ANTE EL UNIVERSALISMO, RECUPERAR NUESTRA CAPACIDAD CONCRETA DE ACCIÓN: ARRAIGARNOS DESDE NUESTROS PROPIOS LUGARES



Conversatorio Transformación de Conflictos. 31 de enero 2022

Quizá en el conversatorio se tiene esa búsqueda también: cómo repensar la paz, apropiarse del concepto de la paz, en la lógica de lo plural y una definición no univoca de la paz. Pero a lo que yo hacía referencia era la cuestión del uso oficial o uso hegemónico de cierta idea de la paz. Que tiene un discurso beligerante, me parece, pero también esta cuestión de que la paz debe ser impuesta, que es necesario incluso tener fuerza de paz, los cuerpos de paz, históricamente siempre ha habido como una paz parece como una necesidad y debe ser aplicada por la fuerza. Yo traía el ejemplo de Colombia, porque allí como quienes han habitado allá o siguen los procesos, ha habido mucha cuestión alrededor de la paz. Y bueno, el proceso de paz que se llevó a cabo en el gobierno anterior de Santos, por tomar un acontecimiento reciente, terminó prácticamente en la nada. Esa paz impuesta y articulada de arriba no solamente no terminó en la nada en términos formales, sino que ha recrudecido la violencia. Me parece que los procesos post guerra en general, los conflictos de pacificación en general, por el menos en el siglo XX han traído más conflictividad y dinámicas de mayor violencia o formas de imposición de la lógica de la justicia en clave moderna, occidental, patriarcal. Y me parece que han reproducido más de lo mismo. Todo esto para decir o para reafirmar lo que dije la semana pasada, de sospechar o ponerle juicio al concepto, que quizá algunos ya lo vienen haciendo. Y creo yo también lo decía, y con esto cierro, si no sería necesario pensar más allá de la paz. Pensar otros conceptos que quizá, con más que lo queremos resignificar, quizá ya está más invadido o con muchas connotaciones. Pero de nuevo es solo una pregunta abierta y una cierta provocación para mover la conversación hacia esos lugares.

Soy de la generación de los 60s, 70s y es importante citarlo porque el tema viene a colación. Es decir la paz y el amor, de alguna manera una generación enfrentó a la guerra de Vietnam y fue todo un boom a nivel mundial. El movimiento hippie, el movimiento de paz y amor, allí está este enfrentamiento entre la guerra y la paz. Y la paz me parece que tuvo una serie de características simplemente de meditación, de profundidad, de no actuar frente a generaciones adultas que lo único que hacían con los jóvenes de esa época era mucha violencia y dijeron, vamos a hacer otra cosa. Vamos a actuar de manera diferente a como los quieren obligar a actuar. Y el rock se convirtió en una manera de expresión de la juventud de esa época. Hay que recordar que hubo actores que se dedicaron a la sanación, en el caso uno de los grandes personajes del rock de esa época, los Beatles, que estuvo en la India, tuvieron un gurú que les inspiró, los tranquilizó, los hizo acercarse de alguna manera muy espiritual, que es si no me equivoco Maharishi Mahesh Yogi. Y también hay que recordar pues la presencia de una queridísima, que soltó la paz interior para los Beatles en Oaxaca, estamos hablando de Maria Sabina, la curandera, la que generó precisamente con ese incentivo tratar de mantener un clima de tranquilidad.

La ONU, que es uno de los que fabrican entre otras cosas las guerras. La verdad es que la paz en manos del sistema es simplemente demagogia y en manos de políticos no existe paz en este sistema, a menos que hagamos algo un tanto parecido aunque obviamente las condiciones no están dadas. Más bien la paz están buscando las comunidades indígenas, están rompiendo con ciertas esquemas, y frente a esa manera de hacer la paz, enfrentarse a la paz simplemente de manera comunitaria, me parece es el mejor ejemplo de cómo hoy en día se trata de practicar el ejercicio de la paz.

