Reflexiones sobre el Coronavirus – Recuperar nuestro habitar y sanar.

De la situación actual sabemos muy poco y hay algunos datos duros que nos permiten saber algunas cosas. Con los datos a nuestra disposición parece que más del 60% de los contagiados no se enterarán, porque no tienen ningún síntoma, el único síntoma es un poco de fatiga. La mayor parte de los contagiados son personas que no se sienten enfermos y están haciendo sus actividades normales y están contagiando a todo mundo. Si uno está circulando parece difícil prevenir el contagio.

El control relativo de la epidemia pudo darse en China, no fue el gobierno autoritario que sabía que hacer, actuaron tardíamente en Huhan, controlaron razonablemente sin permitir que nadie entrara y saliera, pero no el resto del país, entonces las cosas quedaron en manos de gobiernos locales, finalmente la pandemia quedó en manos de los Chinos, quienes reaccionaron de manera excepcional.

No había ninguna instrucción de cuarentena para las familias, por parte del gobierno, el gobierno redujo los servicios de transporte público, cerró ciertos espacios de concentración, limitó los eventos públicos masivos, pero no le dio ninguna instrucción y ni siquiera recomendación a las familias que se quedaran en sus casas y todas se quedaron en sus casas prácticamente, por decisión de ellos, no es una imposición ni una cuarentena prescrita por el gobierno.

Veamos la situación en México, tenemos las fotos del Vive Latino, al presidente besándose y abrazándose con toda la gente. Una preocupación son los ancianos de Oaxaca, la gente de los pueblos ¿van a estar los viejitos sin salir? ¿sin estar en contacto con nadie? La atención médica será extraordinariamente limitada.

En Chile Pasan avionetas del municipio diciendo que se va a poner multa al que salga. Una especie de estado de sitio, no lo han dicho así, pero lo es. Todo se envuelve en una cosa incierta, hay muchos detenidos, unos 15 mil, hay abuso policial. El 24 de marzo se conmemoró el día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en homenaje a las víctimas de la dictadura, fue impactante no poder salir a una gran marcha que se ha hecho desde hace 44 años. Por momentos caemos en desanimo y por momentos necesitamos esta red de hablar entre todos, buscar maneras en lo pequeño para sobrellevar el aislamiento. Da más miedo la policía en la calle que el virus que existe.

En Austria, el proceso para algunas personas jóvenes e incluso poco mayores de 50 años, ha sido parecido a una gripa, los síntomas han sido un poco de dolor de cabeza y fiebre. Hay un pánico generalizado que se está difundiendo en redes sociales y grupos de Whatsapp. No tenemos idea de qué está pasando, lo más grave es un daño serio en el nivel de información.

Este es el Estado de sitio más barato para los Estados, en algunos lugares no están usando la fuerza y tampoco los dispositivos de represión física, de pronto, como sociedad queremos que nos sometan a un encierro total para no infectarnos. Nosotros solos estamos yendo al estado de sitio, en otros países la situación es distinta, pero estamos viviendo prácticamente lo mismo: el estado de sitio, el pánico y el miedo, pero también la solidaridad. ¿En qué sentido sería la solidaridad? Estamos haciendo participación social y en ese sentido también se abre un debate ¿somos participativos? ¿sólo iremos por la despensa de los adultos mayores o vamos a tratar de que cambie toda esta situación? quizás esa sería la verdadera participación social.

Al respecto se lanzaron varias reflexiones:

Este momento que se ve crítico, y que está siendo crítico, tiene que ver con un proceso de deterioro de la sociedad, de la civilización occidental capitalista. Entonces ubicarlo allí, como parte de ese proceso de crisis civilizatoria que se manifiesta en virus o en enfermedades incontrolables. Pudiera ser también el inicio de lo que podríamos llamar un momento estelar, sobre todo para los países llamados de tercer mundo, debido a la oportunidad que tenemos de poder ir más allá de lo que se nos están planteando como salida, retraernos y meternos en las casas, cumpliendo con el ordenamiento de la salud pública y el ordenamiento político sometedor. En algunos países se manifiesta con más violencia que en otros, en algunos países, no se está requiriendo una fuerza militar represiva directa, pero en otros países sí, también Venezuela forma parte de estos últimos.

Puede ser entonces el momento estelar para ir más allá en dos sentidos, queda demostrado que el habitar generado por al organización capitalista, patriarcal, occidental y moderna, produce una alta concentración de población; liquida los espacios rurales, los convierte en espacios de producción agroindustrial, centralizados comercialmente en las grandes ciudades, pero genera un habitar contraproducente, al punto de que hoy la mayor crisis se vive en las grandes capitales. Necesitamos pensar en otro horizonte, recuperar nuestro habitar, que no tiene que ver con altas concentraciones, no podemos seguirnos pensando en grandes concentraciones poblacionales, en grandes ciudades, esa es la noción de polis o de política en la sociedad patriarcal capitalista, la gran concentración del poder.

El segundo sentido tiene que ver con que atribuimos a los grandes laboratorios científicos las tarea de curarnos, le atribuimos a la ciencia y a la tecnología la tarea de curarnos, ellos producen el virus y luego también le damos la condición de ser ellos los que produzcan la solución, pensando que la ciencia es la que nos va a salvar. Si nos planteamos otro habitar el otro elemento que debemos replantearnos es el sanar. La investigación científica está aliada al capitalismo, está en función de producción de ganancias, ya aparecerá la vacuna de los grandes monopolios de investigación científica y médica. Debemos profundizar en los conocimientos y la búsqueda en la médica propia, nuestros cuerpos están armados de un sistema inmunológico generado por nuestra propia geografía y la relación con la naturaleza nuestra.

