“…el gran árbol cósmico hunde sus raíces en el inframundo

y extiende su follaje en el cielo. Las nieblas cubren su base.

Las flores coronan sus ramas. Sus dos troncos…son las dos

corrientes de fuerzas opuestas que en su lucha producen el

tiempo”.

 

Una mitad del árbol es “su raíz hundida para formar el

mundo de los muertos, del cual surge la fuerza de la

regeneración” y “es también uno de los dos troncos torcidos”.

La otra mitad del árbol “forma las ramas de luz y fuego en las

que se posan las aves. Entre el follaje nacen y se allí se derraman

las diferentes flores de los múltiples destinos”. 

Alfredo López Austin. Interpretación del árbol florido, en

Tamoanchan y Tlalocan, México: FCE, 1994, pp.225-6. 

 

Queremos regenerarnos. Darle nueva vida a nuestras

comunidades. 

Queremos recordar lo que hemos sido. Rescatar del olvido lo

que estábamos dejando morir. No es para volver al pasado,

para regresar, sino para encontrar inspiración. 

Lo que queremos es tomar nuestro propio camino. 

No estamos extraviados, perdidos, sin rumbo. Pero hemos estado tomando muchos caminos que nos confunden. 

Algunos parecían muy buenos. Nos prometían llevarnos por ellos a formas de ser y de vivir llenas de atractivos. También nos decían que era el camino de todos y para todos. Que era un camino único, nos gustara o no… 

Pero hemos visto que muchos de esos caminos que nos enseñan llevan al abismo. Las promesas no se cumplen. En vez de nuevos paraísos, nos condenan a viejos y nuevos infiernos. 

Queremos recuperar nuestro camino. 

Al caminarlo, queremos ver bien a nuestro alrededor, para tomar de lo propio y de lo ajeno lo que haga bueno nuestro caminar, 

lo que remedie daños, 

lo que cure heridas, 

lo que alivie malestares, 

lo que ilumine oscuridades, 

lo que fortalezca debilidades, 

lo que traiga gozo y esperanza. 

Pero ¿cuál es nuestro camino? ¿cómo distinguirlo en la confusión actual? 

Queremos apoyarnos en lo nuestro, lo que nos pertenece, lo que nos hace ser lo que somos… 

Pero ¿qué es lo propio? ¿qué es lo que aún tenemos? 

¿Cómo reconocer lo nuestro, propio o injertado, de lo ajeno? ¿y cómo saber qué hacemos con lo ajeno? ¿cuáles ideas o cosas podemos usar a nuestro modo y así enriquecerlo? ¿cuáles son las que nos disuelven y dañan, las que debemos apartar de nuestro camino? 

* * * 

En los materiales que aparecen en seguida se encuentran ejemplos y frases de los participantes en los primeros talleres realizados. Son sus propias voces, sus primeras reacciones. 

Al final, incluimos imágenes que los participantes pueden emplear en sus comunidades para compartir en ellas las reflexiones que estamos haciendo en los talleres. 

Junio 2003

La regeneración de nuestras comunidades

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