Esta es una cosa, una forma de entender la paz. Pero yo creo que lo que es importante es justamente no estrechar y delimitar la paz solamente a este entendimiento tan pobre y reducido como lo hace la diplomacia convencional o en manuales y recetarios de la ONU. Que es solo un enfoque de muchos que se han abordado, pero hay otros. La paz o las paces ¿es aun pertinente de tratar sobre ellas? porque en muchas culturas pues ni se conoce la palabra paz, entonces ¿para qué hablamos de la paz que ni siquiera existe en muchos lugares? Pero pues justo esto ha sido la contribución muy importante de Wolfgang Dietrich y de la escuela de Innsbruck a la discusión, porque usa la paz no solo como un principio derivado de la pax romana. Quiero decir que la “paz” lo usamos como un término de trabajo que en muchos lugares por lo menos se conoce aunque se llena con muy diferentes experiencias y procesos. Una paz imperfecta como lo llaman los de Granada, o por sus innumerables interpretaciones la paz como plural como concluye Wolfgang Dietrich. Entonces si hablamos sobre la paz, por lo menos yo acá no quiero hablar solo de la pax romana aunque es una que es y sigue siendo muy presente también en el contexto mexicano actual con la política de seguridad etc. Sino de una paz que incluye por ejemplo la Guelaguetza, que incluye el Ubuntu, o que incluye como dice Grillo en el texto que se mandó “la crianza cotidiana de la armonía”. Es decir la paz, yo lo propongo aquí, mejor usar como un término técnico y de trabajo, y no como una definición acabada reduciéndolo a la pax romana que también hay, pero hay muchísimos otros significados entonces les quiero invitar que veremos un poco detrás de solo esta. Aunque le damos un título y este título es “la paz”, no es un título que engloba todas las realidades.

Creo lo que se puso en la mesa es algo que tenemos que tomar muy en serio. De hecho está implicando decir que la paz es otra forma de guerra y que es algo que es una palabra que necesitamos abandonar con todo lo que implica. Implica que no abandonamos solamente la palabra paz en este momento, es una palabra amiba que no tiene denotación precisa sino muchísimas connotaciones. Y que es preciso abandonarla porque representa un peligro real, contiene una agresión, un elemento bélico, en todas sus formas. No solamente hay una sino que es al final de cuentas una forma de imposición de una noción. Cualquier noción que se tenga que parte de lo abstracto para imponerse a la realidad concreta de la gente, y esto estamos planteando que tenemos que abandonar.

¿Qué significa que abandonemos por completo toda noción en que se usa de la palabra paz? ¿Qué significa, qué recuperamos, de qué se trata en esta postura?

Es recuperar nuestra capacidad concreta de acción. Dejar de estar sometiéndonos en la vida concreta a formulaciones abstractas que llegan de fuera y que se nos imponen. Formulaciones abstractas de cualquier tipo. Este ha sido un pecado no solamente de los sectores de dominación, no solamente de las elites económicas y políticas, no solamente de las dictaduras, sino ha sido también el pecado desde la izquierda, desde lo que parecería venir de abajo. En donde se intenta imponer al conjunto de la población una visión de cómo deben de ser las cosas, a partir de ciertas informaciones abstractas. Se mete allí una noción de justicia, se mete allí cualquier cantidad de ideas revolucionarias, pero en el fondo se trata de imponer sobre la gente un conjunto de nociones abstractas. Lo que estaríamos haciendo y a lo que de alguna manera nos lleva este conversatorio, es a recuperar nuestras capacidades concretas de acción. Y si de eso se trata allí no tienen nada que hacer la paz. Ni esa palabra ni sus equivalentes ni sus variantes. Esto es lo que yo creo estamos discutiendo. No es simplemente lo que dice Naciones Unidas o las interpretaciones más convencionales, esas que acaban de mencionarse de los cuerpos de paz, es que todas las variantes tienen esa explicación.

