Transitar la realidad – Género vernáculo, desobediencia y buen vivir

En esta ocasión leímos dos capítulos del género vernáculo de Ilich, también nos guiamos de otros textos como tiempo de desobediencia y la correspondencia entre Boaventura de Sousa y Gustavo respecto a este artículo y, por último, leímos un texto de The Lancet sobre el covid-19 y el concepto de pandemia.

En el artículo, al igual que en su correspondencia con Boaventura de Sousa, Gustavo nos invita a empoderarnos desde abajo con acciones colectivas. Estamos rebasados con la pandemia, son mil construcciones de lo que es esto y a veces es ridículo afirmar o negar cualquier cosa, para muchxs ciertas cosas caen en la teoría de la conspiración, pero, ¿cómo los intelectuales demuestren que no es cierto?, los hechos hablan por sí solos y no hay que ponerles mucha interpretación para decir que sí, que hay un nuevo orden saliendo de todo esto. Respecto a la desobediencia, hay cosas que no se pueden desobedecer porque se cae en la irresponsabilidad, pero una cosa es salir y ganarse la vida y otra es meterse en bares nada más para tomar una cerveza. Ahora en las elecciones gringas cuando se dio a conocer el resultado, mucha gente salió a la calle a celebrar y la euforia nacional hizo olvidar que había confinamiento, es irónico porque muchos de los que estaban celebrando, votaron por Joe Biden por la mala organización de Trump respecto a la pandemia, son personas que señalaban a los que no usaban cubrebocas, pero,  si queremos juzgarlos con la misma vara nos lleva a pensar en que la vara es lo que está mal, porque incluso para la pandemia puede ser más relevante sacar al monstruo naranja que unas horas específicas de confinamiento o el uso de la mascarilla, el problema es que se vuelve un discurso que cada quien empuña con su propio poder y dado por sus propias circunstancias. Es desafortunado cuando son intelectuales de clase media, con educación universitaria, casa propia, con todos los servicios, los que ponen el dedo a quien sí tiene que salir a trabajar, no se analizan las condiciones sistémicas que se señalaban en The Lancet, es un dialogo de locos.

Dice Gustavo, que el problema que estamos enfrentando es totalmente objetivo, no es que haya una especie de conspiración, da una serie de evidencias y de claridades que uno no puede dejar de aceptarlas, Boaventura contestando también lo hace. Es interesante cómo la postura de Boaventura es matizar la invitación de Gustavo, como si este fuera un radical que se puede pasar, pero la invitación de Gustavo es lo que hay, no es radical, estamos en una situación muy desesperanzadora, y eso entristece.  Es muy interesante discutir la cotidianidad, como lo hacemos en este grupo de estudio, es uno de los temas que han surgido, volver a lo que sentimos, a nuestra escala de percepción, y como se ve esta cooptada por a veces estrategias de corte político.

Para algunos estar en casa no representa un cambio desfavorable, pero hay mucha gente que se la está pasando muy mal, en el texto de Gustavo hay una sensibilidad respecto a que no todos estamos pasando por este confinamiento y por esta pandemia de la misma manera. La desobediencia no siempre se vive de la misma manera, hay quienes no sienten esa limitación del exterior, pero sí una responsabilidad y una consideración por la gente que está afuera. A veces está la duda de si el virus existe, cada organismo es distinto, la subjetividad importa mucho, el sistema inmunológico depende mucho más de cómo nos sentimos que de factores fisiológicos y externos, pero las circunstancias de todos son las mismas. Es difícil empujar la idea de desobediencia, es difícil compartir cómo te sientes y cómo estas sin dominar el pensamiento de otros, este grupo al menos nos permite escucharnos, no estamos tratando de convencernos unos a otros, y eso a veces es más enriquecedor, no intentamos crear un discurso común, ni una escuela con un discurso único de la pandemia, pero sí vamos compartiendo narrativas, ciertos símbolos y cuestiones que nos hacen sentir cercanxs.

Ha habido mucha preocupación por la pandemia y de pronto todas estas crisis de la sindemia siguen su curso normal, siguen varias mujeres en esta situación de violencia, compas autogestivos siguiendo con el trueque, que siguen replanteando esas otras economías. En la ciudad se empiezan a mover estas alternativas, en la comunidad realmente no ha cambiado nada, ahora con el 2 de noviembre se cerraron los panteones en las ciudades, pero en las comunidades este no es un tema porque no hay tanta población ni tampoco son espacios cerrados, en las comunidades sigue la vida cotidiana, se siguen visitando unas a otras, no hay gran efecto de la pandemia. La desobediencia a la que nos invita el articulo tiene más que ver con no permitir que estas reglas que se imponen rompan lazos o vayan a dividir porque esta pandemia es el aislamiento, el no compartir, el no contacto y eso tiene algo de peligroso, habría que ponerle atención a cuidar esos vínculos, cuidar ese sentimiento de comunidad. En la ciudad los espacios son distintos, no hay tanta conexión con la naturaleza y la tierra, y a veces nos prestamos a autoritarismos. ¿Cómo hablarles a las otras personas sin caer en este dogmatismo y comprendiendo de dónde vienen sus miedos?

Los artículos y las respuestas son interesantes, reflejan la división o polarización que existe entre nosotrxs y los posicionamientos que adoptamos frente a la pandemia, toca lo ideológico, lo político, etc. El llamado a la desobediencia se ha reflexionado desde que empezó este espacio, al principio lo hablábamos como una idea, ahora tenemos elementos para decir cómo lo estamos haciendo sin que desobedecer implique poner en riesgo al otro. El artículo de gustavo no está llamando a la irresponsabilidad, sino a tomarnos tan enserio el asunto de cómo le entramos al cuidado no sólo propio sino también mutuo, el cuidado mutuo se va entendiendo y se practica en aspectos como cuidar nuestra alimentación, no se limita al uso del cubrebocas y los geles, sino a qué comemos y cómo nos vinculamos con los otrxs como un acto político, es importante desobedecer porque lo que nos promueven desde el estado es imposible y atenta contra la salud mental y física, somos los responsables de generar nuestras estrategias y aquí entra la dificultad, porque nos gusta más recibir la orden y las reglas ya que al hacerlas nosotros implica compromiso, responsabilidades, dialogo, reformulación y se hace cansado porque no estamos acostumbrados a ejercer nuestra capacidad de acción, no estamos acostumbrados a ejercer, a juntarnos en asamblea. El llamado a la desobediencia puede ser riesgoso porque hay que especificar mucho a que nos referimos con desobedecer.

Es interesante cómo la palabra desobediencia puede resultar tan inquietante en muchos aspectos, en Alemania con la segunda ola han venido nuevamente muchas nuevas leyes que cada semana cambian y con el tema de qué es lo que se puede o no hacer, se pierde la capacidad de preguntarse con quienes cree el estado que está dialogando, las leyes vienen de arriba y muchas veces nos hacen sentir sin capacidad para discernir lo que en un determinado momento se puede hacer o no. ¿Por qué el artículo de Gustavo fue tan controversial?, la posición no era simplemente oponerse o decir que estamos ante una pandemia inventada, sino que el capitalismo antes de la pandemia había creado las condiciones para estar en un estado de emergencia a nivel global, la sindemia, bajo la perspectiva de una mirada global de lo que estuvo sucediendo antes de la pandemia, no parecía un artículo controversial, pero si se mira más superficialmente quizá pudiese haber parecido eso. La palabra o el acto de desobedecer para algunos no significa un acto de irresponsabilidad, sino un acto de conciencia de qué es lo que realmente está sucediendo y cómo confrontar, si se ve como un hecho aislado, como algo que va a pasar, o como un proceso global que se ha venido cocinando desde décadas atrás y que ahora ha explotado y no sólo con la pandemia. Tomar en serio la palabra sindemia se puede conectar con otro gran tema que es el patriarcado, no es solamente un virus que anda suelto sino una cosa más compleja y conectada con otras cuestiones, cómo el patriarcado y la instauración, la obediencia, la jerarquía, la pérdida sistemática de autonomía, etc. ¿cómo buscar la creatividad para hacernos cargo de la propia vida?

A partir del proceso que hemos vivido nos fuimos encaminando a un ejercicio de desobediencia o por lo menos se plantearon algunos temas y acciones específicas con respecto a la desobediencia, ¿desobedecer a qué?  al modelo de alimentación capitalista, (y eso se está dando en muchos de nosotros), sabemos que el remedio más efectivo para este virus son las defensas altas. Desobedecer ante la medicina occidental, hoy en día en Bogotá es cada vez más fuerte la medicina tradicional, la gente va al hospital y se está muriendo, pero ahora eso se está divulgando en el voz a voz y la gente está tratando de no ir, en sus casas toman agua panela caliente con limón, la sábila, moringa, vitamina c que de las naranjas, limón, kiwi. Desobedecer el colonialismo, que pareciera que es la raíz de todo, lógicamente el patriarcado y el capitalismo. Tal vez valdría la pena hacer orientaciones más metodológicas con mayor precisión para ir fortaleciendo eso que tiene que ver con la desobediencia, aprender la medicina tradicional, el cómo hacer con la alimentación, cómo portarnos rebeldes. También reflexionar cómo se ha desvirtuado la necesidad de la escuela, las escuelas están en crisis, muchos papas se están dando cuenta que ese tipo de educación de pasar seis horas sentados no tiene sentido. Desobedecer el distanciamiento social no sólo físico, sino las relaciones comunitarias que nos dividen e individualizan.

Una conversación abierta y libre como la que tenemos ahora parece que es lo que más nos hace falta, no hay una doctrina, sino que estamos expresando nuestras experiencias, e intercambiando libremente. Si vemos el desafío actual podemos reducirlo al virus nada más o podemos considerar toda una cuestión más profunda de la crisis general del colapso climático de la sindemia. En cualquiera de los dos casos podemos decir que la política oficial adoptada en el mundo entero es posiblemente la peor de las opciones, parece que pronto podemos demostrar que, si se trata del virus, el confinamiento fue un disparate, y pensemos que por lo menos la tercera parte del mundo sigue confinada, se está obedeciendo a una instrucción que es insensata y que además contra productiva, no resuelve el problema del contagio y genera otra serie de problemas. Ya tenemos bastante documentado que los daños en la vida personal y colectiva son mucho mayores que los que se atribuyen al virus, y si vemos las cuestiones de fondo, vemos la sindemia que expresa The Lancet. Si nos concentramos en ese aspecto de la gran crisis de que ha habido un gran agravamiento en el mundo de la obesidad, la desnutrición, las enfermedades cardiovasculares, de que la tercera parte de los muertos que se atribuyen al virus son diabéticos, de esta constelación de condiciones crónicas que está padeciendo un gran número de personas,  esos son los problemas graves, lo que se está haciendo por políticas oficiales es absurdo ya sea que se trate de los problemas del virus o los problemas de fondo. La desobediencia es la que ya está en miles de personas y comunidades y si queremos ver el en el asunto de fondo de la obesidad, la desnutrición, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares entonces tenemos que ver la forma en que comemos y la forma en que sanamos. Es importante cambiar la mirada, si a cualquiera de nosotros nos preguntan qué hacemos frente a esta crisis nos quedamos mudos porque no podemos hacer nada de ese problema global, nacional etc, pero podemos hacer las cosas a nuestra escala, en la escala de cada uno de nosotros, tenemos que juntarnos en lugar de confinarnos, a pesar de todas  las restricciones que haya se vale juntarnos con las personas del edificio en el que vivimos, con las vecinas, amigos, con los que tenemos cerca, y empezar a platicar con sana distancia y cubrebocas para seguir juntos porque sólo juntos y organizados podemos enfrentar lo que tenemos y  podemos empezar a ver cómo comemos y qué podemos hacer respecto a eso. Se nos dice cómo vas a cambiar el sistema alimentario, cómo vas a vencer al agronegocio, qué hacemos contra Monsanto, pero si decimos cómo podemos nosotros en esta calle, cambiar, inmediatamente veremos la cantidad de cosas que podemos producir en nuestros espacios. En Chile, con las ollas populares además de intercambiar los alimentos que producen en las casas también les dan a los que no tienen nada, a los que están empezando a tener hambre, y quizá en ese grupo puede empezarse a hablar de cómo sanar, son cosas concretas que son parte de la escala nuestra. En EUA están angustiados de saber que 70 millones de norteamericanos votaron por Trump, una opción misógina de los que tienen alrededor y están listos para salir con las armas, al mismo tiempo de que celebran los norteamericanos, se preocupan de que tienen a estos norteamericanos con esta forma racista, violenta, misógina para defender sus formas de creer. Pero también se están haciendo cosas abajo, se sabe que lo que se tiene que hacer es en la escala en la que la gente puede hacer cosas. Parte de los problemas que estamos enfrentando es tomar lo virtual como realidad, nosotros estamos aprovechando la tecnología y nos comunicamos con gente que está del otro lado, pero no convivimos con nuestra realidad, estamos hablando de ella. Lo que pasa es que para un número creciéndote de personas, la virtualidad se vuelve realidad. Esto se conecta con el patriarcado, esa es nuestra cuestión central, hay pocas expresiones más patriarcales que las que se están dando por la vía virtual, tenemos que suprimir toda jerarquía, tenemos que escapar de las jerarquías que se nos están imponiendo entre otras cosas por la vía virtual, tenemos que luchar seriamente con el consumismo que es patriarcal, tenemos que tener muy claramente lo que está haciendo realmente bajo la bandera de salvar vidas, una bacteria de muerte que es la esencia del patriarcado. Hay un aspecto que formara parte de las conversaciones y que es una de las diferencias con Boaventura de Sousa, se trata del hecho de que no se puede escapar del sistema, de que el sistema está ahí y hay que trabajar de alguna manera, de que si bien no funciona hay que pensar en una transición, pero este es uno de los pensamientos más inadecuados. Tenemos que discutir qué diferencia hay entre el título de nuestro círculo y pensar que la transición significa imaginar lo que “sigue”, que es lo que quiere Boaventura, que le propongamos no te gusta esta democracia, ¿pero en lugar de eso qué utopía propones? Más que pensar en la transición de la sociedad que va a llevar a una nueva utopía, tenemos que pensar en pasado y presente de transformación, para hacerla todos los días.

Frente a las cuestiones del virus, los factores psicológicos son decisivos, la gente se muere, pierde resistencia, debilita su capacidad inmune si está deprimido y angustiado, afecta severamente en su condición emocional, y esto se sigue generando cada vez más, hay que ver cómo podemos enfrentar gozosamente este momento terrible, para recuperar una forma de estabilidad emocional, no cerrar los ojos a la tragedia pero saber sustituirlo con el entusiasmo creativo de hacer las cosas, recuperar nuestra capacidad emocional gozosa, para poder crear otra cosa, porque esta será una de las mejores formas de resistir el virus y las cuestiones de fondo.

Muchas veces la palabra desobediencia nos lleva a algo más pasivo, a una acción negativa frente a algo, pero también como se ha dicho aquí, la desobediencia es un acto positivo, en el sentido de que afirma algo, no solo desobedecer, sino que vamos creando muchos “si” plurales, y se han dicho aquí. Es importante retomar el gozo de vivir, porque es muy triste lo que se está viviendo a nivel de experiencias, por ejemplo, en el cementerio, los momentos esenciales de la vida como lo es la despedida de una persona cercana se están dando con frialdad, independientemente de si la persona muere de covid-19 o no, hay reglas muy duras y hay que agarrarse a esa energía positiva del gozo para poder renovar el entusiasmo y crear nuevos imaginarios. Muchas veces, es determinante todo lo que gira alrededor de todo el proceso que vivimos y no solo la cuestión económica y política o patológica de la enfermedad, sino también este estado anímico, las relaciones, que ya no nos apapachamos, ya no nos cuidamos, el cuerpo se va deteriorando por esta falta de gozo y de cariño. Las experiencias del covid-19 son sórdidas, cómo la vida es vida en función de las cualidades que cada uno decide darle cuando prácticamente consiste en estar encerrado en un cuarto como reo, y no poder mirar más cielo que el que puedes ver desde tu ventana, es impresionante cómo esto cambia la perspectiva, hay que recuperar las capacidades afectivas. La alineación que nos ha causado la modernidad ha incrementado la incidencia de desórdenes mentales y emocionales, el aislamiento es una cosa tan terrible porque los seres humanos somos sociales, tenemos necesidad de estar entre el nosotros, uno de los castigos mas fuertes en las prisiones es justo meter a celdas de aislamiento extremo, en donde están incomunicados y es una tortura porque se va perdiendo la cordura, la noción del tiempo, la noción del contacto humano. Resuena la invitación a recuperar el gozo, esa pérdida abonada al aislamiento, conectarnos más entre los otros y tener profundidad con personas que queremos o cultivamos su amistad, recuperar el gozo y la cercanía de los que queremos es lo que debemos hacer hoy día.

En Colombia, la comunidad Afro se está replanteando el buen vivir, ahora ellos hablan de vivir sabroso y esto tiene que ver con los tambores, bailes y la comida que están muy arraigados en esta cultura, ahí se encuentran formas de existencia muy interesantes. ¿Cómo cultivar el gozo en estos momentos? hay distintas estrategias y alternativas, a cada quien le produce gozo de distintas maneras y será interesante contarnos como lo vamos encontrando en la cotidianidad. En lenguas indígenas no hay palabras para salud y enfermedad y si uno les pregunta que cosa es estar sano, muchas de ellas contestan estar sano es estar alegre, ¿cómo estar alegres frente al covid-19? y de qué manera lo hacemos en medio de esas tragedias, ¿cómo puede uno estar alegre en medio del dolor?  Nos quedamos con una invitación a cultivar la alegría y a vivirla como parte de la desavenencia, la alegría, la ternura, cómo estas usar estas vías para desobedecer desde ahí. Quizá sería bueno compartir cuales son esos gozos que vivimos en nuestros contextos en estas dos semanas.

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