Desertar la violencia patriarcal y a las corporaciones de muerte


Ilustración de Luisa Oviedo

Universidad de la Tierra – Oaxaca
Conversatorio Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta
Relatoría del 1º de diciembre

El capitalismo pareciera relacionarse con el medio ambiente únicamente a través de números y dinero. Todo lo racionaliza, todo lo cuantifica.

Las corporaciones no pueden ser excluidas de la ecuación que busca justicia frente a la destrucción de nuestro planeta. También nosotrxs, y aquellos que consumen aún más que nosotrxs, debemos cuestionar a profundidad nuestras vidas y como nuestra forma de vida, la forma en que consumimos, y nuestro estar en el mundo, están violentando la vida en el planeta.

Algunos pueblos indígenas en Canadá han buscado regenerar el suelo desgajado por minería a cielo abierto, invitando a volver a la vida a terrenos que parecían muertos para siempre. Así estos pueblos buscan resucitar a la tierra para que otras generaciones puedan interactuar con una tierra sanada y no la tierra sangrando, producto del paso de la minería.

En el marco de las actividades del 25N, las compañeras feministas instalaron la monumenta contra la violencia feminicida en la ciudad de Oaxaca, es un esfuerzo de parte de distintas colectivas y mujeres no adheridas a ninguna organización social. Estuvo acompañada de distintas actividades para detener la violencia patriarcal y para buscar una sanación profunda frente a un panorama de desapariciones casi cotidianas, violencias en múltiples espacios y una
economía que excluye y precariza a las mujeres.

La jornada de actividades fue un gran reto para logar objetivos comunes de colectivas normalmente distanciadas. La monumenta más que por su valor físico, representa a una semilla de esperanza desde el corazón de las mujeres, que nos teje y que nos impulsa a seguir en resistencia, a avanzar un nuevo camino que necesita este planeta.

Una característica potente de los símbolos, como la monumenta, reside en poder reproducirla. Así como algunas semillas, vuelan a otras tierras fértiles, estas monumentas se enraízan y florecen en otros lugares para inspirar a más luchas. A diferencia de otros monumentos que buscan permanecer, las anti-monumentas buscan desaparecer lo antes posible, pues luchan contra una violencia que buscan acabar.

Hay una clara guerra contra las mujeres, como menciona Rita Segato, y también hay una guerra contra todo aquello que cuestiona el poder y sus categorías, todo aquello que cuestiona el privilegio de lo patriarcal, o lo blanco, o al capital, o a los estados-nación, o cualquiera de las instituciones que ordenan la hegemonía global. En este contexto también volvemos a la insistencia de trabajar con los hombres, e invitarlos a ‘desertar’ la violencia patriarcal que se
alberga en sus modos de mirar y vivir el mundo.

Este es un momento de gran tensión en las comunidades zapatistas, y en distintas esferas de la realidad de este territorio que llaman México, deberíamos evitar ser neutrales. A veces si no estamos claros de lo que estamos haciendo, podemos caer en una colaboración con el enemigo. A veces estamos luchando pero esta lucha misma corresponde a una lucha del pasado, que termina siendo contra-productiva. Hay luchas del pasado que se encuentran fuera de lugar, tal como la demanda por un empleo en España. Hace un par de años salieron multitudes a marchar
por empleos, sin embargo, nadie recibió uno solo. Parecen luchas que no van a alguna parte.

Seguimos hablando de lucha contra el capitalismo, cuando esto ya no es capitalismo. El dinero y los medios de producción se vuelven capital cuando hay fuerza de trabajo, es un régimen que tiene que ver con la existencia de la fuerza de trabajo. Sin embargo, lo que hoy tenemos es la sistemática destrucción de los empleos como camino de acción en el mundo. Las cifras recientes nos dicen que en América Latina, se perdió, quizá para siempre, uno de cuatro empleos, y otro de cada cuatro, perdió su fuente de ingreso, esto implica que la mitad de la fuerza de trabajo quedó sin acceso al capital.