En mi experiencia particular de vida transitó en Argentina donde nací, también vivía en Chile, la paz por supuesto es una paz dada de ciertos discurso tanto estatales como empresariales, pero es una paz que básicamente está dirigida a sostener esquemas de desigualdad y uso de territorios en forma lucrativa, en forma social. Y por el contrario todo intento de las comunidades por alterar esos esquemas de desigualdades brutales y el uso de sus territorios por esos fines, fue visto como guerra, y es visto como guerra. Y sin manera metafórica, la comunidad Mapuche es vista como un gran actor bélico en el esquema. Toda comunidad que se subleva a la agenda del extractivismo por ejemplo en Argentina, forestal, minera offshore que se están entregando a Shell y Equinoro [?]. O el agronegocio que para nosotros es una de las grandes tragedias nacionales, con los transgénicos he visto la manera bélica y es presentada de manera bélica. De una manera que hoy por hoy me puedo imaginar mundos posibles donde eso no ocurra. Pero hoy por hoy todo el discurso de la paz repunta mucho más a lo que fue la herencia de las dictaduras sudamericanas en todo fue una paz ofrecida bajo ciertos acuerdos que no tocaron porque si no vuelve a esa oscuridad que sería aún peor. Una especie de paz negociada que nos deje un terreno muy acotado de acción con tal de aceptar lo dado. Así que no más quería subrayar muchas de las cosas ya hablados.

Estos intentos por reivindicar una noción o un concepto a veces es un afán de seguir imponiendo cierta idea. Wolfgang hace su contribución desde la relación de las paces con la critica al desarrollo y ahora me hace sentido, cuando se habla de desarrollo se habla de un desarrollo que incluye a los indígenas, a los pobres… pero siempre con la imposición de esta idea. Lo mismo sucede con la paz, claro una paz que incluye a la sanación, una paz que incluye estas nociones de la Guelaguetza, me suena en la misma lógica completamente. Muchas veces se señala a quienes están defendiendo los territorios, como si fueran ellos quienes provocan la guerra, pero más bien es una defensa ante las imposiciones y los ataques. Quienes estamos viviendo los territorios vemos toda una historia de vida, no solo del presente, no solo de nosotros, quienes vivimos ahora, sino de la ancestralidad, de quienes antes habitaron estos lugares. Y no es un lugar que se pueda expropiar o aprovechar, sino es un lugar en el que se vive, se habita y se convive con todo lo que hay allí.

Hemos estado discutiendo muchas veces aquí que el capitalismo es una guerra permanente contra la subsistencia autónoma, nace como guerra y se expresa permanentemente como guerra. Decíamos hace 10 años con el subcomandante Marcos que estamos en la 4º guerra mundial, que es la primera guerra total de la historia que es una guerra total y permanente, contra la mayor parte de la población. Y frente a los hechos de la guerra parecería natural decir se quiere paz en lugar de guerra, pero lo que estamos diciendo ahora es que eso de querer paz en lugar de la guerra es prolongar la guerra de otra manera, es darle otra forma a la misma guerra. Es seguir en guerra, con una forma diferente, con una manifestación diferente que aparece satisfacer lo que queremos. Lo que estaríamos diciendo es que lo que queremos es desmantelar la guerra, detener la guerra, impedir la guerra, hacer que la guerra no sea posible entre nosotros. Todas esas cosas que podemos hacer frente a la guerra que no implica instalar en su lugar la paz, que es otra forma de guerra. Esto es lo que al final de cuentas estamos diciendo, es abandonar seriamente esa noción que nos ha pervertido incluso el corazón. No podemos seguir inocentemente cayendo en esa trampa.

Creo que hemos estado casi todo nosotros formados, educados, inscritos en esa civilización, en esas tradiciones, y lo que estamos planteando es cómo escapamos de ellas, como logramos de la forma en que se nos ha formateado de una determinada manera y que nos tiene atrapados. Lo que estamos haciendo ahora incluye, desde luego, tener otro lenguaje.

Quiero subrayar que el esfuerzo que se hizo a partir de Wolfgang con este intento, habíamos aprendido Wolfgang y yo con Raimon Panikkar, la idea del dialogo intercultural, habíamos aprendido de lo que postula Panikkar que dice que puede haber equivalentes homeomórficos. Y entonces el principal traductor de Panikkar para nosotros que era Robert Vachon, nos daba el ejemplo de Dharma y derechos humanos. Decía que hay equivalentes homeomórficos en distintas culturas: Dharma en la India cumple la misma función que los derechos humanos en Europa. Pero Dharma son obligaciones no derechos, es lo contrario, pero siendo lo contrario tiene una equivalencia en las funciones básicas de la sociedad. Con esta lección de Panikkar y de Vachon, Wolfgang y yo nos planteamos vamos a tratar de hacer una enciclopedia que no era propiamente intercultural sino multicultural, es decir vamos a tratar de incluir en esta enciclopedia, aunque la palabra era obviamente equivocada, vamos a tratar de incluir los distintos equivalentes homeomórficos de distintas culturas en esto que veíamos de Dharma y derechos humanos. Y se nos ocurrió que lo más sencillo era empezar con paz, que el primer término a la primera función básica que íbamos a buscar su equivalencia en distintas culturas era la paz porque nos dijimos inocentemente es algo que todo el mundo quiere. Que en todas partes la gente quiere vivir en paz. Y para nuestra sorpresa empezamos a encontrar que no había nociones de paz en la mayor parte de las culturas del mundo, ni noción de paz ni noción de guerra. Que se utilizaban muchas otras nociones, conceptos, ideas, palabras para expresar lo que se quería. Empezamos a dar de vueltas y finalmente lo comentó, el gran documento que produce y dirige Wolfgang donde hay docenas de ensayos de muy distintas personas de muy distintas culturas, está mostrando con claridad de lo que se llama estudios de paz en realidad no son estudios de paz, son de otra cosa.

Quiero recordar aunque lo hemos dicho en algunas de las 16 sesiones que cuando me tocó explorar qué cosa era esto de la paz entre los zapotecos que fue realmente una pesadilla. Recorría uno tras otro, especialmente a personas que hablaron bien español entonces sabían muy bien qué significaba la palabra paz en español. Entonces decían bueno, entro los zapotecos qué onda, y me contaban unas historias rarísimas, no entendía yo nada, me hacían bolas, hasta que una persona, un viejito, el abuelo de Santa Maria Yagavila me dijo, pues aquí entre nosotros sería lo que Ustedes allá fuera llaman amistad. Podemos ver de inmediato que no tiene nada que ver con la noción que tenemos, que no es un equivalente homeomórfico de la noción de paz en Europa, en EEUU o en cualquier otro lugar. Que la noción de lo que nosotros llamamos amistad ni siquiera es decir lo que ellos llaman amistad, es lo que Ustedes allí fuera llaman amistad, esto sería a lo que equivaldría entre nosotros. Entonces tomando lo que nosotros llamamos amistad, vemos que no tiene nada que ver, no hay un equivalente homeomórfico de la amistad y la paz con cualquier de sus denominaciones, las cinco nociones de Wolfgang etc. Claramente hay un esfuerzo enorme que celebro y aprecio por parte de Wolfgang de salirse de la pax romana, de salirse de la noción dominante de la paz, pero no logramos que escape. Lo que estamos diciendo es ni la noción convencional de paz, ni las cinco variantes que nos propone Wolfgang son satisfactorios, tenemos que escaparnos de esta línea de reflexión, de esta línea que no es solo de reflexión, sino es una línea de acción, es una forma de comportamiento, es una forma que implica “Yo con la noción que tengo impongo esto a todo mundo”. Y voy a incluir claro a todas las variantes y los meto en mi costal, pero es mi costal. Dentro de esta noción, dentro de este costal que yo tengo, meto Guelaguetza o cualquier otra cosa. Pero está dentro de mi costal. Este costal es lo que importa. Ese costal es el que queremos romper, es decir ya no estamos ya dispuestos a entrar en este costal, o formar parte de este costal. Esto implica tomar en cuenta la diversidad en serio, tomar en cuenta que son diferentes culturas. Que no podemos meter a todas las culturas en un mismo saco.