Esos dos elementos que no son sólo dos, pero al menos podríamos iniciar con ellos: habitar y sanar, tenemos que recuperarlas a partir de territorializar nuestras formas, nuestras respuestas políticas a la realidad que vivimos. Tratar de romper la individualización a partir de generar apoyo mutuo, eso sería territorializarnos más que individualizarnos. El estado de sitio se está manifestando muy contrariamente a nosotros, se está produciendo una especie de maximización de la individualidad, cuando deberíamos estar respondiendo con una maximización de apoyo mutuo, no hablamos de concentraciones poblacionales sino más bien de relaciones de apoyo mutuo que permitan romper la individualidad.

Este tiempo revela lo extremadamente colgados que estamos al sistema, esto nos muestra que si el sistema de salud, o transporte o alimentos, se ve un poco sobre pasado, este se cae, al mismo tiempo nosotros al haber perdido las raíces o nuestras formas de sanar y habitar entonces nos vemos como a la intemperie, con debilidad y vulnerabilidad. Nos hemos alejado de la vida sencilla, de la vida más simple, la cuarentena sigue siendo un privilegio, aunque en ciertos países está forzada por medio de la policía. Debemos llamarnos a no actuar desde el miedo, sino saber qué sí está en nuestras manos hacer y recuperar las capacidades que hemos perdido por depender de otros sistemas ¿qué es lo que podemos empezar a recuperar y a regenerar?

Por otra parte, una de las preguntas que surgió fue ¿qué hacer con la cuestión de la desobediencia? Es verdad que tenemos la importancia de emerger ese nosotros, en este momento se percibe como un apuro de lo impostergable. Se habla de la desobediencia y de pronto parece que no es el momento, se está acatado lo que se ordena. Necesitamos cambiar también nuestra forma de comer e introducir productos generados por comunidades para fortalecer nuestra capacidad de resistencia a cualquier virus. Son cosas que ya hacíamos, sólo que en la desterritorialización le dejamos esas tareas a otros. Nos hemos entregado a la dependencia del sistema, en este momento podríamos convocarnos a romperla, como una medida de urgencia. Construir un nuevo habitar va a ser la construcción de otros horizonte y eso es lo importante, aunque eso probablemente no lo vamos a ver nosotros. En lo urgente podemos empezar a recuperar aquellas cosas que hacíamos, re-territorializarnos. Entre los Añú y quizás muchos pueblos, se dice que la enfermedad se introduce en un cuerpo que está dolido ya antes, tiene su corazón fuera de lugar, se enferma aquel que está triste o que está débil.

En la preocupación actual, la obsesión que podemos tener, bajo la idea del nosotros, sería fundamentalmente estar preocupados por los otros antes que por nosotros. Efectivamente lo que tenemos es una enfermedad colectiva. Está enferma la comunidad, este conjunto de grupos en el cual vivimos, está enferma la sociedad, no es tanto el virus, sino es la misma sociedad la que ya está enferma ¿cómo es esa enfermedad? ¿en qué consiste esa enfermedad? ¿de qué manera podemos caracterizarla?

Una de las cosas que tiene esa sociedad es que no se preocupa por los demás sino que cada quien se preocupa por sí mismo y entonces el virus puede agravar esa situación, voy a preocuparme yo, que yo este bien, sin importarme lo demás y eso agrava la enfermedad, más individualistas, más aislados, más separados de los demás, lo que se postula como sana distancia física se convierte en una sana distancia interna que es una distancia muy enferma, patológica y grave.

Quizás el problema no es tanto que no se extienda la infección, quizás no es la preocupación central, sino quienes son los afectados o dañados, los que de alguna manera están enfermos por la emergencia que estamos enfrentando, quizás antes que los viejitos, tenemos que pensar hoy en la gente que está sufriendo porque ya no tiene qué comer, personas que se ganaban la vida día a día, una combinación de ambulantes y otras personas.

¿Qué hacemos por los otros? Esa es nuestra enfermedad, ese es nuestro problema, hemos estado dejando a un inmenso número de quienes viven entre nosotros viviendo en condiciones insoportables, ocuparnos de ellos empezaría a resolver nuestra enfermedad más grave y entonces el virus nos ayuda muchísimo a curarnos, el virus es un camino a la sanción. Es un reto importante ¿qué hacemos para ocuparnos de los que están en este momento en una situación extremadamente grave? No nos referimos al problema del hospital y la falta de equipos, más allá de esa dificultad estamos pensando en los millones que ya hay en México que no tienen para comer el día de mañana.

Uno de los artículos que compartimos nos preguntaba ¿cómo emerge la anarquía en estos tiempos? Y uno de los puntos era no estar solos, reunirte con los grupos cercanos de confianza, sanos, para poder estar sobrellevando el aislamiento físico que se nos está imponiendo. Estar practicando de manera masiva las relaciones virtuales es difícil, compartir el espacio virtual da otra dinámica. En la circunstancia actual se hace útil comunicarnos a través de zoom, redes sociales, replicar información en páginas web. Es momento quizás de tomar los medios en lugar de dejar absorbernos por ellos.

De una manera u otra podríamos estarnos viendo con mayor frecuencia gracias a estas formas de relación humana en la crisis en la que estamos.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *