Distintas formas de procurar la vida

Comenzamos recuperando y reflexionando sobre la experiencia de la toma de la planta Bonafont en Puebla por parte de pueblos, comunidades y organizaciones como los 20 Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes, y su transformación en la “Casa de los Pueblos” o el “Altepelmecalli”. En esta toma, de los autodefinidos “pueblos del agua”, nos mostraron como diversas poblaciones motivadas por la sequía o disminución de sus pozos de agua, se movilizaron para detener el saqueo por la empresa de Bonafont. El nombre que escogieron en lengua nahua, proviene de Atl y Tepetl, que significan agua y cerro, se refiere a las circunstancias necesarias para que pudieran haber pueblos en esta región, el nombre en conjunto refiere al hogar de los pueblos. Para estos pueblos, lo primero que debe hacerse antes de construir un nuevo hogar es encontrar un pozo de agua. Cuando se encuentra un pozo, se lanzan cuetes y toda la comunidad va a visitar el lugar. La primera agua, aún turbia, es tratada como algo sagrado, y se les da a todoas los que visitan el lugar para celebrar el hallazgo. Esta agua turbia se la dan a los bebés y recién nacidos, bajo la creencia que hablarán más pronto. Esta región está en una zona con gigantescas afluentes de agua, provenientes del Popocatepetl, el Iztazihuatl y el Pico de Orizaba. La región periurbana de Cholula, Puebla, donde se instaló el Altepelmecalli, es parte de un corredor industrial donde se encuentran una multitud de empresas, entre otras, las grandes industrias automotrices de origen Alemán. El agua nunca había sido un problema para los habitantes originarios de dicha región hasta años recientes. Los corredores industriales se instalan en la zona con poca regulación tanto para la extracción de recursos como para el desecho de remanentes. Para probar esto, los pueblos del Altepelmacalli nos mostraron distintas muestras recolectadas de los ríos de la zona, algunos de estos muestran un agua muy contaminada. Una niña murió no hace mucho tiempo por haber caído en uno de estos ríos. La organización de los pueblos para la toma de las instalaciones de esta empresa de muerte ha sido ejemplar, han dejado intactas las propiedades de la Bonafont al interior de las instalaciones, no se ha robado ni un garrafón. Miembros de las comunidades se organizan de manera horizontal, y aunque hay diferencias, la solidaridad al interior del Altepelmacalli es muy profunda. Las madres preparan alimentos para todoas que visitan el lugar. Tras observar que faltan herramientas de salud, cuidados y deportes en la zona, los pueblos han buscado utilizar el espacio para procurar de vida a las comunidades, ofreciendo atención médica gratuita y realizando talleres de distintos tipos. Recientemente algunoas tuvimos la oportunidad de asistir el “Encuentro por Científicos por la Vida”, previo a este hubo un “Encuentro de Mujeres”. El Altepelmacalli es un esfuerzo por restaurar la vida en una región devastada por el neoliberalismo, y reestablecer la armonía y reciprocidad original de los pueblos de la zona: “el sonido de su mundo derrumbándose es el sonido del nuestro resurgiendo”. La interpretación del territorio por parte de las empresas, los urbanos y el gobierno es diferente a la interpretación del territorio por parte de las comunidades. En este sentido, la geografía comunitaria permite incorporar la visión de los pueblos, y el eje central de esta visión, es el agua. En los pueblos indígenas, la autoridad o el consejo de ancianos deben hacer los rituales necesarios para asegurar que llegue el agua. En algunas comunidades todavía existen muchas figuras como los graniceros, los llovizneros que se encargan de llamar la lluvia. Otros como los palabreros, paleros, sobadoras, sobadores también son otras figuras de las comunidades que tienen otros roles relacionados a la mediación y a los cuidados. La justicia comunitaria es un todo, se aplica en todo. La comunalidad es un concepto, y a la vez, es el modo de vida de los pueblos. En los pueblos, la justicia y la comunalidad se encuentra en la oralidad. Esto se rompe con la educación y la visión escrita occidental. Para una justicia comunitaria primero se requiere el ritual y esta geografía comunitaria, y ahí podemos encontrar todo. El pueblo que está contaminado con la idea de desarrollo y progreso está jodido. Debemos repensar en los diferentes territorios y como nos relacionamos con la naturaleza. El ejemplo de la Bonafont nos inspira y nos orienta para seguir avanzando en una forma diferente de relación y defensa del territorio. En las comunidades rurales indígenas existe una relación muy obvia y profunda con la