Repensar la Pandemia – 1.junio.2020

Pensamos que el virus llegó para quedarse, y en este sentido, el reto consiste en cómo resistir a las narrativas impuestas desde arriba, a esos modos de vida que destruyen nuestros propios modos de vivir, ¿cómo resistimos a estas imposiciones que vienen con un manejo del miedo, de las armas, del poder en distintos modelos? A partir de estas cuestiones, se retoma la propuesta de Iván Ilich de construir alternativas en el mundo y vivir ese mundo que queremos vivir.

Respecto a la nueva normalidad, encontramos otras de las muchas anticipaciones de Iván Ilich sobre esta crisis sistémica que se está gestando en estas tres instituciones; la educación, la médica y la de transporte. Sus reflexiones además de darnos empujones para ayudarnos a entender lo que estamos viviendo, nos dan esperanza y en este sentido, la epidemia no precisamente viene a cambiar las cosas, sino que viene a hacer evidente que el estado está en crisis y es incapaz de proporcionar los elementos mínimos para la población. Leer a Ilich nos da una oportunidad de entender cómo transitar la pandemia, de cómo abordarla y salir al mundo sin tanta incertidumbre.

Somos dependientes de un sistema de salud que lejos de sanar enferma, que prepara nuestros cuerpos -tanto físicos como sociales- para ser vulnerables y dóciles.  Es importante ahora sanar de la salud, esta situación nos va obligando a recuperar la sanación en nuestras manos. Quizá la medicina alópata no es mala en sí misma, sirve cuando no hay de otra más que medicalizar u operar, el problema como sociedad es que la hemos tomado como una medicina para todo, para un dolor de cabeza, para un mareo y es justo este abuso el que nos trae consecuencias graves, sin olvidar los efectos nocivos de los productos químicos y los tratamientos mal recetados. Es una medicina que se enfoca en el síntoma y no en la complejidad de la enfermedad, es preciso formar un criterio ante un discurso que nos impone los suyos y que además son alejados a nuestro vivir. Empezar a identificar qué nos sirve del sistema de salud moderno y qué no, podría ayudarnos a tener un balance.

La homeopatía por su parte, es una medicina preventiva. Si existe forma de controlar las enfermedades, el miedo etc., hay que tener contextos en los que procurar no enfermarse, gracias a tener una visión amplia en el tema y no preferir tomar una aspirina que arreglar nuestras vidas, quizá la homeopatía nos ayude a entender qué es lo que hay que arreglar en la vida para no enfermarse. Pero también sabemos que la autonomía en las cuestiones del sanarse depende mucho del contexto, a nivel no solo de organismo individual sino de comunidad.

Lo que se dice en estados como Oaxaca y Chiapas sobre recuperar el poder autónomo de sanación, no funciona de la misma manera que en Alemania, de ahí que sea importante mirar el propio contexto al momento de pensar estos temas. En Alemania, los seguros de salud hacen sentir a una persona respaldada, pero es un sistema que no coincide con todas las cosmogonías.  La medicina alopática puede resultar en un choque, a pesar de que a veces se puede utilizar, pero se debe reconsiderar otras formas de sentir lo que a cada cuerpo le hace bien y no generalizar, no recetar lo mismo para todos.

Algunas mujeres Zapotecas serranas comparten sobre la enfermedad, que se trata de un conflicto entre la personalidad y el alma, no nos enfermamos ni sentimos un dolor físico solo porque haya surgido de pronto, ellas relacionan, por ejemplo, que hay un dolor fuerte de estómago o de garganta cuando los corajes no pudieron salir, se quedan en la garganta, en el estómago, y eso que empieza siendo una incomodidad que no pudo salir, se queda en nuestro cuerpo.

Con todo esto, entendemos que es importante poner en dialogo saberes que históricamente han sido reprimidos con saberes distintos, ¿cómo le hacemos para dialogar entre distintos saberes?, en este caso, el conocimiento científico de la salud y la sabiduría ancestral de sanación, y, además ¿cómo pasamos de ese diálogo de saberes a un diálogo de vivires? ¿Y cómo esto puede ayudarnos a evitar esta pandemia y el horror de la sociedad actual?

Estar en un estado nutricional adecuado, tener condiciones de vida digna, resurgir y volver a los mecanismos de cohesión son formas de mantener la salud en los pueblos.  En muchas comunidades se ha ido viendo esto, donde se han cohesionado más las relaciones de organización, y esto genera espacios en donde no ha llegado el COVID o han sido pocos casos. Son pueblos que se sanan a sí mismos con medicina no alopática, tal vez deberíamos mirar a esos saberes que parecen olvidados, para seguir reconstruyendo esta cotidianidad.

