¿Salud o sanación?

CAMINOS DE LA AUTONOMÍA BAJO LA TORMENTA
21 de octubre de 2020

Es difícil la construcción de un nuevo lenguaje, pero, nos estamos cuestionando las palabras que utilizamos y es preciso preguntarnos por ejemplo, ¿qué entendemos por la palabra salud?, entre nuestras respuestas están: un centro de “salud”, la ausencia de enfermedad, no tener gripa -aunque se tenga la presión alta-, un brindis, la gravedad, ausencia de síntomas, el equilibrio de bacterias o de sistemas inmunes; la palabra salud es algo que se nos ha enseñado, pero también se ha resignificado y puede ser también un ejercicio constante de autorresponsabilidad hacia un buen morir. Con la pandemia ha tomado otros significados, por ejemplo, no tener covid-19 ahora es tener salud.

No estamos de acuerdo en su significado, hemos sido invadidos por los vocablos que están vacíos de significado y llenados con cualquier cosa. Tenemos un lenguaje colonizado que nos hace ver cosas que no son nuestras, los pueblos originarios no tienen palabras para salud porque es un invento moderno que no significa nada y quizá no deberíamos usar, es una palabra que somete a control, que nos hace recurrir a una institución para que nos resuelva el problema. Nosotros mismos nos definimos ahora en términos médicos, “mi riñón está mal” ¿cómo hemos logrado separar un órgano de nosotros mismos?, debemos buscar palabras para expresar lo que queremos decir. El lenguaje también puede ser una forma de denuncia, es una forma de construir un nosotrxs, quitar el problema y construir soluciones puede ayudar al crecimiento colectivo.

Aunque, a veces hay choques y dificultades para entendernos. Si estamos construyendo otro tipo de lenguaje, ¿cómo sería nuestra relación con quienes no se están viendo en estas transformaciones del lenguaje?, ¿con quién nos vamos a comunicar? El lenguaje es social, no sólo colectivo y a veces es muy difícil comunicarse. Antes de cambiar el lenguaje, primero hay que cambiar la visión del mundo que queremos, por una parte, implica retomar el sentido a las palabras y por otra, dejar de usar palabras que no tienen sentido. Muchas veces nombramos lo que no somos o lo que no conocemos y le ponemos una etiqueta porque en realidad no sabemos a lo que nos estamos refiriendo. Pero también hay quienes más allá de preocuparse del cambio del lenguaje, lo hablan directamente, y no solo con la voz, con el cuerpo y lo cotidiano. Hay que ir más allá de la voz y la palabra, hay que practicarla, las cosas solo se pueden transmitir en el hacer, y al transmitir hay un diálogo, no solo con personas, también con la tierra, y se trata de proyectos de vida.

No nos damos cuenta que la cura está en nosotros mismos, en las plantas. Hay que diferenciar la sanación y la medicación, muchas veces nos medicamos sólo para simular que nos atendemos, pero no con la intención de solucionar el problema, sanarnos es un proceso que no precisamente va al síntoma, sino a lo que está provocando el síntoma. A veces no encontramos en las plantas la inmediatez que queremos, implican un proceso de tomar la responsabilidad en nuestras manos al que no estamos dispuestxs, y preferimos algo que es más fácil, lo que nos hace seguir en la superficie, entreteniendo la enfermedad y haciéndonos creer que nos curamos, perdemos el ritual que también es sanador y las conexiones con los otrxs, que a veces, son lo que en verdad nos cura.

La enfermedad no es una sola, son un conjunto de elementos los que la hacen surgir, por haber un desequilibrio entre el hombre y la naturaleza, cuando alguien se enoja en la madre tierra, es cuando se enferma, porque pierde el respeto con la tierra. La palabra salud en zapoteco no existe, existe el “que estés bien”, es más una conjugación de amor. Si hay que pedir perdón a la madre tierra, se hace un ritual con aguardiente, mezcal, pollo, etc., se trata de una relación muy distinta a la medicina alópata. 

La medicalización alópata es más bien un negocio, la diabetes se ha convertido en uno grande con la venta de la insulina, pero la misma medicación es incapaz de enfrentar estas enfermedades graves, nadie sabe con exactitud qué es la diabetes, lo expertos discuten sobre sus síntomas y se atienden los síntomas sin estar viendo el origen. A veces el origen de esta enfermedad tiene que ver más con la forma en cómo nos relacionamos con los demás, a veces hace falta también una dieta, y aunque se diga que la diabetes no tiene ninguna cura, hay muchos casos que demuestran lo contrario.  El catarro tampoco se ha curado, la industria da remedios para síntomas, no hay medicina que quita el catarro. Ahora con el covid-19, hemos visto que el sistema de prevención es más bien para proteger al sistema de salud y no a nosotrxs.

Nuestras estructuras mentales desde la ciencia están alejadas de nuestra cotidianidad. La televisión nos dice cómo quitarnos una gripa, se promocionan ahí tantos medicamentos que incluso nos hacen omitir las consultas, y no sólo eso, recomendamos los medicamentos entre nosotros mismos como un teléfono descompuesto. Vemos la salud en la inmediatez; dormir el dolor más que curarnos, buscamos perpetuar la existencia, con ese miedo a morir, a sentir dolor, pero la salud es la base de muchos campos de la vida, y va más allá de enfermedad y cura.

Otro tema importante es sobre las vacunas, pues van a ser un problema político mundial muy grave y sabemos que la vacuna puede ser mucho más riesgosa que el virus, -por ejemplo, el autismo se atribuye a una serie de vacunas-. Hemos estado luchando con los transgénicos, porque estas semillas son dañinas y peligrosas, pero, todas las vacunas que están experimentándose ahora, salvo la rusa, nos volverían transgénicos a nosotros, no es una vacuna habitual, cambiaria nuestro sistema genético.

No se trata de despreciar los logros de la ciencia, quizá no responde todo, pero se van observando ciertas cosas. La ciencia ha contribuido a la vida larga, pero no a la vida buena, aunque, ¿qué es la vida buena?, eso cada grupo lo tendría que definir. La medicina tal vez se pueda completar con las formas locales de sanación y si se puede, sustituirla con otras alternativas, no conviene crear imposiciones demasiado contradictorias y polarizadas, sino que coexistan mutuamente y no se excluyan una de la otra.

En el tema de la depresión visto como un problema de salud mental, divide la mente del cuerpo, no podemos hacer esta división, nuestro cuerpo no existe sólo. La depresión es un síntoma del capitalismo, ambos van en aumento, y esto es porque se le pone un valor a la vida humana, se vuelve más fácil morir y tratar cuerpos enfermos. La depresión no es solo estar triste, es una epidemia mundial de que estamos cansados del poco valor que se le tiene a la vida, de no tener tiempo de descansar, de comer bien. Los Zapatistas relacionan las enfermedades mentales con el miedo, ¿qué serian los padecimientos mentales abordados desde otra perspectiva?

Quedan en la mesa el tema de ¿cómo sabemos que sabemos? Creemos las cosas porque la ciencia las dice, ¿a qué le estamos llamando ciencia? ¿Por qué las políticas que se imponen siempre lo hacen desde la ciencia?

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