naturaleza, sin embargo en las ciudades se profundiza la artificialidad de un entorno hecho por personas, y se exacerba el distanciamiento con los ciclos de la vida. Las consecuencias de ello son múltiples y profundas. La extracción minera en nuestro país, es parte de un proceso neoliberal y de urbanización del mundo. Hoy, aproximadamente 55% de la población del mundo vive en ciudades lo que implica la necesidad de industrializar los procesos de producción para mantener a las personas que permanecen ajenas a la producción de la vida material. El proceso extractivista minero, el cual permite la existencia de muchos de nuestros artefactos de uso diario, infecta a las comunidades donde se realizan estas actividades. El proceso extractivista minero de hoy, lava la tierra con químicos, y pone los químicos en lagos artificiales, sin embargo con la lluvia se llenan estos lagos y se derraman, contaminando las tierras alrededor. Detener estos proyectos de muerte implica transformar el modelo civilizatorio en el que vivimos, y transformar nuestra relación con la tierra. Algunas veces, las diferencias entre visiones del mundo son profundas e incompatibles y nos llevan por caminos muy diferentes, por ejemplo la Bonafont y los pueblos de Atepemacalli ven el territorio de manera antagónica. En las luchas tenemos que identificar a quienes se encuentran cercanos a nuestra visión, y poder hermanar nuestras visiones, aprendiendo a lidiar con diferencias, para lograr permear esas formas distintas de ver el mundo y avanzar en nuestras luchas. En este contexto cabe preguntar ¿Cuál es nuestro horizonte común? Algunos pueblos tienen una visión diferente de la vida, tienen formas distintas de procurar la vida. Los mixtecos por ejemplo, se definen como los pueblos de la lluvia. Y la relación con la naturaleza es muy diferente de la del mundo globalizado, y cada pueblo indígena tiene la suya. Pero algo que hemos visto en común, es que cada pueblo, a su modo a entender, tiene una interpretación para procurar y mantener la vida. Tenemos muchas formas de ver la resistencia, sin embargo también tenemos que voltear a ver las coincidencias. Se tienen broncas internas fuertes, pero tenemos que buscar las formas de solucionar las diferencias y hermanarnos para luchar contra algo que parece grande y abrumador. El capitalismo se monta sobre dos trampas, no incluir las externalidades en el sistema de precios. Y la existencia de mano de obra no pagada, o infrapagada. Hay un problema en la forma vida en las ciudades, contamina el mundo y rompe con los tejidos sociales. Pareciera que se hace como dicen en España, “me voy del convento y lo cago dentro”. Estilos de vida y las opciones individuales de consumo tienen consecuencias. Todas las opciones fraudulentas que ofrece el capitalismo nos hacen sentir que hacemos bien, sin embargo, no nos da opciones para transformar nuestras vidas de fondo. ¿Qué pasaría si fuera el obrero fuera dueño del espacio donde trabajara? Seguramente habría una mejora, y vendrían también nuevos retos y nuevos problemas, pero también serían mejores problemas. Las opciones individuales para hacer modos justos que cuiden la vida son muy limitadas desde el mercado. Sin embargo podemos decidir reconectar con la vida. Vivir la vida de otra manera, esto permitiría tal vez otra forma de sentir que, a su vez, permita otras formas de vivir. La naturaleza a través de la pandemia pareciera estar haciendo una purga de la plaga humana que aqueja su superficie. En este momento, algunoas de nosotroas buscamos los rituales para mejorar nuestra vida, sin embargo, nuestro modo de vida actual pareciera ser incompatible con la vida. Cuando volteamos a ver la fuerza de la naturaleza, vemos que la vida humana es todavía muy pequeña e insignificante. La pandemia nos mostró que la naturaleza recuperó espacios, como cuando regresaron los delfines a Venecia. Parece una lección de humildad y nos enseñó que, a veces, lo mejor que podemos hacer es dejar de hacer. Con esto de la pandemia, los pueblos volvieron a hacer conciencia de que en la tierra hay vida. Al parar el ingreso de productos externos en las comunidades, se dieron cuenta de que tenían una fuente de alimento bajo sus pies, sus frijolitos, sus calabazas y su milpa. Se dio una oportunidad para revalorar la vida en el campo. La pandemia nos recordó donde está la verdadera riqueza, bajo nuestros pies. Nos recordó donde está la vida, y hacia donde debemos volcarnos para proteger nuestros territorios.

Universidad de la Tierra – Oaxaca Conversatorio Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta Relatoría del 8 de septiembre 2021

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