Revitalizar los estilos de vida tiene que ver con una recuperación de los saberes ancestrales para llevarlos a la práctica y en este sentido, alimentación es un punto central en esta situación de la pandemia, lo que nos enferma es la falta de energía que hay en los alimentos, la falta de nutrientes, las industrias alimenticias le quitan todo a nuestros alimentos. Pero cuando cultivamos, cuando preparamos nuestros alimentos de manera amorosa el cuerpo siente esta fuerza vital. Por eso es valioso tener autonomía alimentaria y autonomía de la salud, para recuperar nuestro propio cuerpo. Sembremos en un sentido no utópico, no tratando de prescindir de lo que hay afuera, sino de ir recuperando la capacidad de darnos tiempo para generar nuestros propios alimentos, con una conciencia de lo que es habitar el propio cuerpo, la autobservación. Más que curar o no, podríamos encontrarnos esta sanación como esta forma permanente de habitar los cuerpos.

Para recuperar la autonomía de nuestros cuerpos, pudiéramos darnos luz, de los ejercicios de mujeres en donde enfocan sus cuerpos como territorio y a partir de esto, identificar las violencias, las emociones que nos afectan, las enfermedades que solemos tener y los desequilibrios para ir haciendo un mapeo de qué alimentos estamos ingiriendo, qué es lo que en verdad necesitan nuestros cuerpos y de esa manera sanarnos.

Otro tema importante en la sesión, es el miedo. Alemania como muchos otros países están siendo inyectados por el pánico de un discurso de ultra derecha. El miedo no es malo en sí mismo, pero el miedo que experimentamos actualmente es un miedo social, es un miedo controlado, que nos están metiendo por medio de la desinformación, la sobreinformación y la información manipulada. Si empezamos a identificar estos aspectos tenemos elementos para enfrentarnos a esta nueva normalidad. Es importante tener acción y formar parte de las decisiones de cómo voy a regresar y cómo no voy a regresar a la “nueva normalidad”, contextualizándolo desde donde cada uno vive.

Los policías en las calles nos generan más miedo que seguridad. Hace un mes, la gente celebraba esta entrada, pero con lo que ha pasado en Estados unidos, se han ido destapando tantos casos de abusos policiales, de asesinatos, que ya casi nadie se atreve a defenderlos. Más que sentir seguridad, tenerlos en las calles, nos da la sensación de que algo malo pasará.

Ligado al tema del miedo, se retoma otro tema importante, el uso de los aparatos electrónicos y las redes sociales en el confinamiento. Esta ilusión de que el virus es algo que no tiene que ver con nosotros y que simplemente padecemos, esta idea de que hay que enfermarnos lo menos posible y morir los menos posibles, -cuando en realidad lo peor que puede pasar son las condiciones sociales-, son situaciones repliegan directamente del internet, este acudir inmediatamente a esa forma de información conlleva también al alejamiento de la vida concreta y real, esto es parte de la misma pandemia.

La pandemia vino a restructurar las relaciones, puede ser para mal o para aprovechar esta apertura, ha sido una oportunidad para encontrarnos aún en la distancia, para tejer redes y conectarnos para seguir reflexionando y resistiendo, por ejemplo, hay redes feministas de apoyo contra el tema de la violencia doméstica y abuso. También, se ha ampliado el horizonte y la posibilidad de vincularnos con otros países y regiones de México, pero esto también conlleva a un agotamiento, a una falta de contacto físico, la comunicación no fluye porque no se sienten los unos con los otros.

En este sentido, es también importante preguntarnos ¿qué tanto estamos retomando los discursos de guerra a través de los dispositivos y los hacemos parte de nuestra realidad?, ¿de qué manera estos dispositivos han generado también dependencias en nuestra vida? y ¿cómo podemos ir a contra flujo de la codependencia tan fuerte a estos dispositivos en los momentos de encierro por la pandemia?, intentando crear formas de escapar y de no entrar en el pánico de una realidad construida a través de los medios y el internet.

Es importante repensar como podemos resistir la inercia que el sistema nos arroja de estar dependiendo o sobreexplotándonos a través de la pantalla generándonos este agotamiento, quizá sea importante generar otros tipos de agotamiento que se asocien más a la creatividad, al juego, esos que la oferta de estar conectados todo el tiempo ha matado.

Tal vez, hay que retomar la crítica nuevamente no desde la abolición sino desde la resignificación y desde atribuirle la utilidad y no la contraproductividad. Sin dejar de identificar estos dispositivos como medios, como herramientas para replicar fragmentos de la realidad y no tomarlos por la realidad en sí misma, tampoco personificar las herramientas, hay que distinguirlas de nosotros y nosotras.

Los retos que nos pone esta manera de relacionarnos son interesantes, pero los dispositivos llegaron para quedarse y debemos de utilizarlos de la manera más convival que podamos sin que sustituyan lo presencial, porque esto a la larga rompería la comunidad. Sin embargo, hay que hacer uso de estas herramientas para ampliar nuestros horizontes de comunicación.

Para finalizar…

En esta sesión también se tocaron temas como la efectividad del cubre bocas. De acuerdo a algunos textos publicados, se considera que no se puede concluir si estos resultan realmente efectivos o incluso, que tengan los efectos totalmente contrarios.

Un tema dejado en el tintero fue; repensar las enfermedades socialmente construidas, por ejemplo, lo que ha pasado con la ansiedad durante la pandemia.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *