay personas que se van a enfrentar a una realidad porque no les va a aquedar de otra, porque no tuvieron otra alternativa, pero otras van a querer cambiar de realidad por decisión propia ¿cómo va a cambiar la realidad para aquellos que quieren que la realidad cambie? ¿y cómo va a cambiar para aquellos a los que nos les queda de otra? Las personas que no tienen acceso a servicios de salud de calidad, las personas que no pueden dejar de trabajar porque viven al día, las personas que no pueden pagar el funeral de sus seres queridos, las personas que no tienen casa o que se encuentran en situación de calle, las personas desplazadas del lugar donde viven, las que no tienen acceso a agua potable o que no tienen acceso a internet.

Hay comunidades que han vivido en estado de pandemia durante 400 años, comunidades que lo que antes implicaba una gripe, implica lo que ahora es el covid para todos nosotros. Para muchas comunidades las cosas siguen igual. Aprender un poco más a escuchar de las comunidades que ya han vivido en este estado, que no es de pánico ni de miedo (porque han vivido con esa incertidumbre en el diario), sino de aceptación a lo que pueda venir. No tienen miedo al covid, sigue siendo el mismo miedo a las mismas dinámicas del sistema de opresión que tienen desde siempre, habrá más o menos policías, pero su vida sigue siendo igual, en el nivel de riesgo en el que estaban.

Andrés Manuel anuncia las industrias esenciales y aparece la minería en lugar uno, la manufactura y automotrices en el dos, como temas esenciales del país, para continuar la economía y el vivir, en paralelo tenemos lo del tema militar. Cómo se siguen organizando las comunidades, a las que el covid les viene y les va, porque siguen siendo afectadas por estos proyectos de muerte ¿qué podemos aprender de ellas? El sistema en el que vivimos, no sólo ahora, sino siempre ha sido un sistema de muerte, el capitalismo provoca muerte todo el tiempo. Hay distintas relaciones con la muerte, no hay miedo a la muerte, pero sí al sufrimiento.

Es una oportunidad para repensar lo que habíamos aceptado como manera de existencia, tendríamos que reconocer que, la mayor parte de nosotros, éramos ya residentes o transeúntes y que de esa manera vivíamos en este planeta. Eramos transeúntes y éramos residentes porque no lográbamos ser habitantes y no constaríamos nuestro propio espacio, vivíamos en lo que otros construían y nosotros comprábamos o rentábamos, pero no lográbamos realmente habitar, plantearnos seriamente lo que sería ser habitante y plantear que solamente los humanos podemos tener el arte de habitar, que puede ser una parte realmente central del arte de vivir.

Estamos viviendo con miedo, de salir de vivir, de contagiarnos, de contagiar a otros, de romper las reglas que se nos han impuesto, miedo a sufrir, al dolor a la muerte… Todos estos miedos son disfraces de un miedo fundamental que estamos descubriendo, del miedo a vivir, que implica reconocer lo que somos: que somos frágiles, que en cualquier momento podemos morirnos de mil cosas, que incluso no tienen nada qué ver con el virus, que la vida exige vivir permanentemente en riesgo.

El reto de convertirnos en habitantes, una de las cosas que implica cambiar nuestra mirada, mirar claramente, mirar como condición de la vida cotidiana a lo concreto. ¿Qué consideramos que es real? Hemos tratado de luchar contra el principio de las abstracciones. Tendríamos que estarnos preguntando qué es eso de la realidad y cómo vivir en lo concreto.

¿Cómo podemos realmente volver a ser personas concretas y despojarnos de esas categorías abstractas? ¿Cómo podemos ser en todo momento personas? No ser individuos sino nudos de redes de relaciones ¿qué significa encarnarnos en esas relaciones? Tenemos que replantearnos nuestras relaciones con los demás. En este momento, con lo que tenemos encima, se está programando la muerte y la desaparición concreta de personas, de los considerados marginales o sobrantes, quienes no han tenido condiciones para sobrevivir. Se trata de construir nuevas formas de relaciones, esto implica relacionarnos con la gente del lugar, con los vecinos a los que nos saludábamos. No se trata de pretender que son un día para otros nuestros amigos. Nos planteamos ser nudos de relaciones y buscar relaciones distintas en lo concreto para ser habitantes

Se está construyendo la idea de que parte central de nuestros problemas es la sobre población; el conjunto de personas que sobran. ¿Quiénes somos los que están sobrando en este planeta? Si todos vivieran con el estilo de vida norteamericano o europeo, siete planetas no alcanzaría. ¿Quiénes son lo que sobran? ¿o qué es lo que realmente sobra? La única forma que vamos a tener para sobrevivir de ahora en adelante es construir un nuevo mundo, no podemos sobrevivir de otra manera, en el mundo dado. Tenemos que repensar qué es esto de la salud. Hace cincuenta años Iván Ilich produjo un escándalo diciendo que la medicina institucional ha sido una gran amenaza para la salud. En 1997 se produjeron las primeras estadísticas donde dijeron: hemos contado el número de enfermedades y muertos causadas por médicos y hospitales y son mayores de las que han curado… hoy es una experiencia cotidiana. La contra productividad de la industria de la salud, el el negocio más lucrativo del mundo, está teniendo ventas de un millón de millones de dólares. No hay quizás un negocio legal más lucrativo que el de la salud. Algunas de las medicinas que más se venden en el planeta son las que causan todo tipo de enfermedades. ¿A ellos les decimos que queremos estar en sus manos? Quienes no han podido caracterizar la enfermedad y sus efectos. Le hemos dado un inmenso poder a la salud para colgarnos de ella, por miedo a vivir.

¿Cuál es la diferencia entre conocimiento y sabiduría? Etamos sobrecargados de datos que nos dan mucho miedo y nos ponen en el lugar donde no tenemos nada qué hacer, en el lugar de esperar la vacuna, de esperar a que haya buen servicio en los hospitales, que las investigaciones saquen nuevo conocimiento y en ese sitio, nosotros las personas comunes, no tenemos mucho que hacer. Recuperar lo que implica estar sanos nos ayudaría a recuperar el arte de vivir, desde ahí tenemos mas posibilidad de acción y de sanación, desde ahí podemos comenzar nuestra recuperación de la sabiduría. La obediencia a los sistemas de salud nos ha hecho incapaces de diferenciar los conocimientos y saberes.

En otras miradas, se comentó que en algunos contextos hay miedo porque hay incertidumbre, pero no hay miedo a la nueva normalidad, porque no significa una transfomración tal cual de la vida, sino se presenta como una precariedad del acceso a la dependencia.

De igual manera, la información que comúnmente se escucha es que en las comunidades indígenas y medio rural hay mayor prevalencia de muerte materna y de muerte por enfermedades diarreicas. El problema no es el tipo de medicina sino que no se está teniendo en acceso a los servicios de salud, a que la salud se está convirtiendo en un negocio, la deficiencia de los servicios de salud.

¿Sería este el probema?

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