Relatoría de la Sesión 23.01.2019 – No tenemos proyecto; de eso se trata, vamos caminando.

Iniciamos el conversatorio con reflexiones sobre cómo el progreso parece estár encarnado en nuestro horizonte, como si esa fuera la única vía y lo demás es atraso, así que quienes impiden este progreso tienen que ser eliminadxs. Por otro lado vemos la autonomía de los pueblos como vía de enmacipación que da luz a la creación de pensamiento lejos del aparato de estado permitiendo poder elegir sobre nuestras vidas de forma colectiva.

Una vez más retomamos el comunicado de los zapatistas en el 25 aniversario, se mencionó que a pesar de que el EZLN tiene armas e hizo un despliegue que muestra la organización que practican, ni siquiera bajo ataque directo han respondido con ellas, por ejemplo cuando mataron al compañero Galeano e intentaban iniciar revueltas que justificaran el uso de los militares, tampoco convocan a la acción violenta sino a la organización.

Ante este panorama, un compañero nos compartió su reflexión sobre las comunidades indígenas en Colombia que se ven obligadas a participar en el mercado politíco, que si bien es horrible también representa la opinión pública que ven necesario sostener para ser tomados en cuenta y ganarse el corazón de las personas, pues saben que el genocidio es una posibilidad siempre, por lo que surge la pregunta ¿cómo se forman las redes necesarias para poder ganar el corazón de la gente desde abajo y garantizar existir en un sistema donde el genocidio es latente?

Históricamente en Colombia y México, los indígenas y afros han estado resistiendo pasiva o activamente desde el estado colonial, el estado que los domina, lo que representa una primera reacción de los que ahora llamamos zapatistas es lo que retoma un grupo de comunidades en los años 70 en Chiapas, se da cuenta que están muriendo y es preferible morir con dignidad que en la forma en la que se les estaba matando.

De las batallas más grandes que ha dado el EZLN desde su levantamiento es la batalla por la opinión pública, directamente a través de sus acciones, eventos, comunicados, en el esfuerzo por conectarse con la gente, se desmarcan completamente de la trampa de la toma del poder, se dan cuenta que ese poder sirve para mandar, para controlar y matar, no para construir una sociedad. Se vuelve necesario desmantelar el estado, no tomar aparatos podridos, crear otra cosa que implica vivir al margen del patriarcado y el capitalismo. El ejercicio de Marichuy mostró una vez más la lucha por la opinión pública, no se trataba de llegar al poder o ganar votos, se trataba de recorrer los pueblos y hablar de los problemas a los que se enfrentan sin ser reprimidos.

Ya sea Colombia o México, un gobierno usa la fuerza cuando perdió el poder político y la confianza de la gente. La resistencia de los pueblos le quitó el poder al gobierno y tuvo que usar su fuerza militar, por ejemplo, la guerra contra el huachicoleo en México no esta contenida ni aislada, la violencia no está monopolizada por el gobierno, se ejerce en todos los alrededores ¿cómo enfrentamos esta violencia desatada?

Donde se plantean dicotomías el zapatismo propone otra posibilidad que rompe con el orden y plantea otras formas, nos enseña a no perseguir ser revolucionarios, se abre una posibilidad maravillosa de ser rebelde como posibilidad infinita, se llama a las otredades que no son derecha o izquierda, se plantea desde abajo. La única vía real que nos plantean es la del estado , las elecciones, la democracia, domesticar esta forma de pensamiento es la posibilidad de imaginar un mundo distinto, parece que no tiene forma, los leninistas nos dicen que no tenemos proyecto, justamente de eso se trata, de ir caminando, no se trata de ser la vanguardia o un proyecto político por encima de otro. Nos queda defender la posibilidad de otro mundo y otras formas de organizarnos.

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