Relatoría: ¿Cómo podemos articular otro tipo de ideas, más allá del: si no soy mexicano, qué soy?

CONVERSATORIO CAMINOS DE LA AUTONOMÍA BAJO LA TORMENTA.
Relatoría del 23 de septiembre del 2020

Continuamos tejiendo la palabra con la conversación anterior, donde hablamos acerca del nosotros colectivo y de la idea de ser mexicano. En esta conversación uno de los compañeros inició contándonos sobre el conflicto en España y Cataluña, nos decía que allí hay un enfrentamiento entre separatistas que se sienten catalanes y nacionalistas que se sienten españoles y ambos se sienten muy orgullosos de un sitio para el que no han trabajado, nacer en ese lugar es un evento aleatorio en el que no tenemos nada que ver. Por otra parte, si hablamos de ser ciudadanos del mundo, quizás perdemos el sentido de pertenencia a una cultura o a una comunidad. Tal vez, nos dijo el compañero, hay algo valioso en sentirse mexicano, una historia común, aunque tampoco hay que utilizarlo como bandera de ser mejor que otros.

Ante esta provocación se dijo que en realidad no hay nada que nos ligue como “todos los mexicanos”, no hay una historia en común porque la historia es distinta para distintos grupos. Aunque este mes hemos dedicado varias conversaciones sobre este tema, no hemos profundizado suficiente en el carácter racista de ser mestizo, si vamos a la raíz de la palabra, todos somos producto de mezclas, no hay alguien que no sea una mezcla de distintos pueblos, pero esa categoría se creó precisamente para la exclusión de la población indígena, aún siendo la mayoría del país en ese momento. Es una categoría que tiene el sello colonial y excluyente. Hasta hoy se sigue usando de esa manera, cuando se dice yo no soy zapoteco, ni mixteco sino mestizo, estoy afirmándome en la exclusión de los pueblos indios y hay una noción de cierta superioridad “me encantan los pueblos indios, pero están atrasaditos”, se les ve como una categoría inferior y el “mestizo” sería quien ha ido escalando en las categorías sociales. Quien se afirma como mestizo, se afirma en una condición excluyente.

El Estado nación es muy reciente, hablar de zapotecos, de mixtecos, de nahuas es hablar de pueblos que existían antes de esto que llamamos México. Hablar de México es hablar de un proyecto que lleva años intentando construirse y por eso tiene el discurso de querer imaginar algo que no existe, como es la nacionalidad mexicana y el orgullo mexicano. A partir de la colonización se intentaron destruir todas esas culturas originarias, ante ese vacío se intento implantar la noción de mexicanidad. Aunque no ha tenido un logro total, sí ha logrado perpetuar el despojo que inició con el colonialismo.

Asumirse mestizo implica que pasaste por un proceso racial llamado educación, que se abandonó el vinculo con un territorio, con una cultura y en cambio se aprendió el himno nacional, el español y castellano como la lengua oficial de México; códigos que se impusieron con la escuela. Quienes están tomando las decisiones, en esto llamado México, son mestizos y cuando vienen propuestas desde las comunidades indígenas, como en el caso de Marichuy, es algo que se excluye y no se toma en cuenta, “porque es indígena y no sabe”. El racismo no sólo se refleja en la vida cotidiana sino en la formulación de un Estado que asume que sabe lo que es mejor para las comunidades, imponiendo su visión del mundo a comunidades que tienen otras formas de mirar y actuar en lo concreto. La idea de progreso general y de éxito individual ha estado también racializada, porque para lograrlo tienes que renunciar a ciertas cosas, como a ser indígena o hablar tu lengua.