¿Qué hacen las compañías farmacéuticas que han ganado con la pandemia? Lo menos que hacen es generar trabajo. Con el temor y la parálisis que crean, se crea un sistema de destrucción que genera ingresos sin precedentes a las grandes farmacéuticas. Puede verse a la pandemia como un mecanismo de destrucción del trabajo. Es posible, que esta, la primera guerra total de la historia, se resuelva en el estómago. Si gana el agronegocio, acabará de destruir el
planeta, ¿acaso nos volveremos dependientes de un sistema de producción de alimentos que terminará por matarnos? El problema de la obesidad y diabetes en buena medida está relacionada con los alimentos tóxicos que produce el agronegocio, sin embargo cuando se habla de pandemia no se habla de esta relación causal tan evidente.

Sería bueno cuestionar los servicios de repartición de comida tan amplificados tras la pandemia, pues hacen llegar los productos de los agronegocios hasta las casas a través de una distribución de alimento por internet. Por otro lado, es admirable el poder de organización de los jóvenes y su lucha por una fuente de ingreso, sin embargo, ¿será que cimienta aún más la legitimidad de un sistema que produce alimento que enferma? ¿Qué podríamos pedirles a
estos jóvenes que hicieran en lugar de fortalecer un sistema que nos está matando? Alternativamente una red de jóvenes de la ciudad de Nueva York y Sao Paulo se está articulando para recoger composta de los restaurantes y de hogares para llevarla a los huertos comunitarios, evidenciando una alternativa.

La condiciones de trabajo al interior de las empresas que gestionan la distribución material de la pandemia, tal como ‘amazon’, son alarmantes, degradan los cuerpos, lastiman físicamente a los trabajadores, incluso contándoles los minutos para el uso del baño. Paralelamente, en este panorama laboral lúgubre, las mineras de américa latina y los barcos pesqueros industriales que proveen de pescado barato al mundo, lxs empleadxs o mejor dicho, los esclavos, son secuestrados, desaparecidos, para ser forzados a trabajar en condiciones infrahumanas.

Dentro de este panorama, se vislumbran grietas, y pequeñas alternativas. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York, alrededor del 10% de la comida viene de granjas pequeñas saludables sin gran tecnificación. Grupos conservacionistas compraron tierras arables alrededor del río Hudson, y trabajadores, ahora en su mayoría mexicanos, hoy cultivan en estos predios que alimentan a barrios de esta ciudad con comida saludable. En esquema de cooperativas de
consumo, se unen socios quienes que reciben dos canastas de granjas de pequeños productores hispanos, y donde lo sobrante se lleva a comedores comunitarios donde se alimenta a una multitud de personas con pobre acceso a alimentos saludables.

En Estados Unidos, uno de los lugares donde más se trabaja en el mundo, donde se no se vislumbran otras formas de vivir, se aceptan formas inaceptables de trabajar. Tras la pandemia otro fenómeno observable en algunas regiones como, Estados Unidos, es la gran deserción. Habiendo algunos empleos disponibles, algunas personas se dieron cuenta del nivel de opresión que se encontraba en sus anteriores trabajos, y la enajenación que les ocasionaba, y por
lo tanto, deciden no volver a dichos trabajos, es decir, se genera una deserción del trabajo. Pareciera que con la pandemia los jóvenes están orillados a reflexionar seriamente sobre ¿Cómo quieren vivir? ¿Para qué trabajar?

Con la pandemia muchas corporaciones de muerte incrementaron su poderío de gran manera, por ejemplo, las 5 productoras más grandes de alimentos en México aumentaron en 40% su valor de mercado. Consumir menos de dichas empresas pareciera imprescindible para disminuir su poderío. Que organizaciones e instituciones saquen sus fondos de pensiones e inversiones de las corporaciones de muerte, es otro camino para debilitarles, pero ¿De qué otras maneras podemos atacar el poderío de las corporaciones transnacionales?

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *