Nuestra Historia

Unitierra nace directamente por nuestro trabajo con comunidades oaxaqueñas. Cuando el Foro Estatal Indígena de Oaxaca declara públicamente que la escuela ha sido el principal instrumento del estado para destruir a las poblaciones y una serie de comunidades deciden cerrar sus escuelas y correr a sus maestros, se hace un escándalo y crean toda clase de presiones sobre ellas, pero algunas persisten.

Un tiempo después, a pesar del enorme éxito que han estado teniendo con que sus niños y niñas están aprendiendo mejor modo de vivir en la comunidad que de lo que se enseña en las escuelas, se siembra la inquietud de qué pasa cuando sus jóvenes y jóvenas ya aprendieron todo lo que pueden aprender en la comunidad y hay algunas cosas que les interesan que no pueden aprenderse en la comunidad y, como no tienen diplomas, necesitan de un lugar donde puedan seguir estudiando, entonces con ellos y por ellos se creo como una coalición de organizaciones indígenas y no indígenas, se creó la Universidad de la Tierra.

Le llamamos universidad para reírnos del sistema oficial y para reivindicar una vieja tradición de las primeras universidades: la de que un grupo de amigos aprenda y estudie juntos, alrededor de una mesa, no para obtener un diploma o avanzar en la pirámide educativa, sino por el mero placer de hacerlo, por la pasión que un tema de estudio les inspira.

Un intelectual zapoteco le dio su nombre porque pensaba que tenía que ser un espacio con los pies en la tierra y que además se ocupara de la madre tierra, lo que nos gustó mucho y adoptamos un principio desde el primer momento: aquí debe aprenderse haciendo. Una decisión que se tomó también desde ese momento es que esta universidad debería estar totalmemente enraizada en el movimiento social, esto quiere decir que no tendríamos una agenda propia, si no que estaríamos sujetos a las deleidades, iniciativas y en el sentido de los movimientos sociales de de Oaxaca. Así nos fuimos yendo en determinadas direcciones.

Un año después de haber nacido empezó una inquietud muy fuerte aquí en Oaxaca sobre la lucha de los transgénicos y de pronto Unitierra estaba de lleno en la lucha contra los transgénicos y la defensa del maíz nativo, hicimos juntos un Comité para la Defensa del Maíz nativo y por decisión del comité le tocó a Unitierra estar organizando. Teníamos que ir a la ciudad de México para impactar nacionalmente y ahí organizamos una gran presentación en el Museo de las Culturas Populares sobre “Sin maíz no hay país”, que fue una excisión muy exitosa, que tuvo un millón de visitantes y que permitió que esta idea de “Sin maíz no hay país” se extendiera a muchos grupos del país.

Unitierra siguió vinculada y lo sigue haciendo hasta hoy. Se mantuvo en esta línea, otra línea de lucha que salio en el camino es que hemos estado del lado del México profundo que había planteado Guillermo Bonfil, tratando de enfrentarnos al México imaginario, al México ilusorio, hablamos de esta contradicción fundamental de la sociedad Méxicana y queríamos ver si esto mismo se presentaba en todo el continente.

Entonces, hicimos una reunión que se llamó América Profunda con los indios que venian desde la patagonia, al norte de Canadá. Estuvimos juntos discutiendo si existía realmente este conjunto de alguna manera, hemos seguido tejiendo con otros que parece que andan en una misma sintonía con el mismo tipo de inquietudes, dentro de los muchos esfuerzos empezaría con el de América Profunda en 2003, pero todavia en 2015 empezamos a organizar una cosa que se llamó “Tejiendo Voces por la Casa Común”, en donde tratamos de concertar a siete universidades y organizar un gran coloquio en cinco sedes, para tejernos de nuevo con otras personas, otros colectivos y organizaciones.