Iniciamos con tres preguntas o provocaciones de la relatoría pasada la primera es ¿tenemos claridad cuando se está desafiando al sistema? La segunda está relacionada con la polarización de las izquierdas, en particular en contra de la experiencia zapatista, ¿cómo recuperamos la palabra y el acercamiento? ¿cómo no nos convertimos en enemigos? Y la tercera en relación a Venezuela ¿cuál sería la perspectiva y la opinión de los pueblos con lo que está sucediendo allá?

En cuanto a la primera pregunta, los pueblos de Oaxaca llevan décadas o siglos, yendo más allá del sistema democrático en sus comunidades, pero no se planteaban estar desafiando a la democracia, simplemente así han organizado su vida. No se planteaban un desafío al sistema y sin embargo, lo hacen. Muchas veces, ni siquiera tenemos conciencia de estar dentro de un sistema o no es claro a qué le estamos llamando sistema. Normalmente hablamos de un régimen dominante y hemos dicho que este régimen está compuesto fundamentalmente por el corazón patriarcal, que tiene cara capitalista y encuentra su expresión en el Estado–nación–democrático, que es la forma política del capitalismo. Hemos estado usando la palabra sistema porque hemos dicho que ese régimen ha tomado la forma de un sistema en el que todos nosotros somos subsistemas de ese sistema y ya funcionamos dentro de ese sistema, guiados por ese sistema, corrompidos por ese sistema. Hemos dicho que uno de los principales enemigos lo tenemos adentro, el sistema patriarcal lo tenemos adentro hombres y mujeres y es una de las principales cosas de las que tenemos que librarnos y que también las formas capitalistas de existencia las tenemos adentro.

Hemos discutido ¿cómo enfrentamos el horror de este sistema que está llegando a sus extremos de violencia, de destrucción, de desmantelamiento de todo lo vivo? Básicamente discutimos que hay dos opciones, una es que hay que cambiar ese sistema y ese régimen, y otra que dice no hay nada qué hacer con el sistema, no tiene remedio y hay que empezar a hacer otra cosa, entonces la discusión que teníamos es saber cómo y cuándo un entramado, grupo o colectivo está realmente rompiendo con el sistema, o cuándo es nada más una reproducción del mismo.

Hay ejemplos de comunidades que están dentro del régimen dominante, lo que algunos, como Victor Toledo, llamarían “otro zapatismo”, sin embargo, estas cooperativas o proyectos están dentro del régimen dominante, porque siguen siendo propiedad privada, aunque tengan la forma de cooperativa. La forma cooperativa es una de las formas de existencia de capitalismo. El patriarcado estableció un sistema jerárquico, donde hay quienes controlan y quienes obedecen, entonces cuando nos presentan una iniciativa o colectivos, nosotros, lo primero que debemos preguntarnos es si se está disolviendo o no la jerarquía. Ejemplos de esto lo tenemos con las comunidades zapatistas y las kurdas de Rojava, una de las primeras cosas que hacen es disolver toda la jerarquía.

Entre nosotros hay quienes pertenecemos a colectivos y organizaciones que tiene como principal punto ser antisistémicos, principalmente en el eje anticapirtalista y antipatriarcal. Nos preguntamos principalmente qué es sistema, poder y estado. Había personas que no sabían qué es un sistema y tampoco hay una traducción de esa palabra, por ejemplo, a las lenguas indígenas como el mazateco. La discusión fue interesante, al principio dijimos que el sistema estaba en todos lados, pero vimos que más que ser una cosa física, es un entramado de relaciones. Como el colectivo del que hablamos está en la Sierra Mazateca, se reivindica a Ricardo Flores Magón en cuanto a ciertas ideas, por ejemplo, él decía, en 1910, que el génesis del comunismo eran las formas organizativas de los pueblos originarios. Nosotros no sabemos si comunistas, pero sí sabemos que son otras formas de relacionarnos, incluso pre y pos y alternas al capitalismo. En cuanto al patriarcado, no terminamos de entender qué es exactamente el sistema patriarcal, pero sí quisimos empezar a crear un balance y adoptar una postura radical frente a problemas que tenían que ver con la violencia hacia compañeras. También nos posicionamos frente al Estado y gobierno, dijimos que no estamos en contra del gobierno porque creemos en los gobiernos autónomos locales, basados en el sistema tradicional. Somos conscientes que las comunidades tienen fuerte influencia de la iglesia, pero es una buena forma para empezar a trabajar la lucha anticapitalista. Lo que sí rechazamos es el Estado en las comunidades, porque pone categorías a las personas, por ejemplo, los indígenas como categoría frente al Estado y su lugar de dominación y que por muy pensado y meditado, cualquier asunto con el Estado siempre será una relación de dominación, porque el poder es estructural. Dentro de los planes y las propuestas, vimos que la guerra contra los pueblos, más que ser frontal y directa, es integral; es económica, de relaciones, de dependencia, entonces consideramos que también nuestra resistencia tenía que ser integral, propusimos crearnos una economía propia, sacar de nuestra convivencia las relaciones de poder y dominación, las relaciones verticales. Así es como hemos ido caminando poco a poco. En la lógica económica, quizás todos somos pobres, pero somos dignos.

En los pueblos, a la gente originaria le ha entrado la idea de que el desarrollo está en la educación, como padre se tiene el deseo de que los hijos se preparen, se piensa que los profesionistas pueden negociar con el Estado para los recursos. Actualmente, la asamblea ya está manipulada por los partidos políticos, por las sectas religiosas, por los intereses personales, entonces al compararlo con la lucha zapatista, veo que ellos son totalmente independientes de Estado, del capitalismo, están creando su propia educación, su medicina tradicional, están recuperando el principio comunitario. Me duele, porque soy zapoteco y serrano. La profesionalización fue para el beneficio del Estado y no para el beneficio de la comunidad, me refiero a que los profesionistas, en lugar de fortalecer su lengua, su cultura su agricultura y su propia autonomía, están defendiendo al capitalismo y es donde rompe los principios comunitarios. Tenemos que trabajar mucho, con los niños y niñas, cómo recuperar esos principios.

Poder es una relación, no una cosa, es una relación en alguien a quien se le atribuye el poder y alguien quien obedece. Parte del problema empezó muy claramente con la escuela, no hay sistema más despótico que el de la escuela, ahí quizás los niños no aprende a contar, leer o escribir, pero sin duda, aprenden a obedecer. Esa es la parte más perversa de los elementos de poder, que la gente sale acostumbrada a la idea de que hay alguien arriba que tiene el poder y todos los programas sociales van acentuando y recreando ese principio de poder y van contaminando a la asamblea, que finalmente no tiene condiciones de poder. Principalmente, la asamblea tiene instrumentos prácticos y herramientas prácticas para aplicar y materializar la voluntad de la asamblea, que es una decisión colectiva, donde no hay un poder, se ejerce el poder de la asamblea mediante herramientas prácticas que en realidad no subordinan a la gente o a una persona a alguien que tiene el poder, si no que la subordinan al poder del que él o ella es parte. Esto implica que no hay subordinación, implica que cuando uno es parte de la asamblea, entonces la asamblea no está por encima de mí ni tiene un poder por encima de mí. Lo que pasa es que eso ha estado sufriendo un deterioro, de pronto el presidente municipal, que era el administrador del ramo 28, de los programas sociales empieza a tener un poder concreto y la gente está acostumbrada a subordinarse a una persona que tiene un poder completo. En principio la asamblea no hay un elemento perverso que lleve a una estructura de poder, lo que pasa es que el municipio está inmerso en un esquema que la está corrompiendo.

Aquí planteamos la cercanía en oposición a jerarquía, suficiencia en oposición a escasez económica y autonomía en oposición a heteronomía. Incluso en Oaxaca podríamos hablar de Guendaliza’a o comunalidad como oposición a la heteronomía.

Continuando con nuestras preguntas, seguimos pensando cómo no nos convertimos en enemigos, ante la polarización política, en específico de las izquierdas, cómo recuperamos la palabra y el acercamiento.

Hay muchas cosas que podríamos hacer para no convertirnos en enemigos, buscar espacios de encuentro, formas de diálogo, etcétera, pero, al mismo tiempo, hemos dicho que estamos en guerra y en una guerra no se puede ser neutral. Probablemente desde el momento en que antagonizamos y creemos o creamos esa polarización, no hay diálogo posible. Podríamos eliminar eso de creer que hay un lado bueno o un lado malo, quizás hay muchos lados buenos o muchos lados malos. Calificar al otro de estar en el lado opuesto o equivocado no funciona. Quizás es posible caminar a pesar de las diferencias, ante un enemigo común.

Muchas veces también, no tomar un posicionamiento claro frente al conflicto nos pone en un estado de indefinición, que lo único que hace es reforzar el poder. No tener una definición clara de lo que pasa, refuerza incluso el conflicto. A veces no tomar posición por nadie, podría reforzar al sistema.

Al definir al enemigo y a lo que no queremos, no estamos definiendo en estricto rigor personas, cuando decimos que somos anticapitalistas no estamos diciendo que Carlos Slim es nuestro enemigo, si le quitamos al enemigo el carácter personalizado, entonces tenemos que ver contra qué es con lo que estamos luchando y cuál es ese guerra de la que estamos hablando, quizás en esa circunstancia, cuando las personas no encarnan al enemigo, aunque circunstancialmente aparezcan enlazados al enemigo, pero podemos establecer una distinción entre ellos.

Nos tocaría también hablar sobre Venezuela. En estos últimos días, quienes han estado pregonando la democracia –Estados Unidos, países europeos, Canadá– asumen públicamente que la lucha por la democracia significa reconocer a alguien que no tienen ningún fundamento democrático, es decir a Guaidó, que la lucha por la democracia implica desconocer a un señor que llegó a donde está por una elección, que cumplió todos los requisitos de una democracia formal. Cuando hacen esto, ya no se sabe a qué se refiere la palabra democracia. En el mismo momento en que se está está demostrando que la democracia no es más que una expresión directa de una estructura de poder capitalista, con toda claridad Guaidó y Trump lo que dicen es que quieren todo el petroleo de Venezuela, que eso es lo que se está discutiendo. Sigue siendo parate de una guerra fría que es una guerra económica, la democracia termina siendo un juego de poder, un ejercicio de dominio para la defensa del capital. ¿Cómo se puede entonces hablar de democracia?

Al mismo tiempo, los chalecos amarillos en Francia, convocaron a la Asamblea de Asambleas en Commercy (Meuse), Francia. Desde hace tres meses vienen diciendo “no al sistema de representación, no a eso que llaman democracia”, es un sistema de opresión, opresión económica, política y social y tenemos que ver cómo nos deshacemos de eso. Hablan de los problemas concretos de la gente, no de definiciones abstractas, nos dicen que ya no quieren más a Macron, pero no están buscando sustituirlo, no están buscando crear un nuevo partido, no creen en ningún partido ni en nada de arriba, no quieren tener líderes sino asambleas. Una de las cosas que dicen es “nuestra fuerza está en nuestra diversidad”.

En el caso de México, parecería que es el único que está planteando lo contrario al desmantelamiento del sistema educativo ¿es finta? El tema de la reforma educativa es algo que ya no está tan claro.

Bolsonaro y AMLO dicen que se dirigen con la moral y la ética, entonces ¿en qué momento AMLO será capaz de actuar con las mismas políticas que Bolsonaro? ¿qué lo va a distinguir de un gobierno de ultra-derecha?

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