Uno de los textos de Yásnaya surge en el encuentro “Prohibido pensar” en el CIDECI en Unitierra Chiapas, en él hace una crítica constructiva al lema del Congreso Nacional Indígena “Nunca más un México sin nosotros” y ella formula “Un nosotros sin México”, dándole la vuelta al asunto. El diseño del Estado es la negación de lo que hubo antes, de lo que existió antes, porque se considera retraso, si el decir que ser mestizos tiene tintes racistas, entonces ¿qué vamos a hacer a partir de ahora? ¿cómo sería en la práctica? ¿cómo sería una práctica anticolonial? ¿Cómo podemos articular otro tipo de ideas, más allá del si no soy mexicano, qué soy? Quizás implica voltear a verse uno mismo, mirarse en el espejo, mirar hacia dentro, construir con otras personas, en lo concreto. No basta con negar, entonces ¿cómo actuamos de otra forma? ¿cómo actuamos en consecuencia?

A veces parece difícil entender la identidad mestiza como algo que no existe, ¿qué pasa con quienes nos asumimos mestizos? ¿desaparecemos? ¿nos perdemos?, quizás para resignificarnos en este re-enraizarnos se trate de renunciar a la identidad impuesta pero ¿qué anularía? ¿cómo hacemos esto desde una mirada colectiva? ¿cómo nos enunciamos? Podríamos pensar en una negación que puede cerrarnos, pero también una negación que nos puede potenciar, por ejemplo, al decir no quiero ser Mexicana, entonces nos estamos abriendo a otras posibilidades y a decidir qué sí quiero ser, surge una tierra fértil.

En Argentina la cuestión del mestizaje se vive bastante distinto, porque está muy asentada la idea de que todos son europeos, como que se anula muy rápido la cuestión indígena, entonces decimos que somos mestizos para poder visibilizar que tenemos también abuelas indias, como abuelas italianas, francesas, etc. La gran población, al menos de Buenos Aires se autopercibe española o italiana, sólo por conservar un apellido, negando todo lo demás que existe; los rasgos, el cuerpo, todo lo que habla de esa otra sangre. Cuando se habla de la argentinidad, se toma como comer ravioles los domingos, todo lo que tiene tanta fuerza en lo europeo, como la pasta. Entonces ¿anularíamos la palabra mestizo? Habría que saber cómo usarlo, en algunos contextos, como en Argentina se usa para sembrar la duda ¿estás segura que todos tus parientes son italianos, españoles, franceses? Habría que ser hábiles para saber cómo aplicarla y dónde.

¿Qué es ser mexicano? ¿por qué se inventó eso de unirnos bajo uno solo? Nace con el capitalismo, para eliminar las diferencias, para que todo se englobe bajo un sólo control del Estado, par anegar las comunidades, desaparecerlas: ya no eres zapoteca, ahora eres mexicano, desaparece la cultura, así pasa también con el ser mestizo. La idea del capitalismo es destruir los comunes, lo tienen muy claro, pero a nosotros nos falta pensar en lo común ¿qué es lo común? si ahora nos damos cuenta que lo que nos habían enseñado no es nada. Es difícil porque hemos sido construidos como individuos desde que nacimos, habría que imaginarnos como comunidad, aunque parezca imposible. Crear un lugar de pertenencia, un lugar concreto, que no son abstracciones, sino pertenecer a lo común.

Quizás ser de un lugar implica también enraizarse, echar raíz en el lugar donde se habita, pero también podemos seguir siendo comunidad fuera del territorio ¿qué pasa con las comunidades mixtecas en otros sitios? ¿o las comunidades oaxaqueñas en Los Ángeles? Las comunidades se continúan manteniendo fuera del territorio, y se resignifican, como: Tlahuiyork o Oaxacalifornia.

Al final de conversatorio nos preguntamos también ¿ser anticapitalista es parte de una identidad individual o colectiva? Y pensamos que depende del lugar donde se enuncia, desde el yo o desde el nosotros. Construyéndonos vamos a empezar a ser personas diferentes y ¿cómo lo vamos a llamar? Quizás todavía no lo sabemos, pero se construye en la práctica. Planteamos entonces recuperar la noción del hacer más que del ser, plantarnos más en lo que hacemos que en lo que somos.

Imagen de portada: Shinzaburo Takeda

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