Colectivizar la vida y colectivizar los procesos de muerte.


Grabado de José Guadalupe Posada

Relatoría Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta, 16 de febrero de 2022

Retomamos en este conversatorio la cuestión de la muerte. A través de historias personales, duelos y sentipensares, nos adentramos en la reflexión sobre esta circunstancia que todxs encontramos y encontraremos en algún momento.

La premonición de la enfermedad y la muerte

Decía Norbert Elías que cuando se medita sobre la muerte, no es la muerte lo que causa espanto, sino la idea anticipatoria. Por mucho que hagamos muchas cosas para evitarla, no sabemos cuándo vendrá a nosotrxs. Sin embargo, hay momentos en la vida cuando se dan sueños y sentimientos que podríamos asociar con premoniciones.

Las mujeres parecieran ser más sensibles a leer los signos y anticipar la enfermedad o la muerte. Pareciera que los ‘hombres’ en su modo más racional, hacen a un lado todas las posibilidades de que algo así pueda suceder. Cuenta una compañera, como en su vida, estás situaciones de premoniciones se han dado una y otra vez, y que a su alrededor, muchas compañeras han pasado por situaciones similares. Presentir la partida de nuestros seres queridos se vive de una manera muy intensa. Y también puede ser una experiencia que nos puede ayudar a lidiar con la enfermedad y la muerte.

La muerte en diferentes territorios

La muerte en las culturas se interpreta y experimenta de múltiples maneras. Como construcciones sociales que somos, la muerte se puede vivir de infinitas maneras y los saberes que se acumulan sobre este proceso, se articulan de modos heterogéneos dentro de los grupos humanos.

En el mundo andino, en el pueblo Quichua, Manzaleo, se interpreta el territorio donde conviven 4 sujetos: los humanos, la naturaleza, los espiritus (apus) y los ancestros. Nuestros ancestros, pueden ser, por ejemplo, los abuelos. Para los pueblos andinos se establece una relación con los ancestros y se convive con ellos. Para los pueblos originarios del Abya Yala, la comprensión de la vida es completamente distinta que la versión occidental. Cuando tenemos la comprensión de como la vida y la muerte se relacionan, y como se trasciende y se vive desde otras dimensiones, cambia nuestra relación con los ancestros. Recientemente han fallecido algunos sabios importantes del Ecuador, y hablamos que ha trascendido su espíritu.

En la cultura tibetana se visualiza la muerte continuamente. Y como, el hecho de traer la muerte a la vida cotidiana, cambia nuestra forma de vivir. Igualmente los místicos cristianos se relacionaban con la muerte, recordando que todos vamos hacia ella.

En la cultura China, se hablaba del buen morir, se les pregunta a las personas en el proceso de muerte ¿con quién quieres hablar?, ¿de quién te quieres despedir?

El arte de morir y el arte de vivir

Algunas veces olvidamos que no tenemos control sobre la vida. Nuestro devenir es la muerte, y es nuestra única certeza. Cuando la muerte es, nosotrxs ya no somos. También relacionarnos de una manera sabia con la muerte nos puede ayudar a crecer, a darle una urgencia de vivir intensamente esta vida, a agradecer a nuestros seres queridos, a vivir en armonía con lo que nos rodea, a luchar por la justicia y la vida.

El cuidar nuestro cuerpo como vehículo de la vida, para servir a otrxs y a la vida, también es parte del arte de vivir y del morir. Se contó la historia de un abuelo que vivió 92 años sin jamás tomar una medicina. Una persona satisfecha, que ha sabido vivir bien, no en ese sentido capitalista o de consumo, difícilmente va a violentar a alguien. Ahí, la importancia del buen vivir, como nutrimos ese vivir. Estar conectados con la vida. Ahí está el reto de cómo vivir de otra manera.

El duelo en las redes de relaciones

El arte de morir puede significar decidir sobre el proceso de muerte. Decidir los detalles sobre cómo dejar este plano. Un compañero narró la muerte de su hermana pequeña, y cómo le ha servido interpretar el hecho de que ella decide morir con sus padres en lugar de morir en un hospital. Hablar de esta forma, hace sentido para nuestras vidas. Se vuelve significativo en la red de relaciones que ya no somos. El arte de morir no es solo decidir cómo irme, sino todo lo que hay alrededor. No aceptar la muerte hace que duren mucho los duelos como seres sociales que somos.

La muerte duele para los vivos, porque no somos individuos, sino redes de relaciones. Cuando alguien muere, deja un vacío en nuestra red que somos, y este duelo se vive de muchas maneras. Una compañera narró cómo vivió con culpa la ignorancia del proceso de muerte, y como entenderla y adentrarse en ella, le ayudó a sanar.

Nombrar a los que ya no están, hace sentido para la vida, honrar los saberes y la vida de los que han dejado un hueco en nuestra red de relaciones; nombrar a aquellos que han nutrido a la vida, recordarles y honrarles, puede ser de gran importancia en los procesos de duelo, y así seguir fortaleciendo las redes que mantienen la vida.

La enfermedad del duelo

Esperar la muerte es algo que a todos nos mata. Hay diferentes calidades de esperas. No entender la muerte puede ser algo que nos enferme. La muerte de alguien que no se esperaba, la muerte en jóvenes, la muerte violenta, la muerte de alguien sobre quien dependía mucho nuestra vida. El sufrimiento cada quien lo padece desde su experiencia, y hay muchas formas de padecerlo.

La muerte de alguien en nuestra red de relaciones puede ser traumática y difícil de digerir, e incluso llevarnos a enfermar o morir. ¿Será que es importante prepararnos para la muerte? ¿Se puede realmente preparar para la muerte? ¿Se puede enfrentar la muerte con dignidad?

Las muertes violentas

De todas las muertes posibles, las muertes violentas e injustas pueden ser las más dolorosas. Hay quien dice que el temor no es tanto a la muerte, sino a la violencia en el proceso de muerte.

En esta realidad nuestra, en que la vida se nos está arrebatando de una forma tan violenta, debemos reflexionar sobre estos procesos de muerte. La violencia que nos rodea y las muertes violentas e injustas, generan llagas profundas en nuestra sociedad, generan traumas y enfermedades en los que quedamos vivos. ¿Cómo podemos ver con sabiduría las llagas que deja una muerte violenta? ¿Cómo podemos sanar el trauma que dejan estas muertes violentas e injustas, en nuestra sociedad?

En las muertes violentas, cuantas infancias se quedan sin un hogar, cuántas comunidades quedan destruidas. Es importante recuperar las redes que sustentan la vida y que sustentan una buena muerte. Colectivizar la vida, y colectivizar los procesos de muerte puede ayudar a lidiar con los procesos de muerte, llevar a muertes justas, a comunidades que saben vivir y saben morir.

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