“No nos vamos a parar ni a pedir disculpas por los vidrios rotos y las paredes pintadas”

Desde la insurrección de las compañeras feministas hace un par de semanas, nuestra palabra en el conversatorio ha retornado a la reflexión de lo que vimos más allá de la coyuntura, queremos explorar pensamientos de fondo que nos pueden dar luz sobre lo que nos tocaría a hacer. Compartimos la idea de que existe una reacción muy virulenta del patriarcado, viéndose acorralado por la conciencia, la denuncia, y la acción de las compañeras. Las protestas hoy son evidentes, por más que el sistema busque contener y cooptar la protesta social, sin embargo, también sabemos que no basta con las marchas, por eso nos preguntamos: ¿qué hay más allá de salir a protestar? ¿Que sigue después de desatar la furia y la rabia? ¿Esperar? O ir construyendo un mundo otro. Un mundito. ¿Cómo nos apoyamos, cómo nos articulamos unos a otros?

Pensamos que es hora de entender, acompañar, y acostumbrarnos a la idea de que las mujeres están tomando el liderazgo de un cambio largamente esperado. Ante el horror, es preciso reconocer la magnitud del desafío, y admitir la responsabilidad como varones de la situación, no basta la solidaridad porque de alguna manera somos autores y cómplices del desastre. Con las críticas hacia la protesta, pareciera que nos da miedo lo indómito, lo salvaje, lo femenino, y hemos, los varones, construido una vida artificial, una vida sin vida, comida hecha de vitaminas, de transgénicos, desprovistas de naturaleza, enriquecida de artificios, envolvemos todo en plástico. Destruimos la conexión que nos une a la tierra. Desde que la humanidad comenzó a caminarse, su historia la ha hecho el varón, construyendo su forma artificial de vivir, matando lo vivo, matándose a sí mismo. Nos preguntamos ¿Cómo desaprendemos el patriarcado? ¿Cómo nos quitamos eso que se llama patriarcado? Cómo construimos una vida más diversa, donde cultivemos la vida y no la muerte, ¡donde viva la vida!

Vemos que son las compañeras quienes tienen ese cuidado de la vida, que lo practican, que siembran, que cultivan, quizá nos falta un mirar y buscar más hacia adentro, quizá nos falta feminizar la vida. Cuidarnos mutuamente, cuidarnos en colectivo. Nos hace falta llorar más, y purgar de nuestras vidas el patriarcado. Como una especie de síntoma, admiramos héroes, y sobre esas estatuas de héroes construimos países, construimos una memoria, y dejamos de lado a las heroínas que actúan en las historias, siendo revolucionarias, pioneras, avanzadas de movimientos sociales, que han sacudido sus tiempos. Tenemos que reconciliarnos con nuestro linaje femenino ancestral y saber de quiénes venimos, de qué mujeres fuimos paridos. Practicar el entendimiento, el cariño, el amor, en lo cotidiano, respetar las vidas, nuestras vidas y abrir nuestros corazones.

Pensando como un indígena, sobre cómo se ve la situación, la situación de violencia de mujer, nos preguntamos ¿por qué existe tanta violencia? ¿Por qué existe ese derecho de agredir? ¿quien le da permiso al hombre de ofender a la mujer? vemos en las ciudades los feminicidios y una gran cantidad de homicidios. Uno puede venir aquí y solo hablar, pero no se trata de eso, se trata de una tarea que tenemos como padres, como abuelos, como gente de una comunidad, hacia donde va uno. No puede uno repetir los errores. Podemos ver estos procesos históricos como oportunidades para preguntarnos hacia dónde vamos y que hacemos. Contamos también que antes no se escuchaban muchos casos de violaciones sexuales en las comunidades y no porque no sucedieran, sino porque es algo que no se cuenta. En una comunidad – como mucha otras en Oaxaca – sucedió que un señor intentó violar a su sobrina, pero al final la comunidad y la familia quedaron en que “como es entre familia no había que hacer las cosas más grandes” y que dijeron que iban a perdonar al señor y que se iba a quedar todo en un arreglo de la comunidad y no es que no sucedan estas cosas, sino como dice el dicho “la ropa sucia se lava en casa”, si sucedió en la familia, bueno, pues no hay que decirlo, si sucedió en la comunidad, bueno pues aquí lo arreglamos.

Reflexionando desde la biología, vemos el bosque con distintos tipos de árboles, pero abajo, desde las raíces, se están comunicando y relacionando. Los bosques, como ecosistema, funcionan porque los árboles se comunican través de sus raíces. El bosque, aparte de ser un ecosistema, es un súper organismo vivo en sí mismo, en donde se están comunicando constantemente los diferentes tipos de árboles. Vemos el nosotrxs como un bosque y en ese bosque hay muchas especies de árboles, que formamos una diversidad. Lo interesante es que estamos construyendo algo nuevo, pero que no es visible.

Comentamos que es importante compartir la experiencia de hablar y abrir el corazón, sin miedo, recordamos el compartir las palabras de las compas zapatistas en el encuentro de mujeres, pero también comentamos que hay encuentros de cotidianos entre mujeres, que se están dando todo el tiempo , que aunque no tengan objetivos político definitivos, se presentan en todos lados, y no hay que pensar solamente en los encuentro de mujeres grandotes, o en los des-encuentros, sino también en los pequeños y más cotidianos encuentros.

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