Por cierto todavía falta Wolfgang a esta ronda como hemos dicho, ojalá este año pudiera venir virtualmente, si está deseado que venga. Pero lo de las cinco paces de Wolfgang, no es una categoría analítica que está fundamentando algún tipo de paz o alguna variante de paz que sería así como un concepto más sofisticado donde pronto encaja todo lo que antes no encajaba, sino es una obra descriptiva, es nada más ni menos un viaje por muchas culturas y muchos países incluyendo latinas y culturas indígenas y como una recolección de muy diferentes expresiones, desde diferentes ángulos, construir, recuperar, buscar lo que en cada cultura es un valor que quizá tiene algún parentesco o alguna relación con lo que pobremente en castellano se llama la paz. Es decir la vida buena, la armonía, la paz desde las diversidades, y los muchos ejemplos que hay. Incluyendo la paz de la cual hablamos aquí cuando estamos criticando la paz: creo ésta es una paz desde la modernidad, la paz moderna es como una paz muy criticable, es una paz con muchos lados sombra. Por cierto, todas las familias de paz, por lo menos identificados por Wolfgang, tienen sus lados sombra, no es que una tuviera solamente lados luces. Y entonces lo que se critica aquí muchas veces yo escucho la paz desde la modernidad, desde la seguridad, a veces también escucho la paz desde lo moral, desde una referencia externa que viene por cierto de los monoteísmos mediterráneos, de donde se construyen unas paces basado en una supuesta justicia que se cree superior a todos los otros órdenes y perspectivas y acuerdos sociales y empieza a imponerse. Entonces si hablamos y criticamos la paz, hablamos aquí en la mayoría de las veces se me hace de la paz moderna y de la paz moral, pero no de las otras paces.

Me preguntaba ¿cómo se percibe la paz desde Europa o desde América Latina? ¿estamos hablando de lo mismo? ¿como se percibe entre sectores y clases sociales? Me preguntaba si el primer problema no está surgiendo si tratamos de dar un carácter global a la paz, más que asumir el localismo y asumir una primera derrota de un término que tiene pretensiones de universalidad. Y en ese movimiento una imposición y anulación de los localismos.

El pensamiento occidental es un pensamiento de naturaleza universalista. El pensamiento occidental de lo que llamamos occidente nace de esa manera y permanece de esa manera y sigue estando de esa manera. Por eso se siguen usando los mismos términos, las mismas palabras, las mismas nociones. Y lo que hemos estado diciendo es que ¡Ya basta!, que ya no podemos seguir aceptando que nos occidentalizaron, que empezamos a pensar así, que vivimos de esa manera y que estamos diciendo: ya no. Esto es lo que estamos diciendo. No volveremos, no queremos seguir pensando y viviendo en términos de una noción universal.

Es lo que se ha hecho por ejemplo con nociones que nos resultaban muy queridas, muy lindas, como cuando nace con nosotros en América Latina la noción de Buenvivir, y que se aprecia Buenvivir o buen convivir o la vida buena. En la misma medida en que lo usa una persona occidental, se acabó, es un término que ya no puedes seguir usando. Hay una noción general, una noción abstracta de vida buena o de Buenvivir. Cuando la gente está usando esta palabra, la gente está usando con toda claridad la diferencia. Es muy distinto vivir bien o Buenvivir en Lachatao o en Cuajimiloyas, no es lo mismo. Se puede utilizar quizá la misma palabra pero se quieren decir cosas distintas. Las concepciones y las prácticas son diferentes. Esto es lo que estaríamos diciendo, al decir “no vamos a utilizar más el enfoque de paz o de paces” estamos tratando de arraigarnos en  otros lugares, expresarnos desde nuestros lugares y decir que esto representa una actitud enteramente distinta. Amandine lo dice en esa frase de poder propio: nuestra propia manera de hacer las cosas, nuestra propia capacidad y nuestra manera de relacionarnos con lo demás, inclusive con los que aparentemente tienen el poder. Estamos diciendo que no al estado, estamos diciendo que no a cada uno de esas instituciones. Estamos diciendo que no vamos a seguir manteniendo una relación con ellos que implica una relación de poder, en que ellos tienen el poder y nosotros someternos a ellos.

Me da la sensación de que es un esfuerzo legitimo el de recuperar estas otras formas de paz o paces. Me parece un ejercicio, pero siento que damos mucho centralidad a un marco conceptual o a un abordaje teórico. Y no dejan de ser ejercicios narrativos, ejercicios de comunicación. Yo lo celebro pero no creo que por allí pase el centro de la práctica, que tiene que ver con la vivencia concreta, con la experiencia local, con algo que no es traducible si quiere. Me parece que está interesante también trascender esto, para pensarlo desde otras ópticas.

Esa otredad que de nuestro ser occidentalizado tenemos que renunciar, no podemos pretender, desde una especie de panóptico construir unas definiciones o unos observatorios o unos metadiccionarios que lo contengan todo. Creo tenemos que ser consciente de los límites de eso, los límites del pensamiento global y los problemas que trae, los límites de las definiciones universalizantes. Incluso estos enclaves pluriversales, los que estamos cerca de estos procesos, vemos que tienen limitaciones. Y creo incluso tienen limitaciones en términos de lo que podemos, lo que se puede poner, lo que se puede traducir en palabras. Porque hay mucho esto también del pensamiento alfabetizado que está asociado a esto. Y mucho de estos son prácticas que no se rigen por el pensamiento alfabetizado. La esfera mental no está centrado en ello. Entonces nada, a mí me vuelve esta idea de que poniendo un poco al costado la discusión sobre el concepto de paz o paces. No dejan de ser palabras y allí creo hay que reconocer los límites que tenemos como para abordarlo. Yo creo que somos capaces de reconocer esos límites de la otredad, incluso de la multiplicidad, incluso de la complejidad. Como se puede decir, no pretender tanto, quitarle incluso pretensión, ser menos pretenciosos con estos marcos conceptuales, no sé si llamarlos así, pero estos abordajes como intentar que funcionen. Porque definitivamente no van a funcionar. Si partimos de allí podemos decir que son aproximaciones, son intentos, pero yo creo que hay algo que desarmar en nosotros mismos que esta pretensión que la tenemos como internalizada y que es muy difícil  y que tiene que ver con el pensamiento occidental, universal, medio enciclopedista, medio racional.

Déjame agregar un elemento más para la discusión que creo que tenemos que incluir. Parte de la dificultad que está asociada con la noción de paz o de paces o ese abordaje es la noción del individuo, de la cual también estamos escapando. Lo que hemos estado discutiendo aquí es que no somos individuos, que ni siquiera el cuerpo es individual, que mucho menos el interior o la visión completa de nosotros, que siempre hemos sido nosotros que somos un nudo de una red de relaciones, que somos siempre un nosotros. Y que parte de esto que se llama el conflicto interno no es finalmente interno, es un conflicto entre los nosotros que somos y que van cambiando en el transcurso de nuestra vida. Entonces la crítica de estas nociones de paz o paces o todo eso implica también, tiene que ir junto con la crítica de toda forma de noción del individuo.

La primera vez que escuché a Grimaldo, no sé si fue en el 2017 cuando vino a Unitierra y que hablaba sobre el regreso a la naturaleza. Ese regreso por supuesto tiene que ver con un movimiento cíclico y que la imposición, la colonización, viene como un tiempo lineal. Entonces tenemos que recuperar esos saberes que sabemos que compartimos. Son prácticas o saberes que tienen que atravesar por el cuerpo. Y cuando hablamos del cuerpo normalmente hablamos de que el cuerpo está de un lado y la cabeza está de otro lado, es parte de esta división que hicieron entre la mente y el cuerpo. Y desde allí caminamos, así separados, divididos, fragmentados. Y entonces tenemos que hacer esta unión entre la mente y el cuerpo no. Y empezar a pasar la experiencia o la vida por el cuerpo, por lo orgánico en donde vamos ir tejiendo. Es decir no solamente desde este conocimiento occidentalizado, introyectado, sino desde un conocimiento más intuitivo, más vivo, más orgánico. Entonces para eso qué necesitamos. Yo creo lo primero que necesitamos es cambiar nuestra percepción que tenemos de la vida, de ese conocimiento que nos han introyectado como dice Franco, occidentalizado y colonizado que tenemos dentro. Eso sabemos que tenemos que destruirlo dentro de nosotros primero. Y ese ser o ese ser que somos, y lo dice muy bien Gustavo, que además nos han individualizado, nos han separado o divido dentro. Entonces tenemos una existencia fragmentada , pero ese existir se desarrolla en la línea del tiempo. Y es una línea del tiempo que no está fragmentada ni en pasado ni en futuro, es algo que no alcanzamos a mirar. Es una línea del tiempo que es presente continuo. Y esas recuperaciones los podemos hacer solamente con los calendarios de nuestros ancestros, de los mayas, los aztecas, estamos hablando de milenios atrás. Eran conocimientos pasados por una experiencia o conocimientos orgánicos vivos.

Dejanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *