Estamos gestando el mundo nuevo: después del miedo, está la esperanza.

Conversatorio Caminos de la Autonomía bajo la Tormenta. Relatoría 29 de Julio 2020

En la conversa de la semana pasada, mirando este tiempo que vivimos y que sufrimos. Hablamos primero sobre los megaproyectos que se nos imponen, que la modernidad es un desastre, que es una sentencia de muerte para nuestra cultura. Hablamos desde nuestros corazones los miedos y temores de estos tiempos. Hablamos el miedo al contagio, a no poder respirar, a no tener para comer. Hablamos el miedo para también decir cuidado, atención, solidaridad, apoyo, confianza. Hablamos el miedo porque enfermamos de pánico, enfermamos de soledad. Hablamos el enojo también, porque tenemos derecho a nuestra digna rabia. Hablamos que queremos respirar, hablar, pensar, vivir. Hablamos de sembrar la vida. Hablamos la esperanza, la hablamos cuando nos toparnos con que este tiempo es de gestación, de que se está germinando una nueva era y tenemos la esperanza de parir un otro mundo.

Iniciamos recordando preguntas de la sesión pasada. ¿Como curarnos en lo social y lo colectivo? ¿Qué postura tomar en medio del conflicto? ¿Como nos educamos? Cómo rescatamos nuestros procesos autónomos y de desescolarización.

Comentamos la palabra y la experiencia que las compañeras del CNI nos compartieron en el Foro en contra del corredor transitico una semana atrás. Esta fue parte de su palabra:
Hay rechazo al corredor interoceánico por parte de las comunidades y pueblos, es la resistencia indígena. El Estado sigue perpetuando la colonización por la imposición de estos megaproyectos. Es un proyecto colonial, es un engaño de la modernidad. No respeta la diversidad de la vida, se impone una sola forma de vida. No se respeta la dignidad humana ni de las comunidades. ¿Qué es la modernidad? Asumimos que vestir nuestros huipiles no era moderno, y había que dejar de vestirlos, que tomar nuestras medicinas tradicionales no eran algo moderno, que había que comprarles a las farmacéuticas. Asumimos el engaño de la modernidad. ¿Que tan fuerte es el engaño en el istmo? Ahora por el Covid se ha retomado la medicina tradicional para curarnos y vivir, resistimos desde la comunidad, desde el arte para sensibilizar a otras y otros sobre la situación y la lucha.

Es un momento necesario de relacionarnos, de fortalecer relaciones interpersonales y grupales, apoyar el esfuerzo de comunidades, pueblos, organizaciones, sindicatos, hacer esfuerzos por articular movimientos. Cuando nos empezamos a tejer con otras y otros, podemos intercambiamos la perspectiva y la mirada, podemos empezar a organizarnos. Se necesita tejer la solidaridad, tejer con otros para sobrevivir a estos tiempos difíciles. Fragmentados es mas difícil, los esfuerzos individuales no tienen mucho futuro. Se incrementó la interacción digital, en redes sociales, celulares y computadoras, wasap y feis. Pero ¿Que tan real es esta interacción digital? Los lazos de amistad, de conocernos, de estar cercanos se empiezan a fragmentar, aunque haya mucha interacción digital, no se está generando una relación cercana, sino un intercambio de muchos mensajes.

Una compa nos cuenta que por donde vive los contagios están aumentando, la vida cotidiana está empezando a funcionar. La gente sale a vender y a trabajar. Ven que las viviendas no son para quedarse en sus casas, no son el idílico ¡Quédate en casa! No hay condiciones de salud y alimentación. Nos cuenta que el narco se está movilizando, están entregando despensas y reclutando a los chicos. Cuenta que ellxs están trabajando vía internet y han creado redes por wasap, pero hay distancia. Queda como recuerdo la lejana normalidad.

Entre la gente de los barrios, comunidades, amistades. Como hacer esa ruptura, como crear esas redes solidarias. Desde la organización de nosotrxs. Desde nosotras y nosotros. La familia es un núcleo donde podemos fortalecer la cercanía y la amabilidad. No estar solamente en la relación virtual, necesitamos la interacción cara a cara, tomar las precauciones, cuidarnos.

Nos está pasando algo. No podemos nombrar y expresar los miedos que estamos experimentando y sintiendo, tenemos miedo al contagio, miedo a no tener trabajo y miedo en el trabajo, tenemos pavor a no tener alimento. Pero el miedo tiene una función, que es la de cuidarnos. Tenemos que recuperar el cuidado, más allá del cubrebocas. Podemos ubicar el miedo como un detonador del cuidado entre nosotrxs. El miedo nos paraliza, pero también nos mueve al cuidado mutuo. Hay que explorar mas que es el miedo. Espinoza decía que el miedo y la esperanza son los dos principales sentimientos del humano. ¿Cómo combatir el miedo que se ha generalizado y se ha convertido en pánico entre nosotrxs?

También les estamos dando mucha importancia a volver a sembrar, a sembrar nosotras y nosotros, a sembrar palabras también, a recuperar la poesía. A enriquecer el lenguaje. Una compañera nos comparte que ya no existe la posibilidad de hacer teatro, que se están creando nuevas maneras, porque ahora todo es virtual. Nos cuenta que giramos en complejidades. Que vamos todo el tiempo hacia adelante y hacia atrás. Que estamos en la contrariedad del estar y no poder estar. Nos cuenta que las palabras no alcanzan para florecer los jardines, para plantar no basta solo la palabra, tampoco la semilla sola. Rastrear la memoria del jardín y plantar la tierra. Es tan valioso quien planta, como quien mantiene el recuerdo que se plantó.

La poesía es una de las formas para salir del miedo. El confinamiento nos ha causado mucho daño, necesitamos intensificar nuestra interacción, vernos, estar juntos, trabajar juntos, caminar con lxs demás ante la situación que se nos viene.

Poesía y comida. Esta combinación nos puede sacar adelante, comer bien, no se trata de abundancia sino de la calidad. No se trata de pedir Uber Eats. Se trata de imaginar con otrxs, como tener nuestra comida, hacer nuestra comida, inventar nuestra comida, sembrar nuestra comida, y como la comemos poéticamente, como con otrxs comparamos el alimento. Hemos perdido la capacidad de saborear, y de tener apetito, perdimos el cuidado de los alimentos. Es importante estar atentos a lo que comemos, lo que pasa en nuestrxs cuerpos, si tenemos frío, si nos sentimos cansados, si nos falta el aire. Sanar en lo colectivo y superar la escala del miedo y usarlo como advertencia para cuidarnos. Tenemos el derecho de poder enfermar, asumir que necesitamos ayuda, hay que ver por nuestra salud física y mental. El miedo es también para proteger, para alertarse y no exponerse.

Nos preguntamos ¿cuál sería un antídoto ante el miedo? pensamos que sería el enojo, quizás la seguridad o tal vez la confianza. El arte, la poesía y la música son formas de aumentar nuestras posibilidades de recuperar la confianza como un antídoto digno para el miedo.

Hay que empezar a salir en el barrio, a cultivar la cercanía, donde vivimos y estamos, encontrar otras formas de vincularnos, en lugar de separarnos. Se trata de tejer. El estar alejados y aislados nos puede enfermar de miedo y soledad. El enojo es un antídoto del miedo, también puede ser mortal. Pero existe una forma del enojo que nos puede hacer falta. Lo que lxs zapatistas llaman Digna rabia, debemos estar rabiosos por lo que pasa, alimentar nuestra digna rabia. Debemos recuperar el sentido de la respiración, el aliento.

El covid es la falta de respiración, es una falta de poder enunciar, de nombrar y expresar. Ante las imposiciones colectivas e individuales, no se nos permite expresar inconformidad o descontento. Últimamente no nos salen las palabras, salen gestos, sílabas, ruidos que intentan ser sonidos. Con covid nos quedamos sin aire, sin respirar. Y justo la respiración está vinculada a la formación del habla, ahí interviene la dimensión del oído, de la palabra y el pensamiento. Respirar es necesario para el relato, para la plegaria que es muy vecina de la poesía y el conjuro. Lo posible está vinculado con la palabra, con nombrar, con enunciar y pronunciar. Las palabras dependen de la respiración para enunciarse y ser. Respirar es un cuenco donde nacen las cosas.

El movimiento más importante del último mes, el relacionado con George Floyd, que nos dice ¡No puedo Respirar! Está expresando que todxs nosotrxs no podemos respirar, que no solo es quien tiene la bota del policía encima, sino que a todxs nostrxs nos es imposible respirar. Y por eso salimos a la calle y gritamos. Y nos organizamos con otrxs para poder respirar de nuevo, en una conspiración de co-respirar, compartir el aliento, podemos respirar de nuevo cuando estamos abrazados con otrxs, cuando nos relacionamos, cuando estamos con otros expresando nuestra digna rabia.

A pesar de ese horror, por ese horror, estamos en la gestación de algo radicalmente nuevo, de una fuente de esperanza. Este tiempo es de estar gestando algo, no de guardarse y estar quietos. Estamos en un momento de gestación. Se está gestando un mundo nuevo. Lo podemos olfatear, casi lo podemos tocar. Hay elementos que nos dicen que es un momento de creación, que después del miedo, está la Esperanza, que podemos recuperar la esperanza como fuerza social, en estamos en eso, de eso se trata. Se está gestando algo, es como un embarazo, un nuevo tiempo. ¿Que estamos gestando en estos tiempos? Nuevas iniciativas, nuestros oficios, nuevas maneras. ¿Cómo nos cuidamos y transformamos el miedo? Hay que cultivar la confianza, entre nosotres, para poder denunciar ideas e inconformidades, no censurarnos desde que somxs pequeños, porque provocando inseguridades entre nosotrxs. Las sanadoras dicen que algunas enfermedades están vinculados a malestares del alma. El covid que nos afecta a nivel mundial expresa una enfermedad del alma, no la individual, sino la social, algo estaba sucediendo, porque en 2019 hubo muchas revueltas, se expresaron muchas inconformidades, y luego llegó este tiempo, luego vino esta enfermedad social, como una forma de opresión acumulada de tantos años. Lo que se viene es mucho peor que lo que hemos padecido, los militares afuera, el hambre, padecer de agua.

Se tiene la esperanza de que este tiempo se podría estar gestando todo lo que enunciamos y expresamos el año pasado, que estos meses hayan sido para gestar otras formas de hacer las cosas, de manera distinta, colectiva. Algo gestado desde el tejido de la solidaridad.

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