Hacia la construcción de otros aprendizajes posibles – Relatoría del 21 de mayo

En los encuentros originados por el deseo de caminar hacia la construcción de otros aprendizajes posibles, han surgido diversas preguntas. Una de ellas, la que abrió paso al inicio del diálogo este día fue ¿cómo pensar y actuar en el mundo desde otras lógicas?, sabemos que la ciencia, ha tenido unas formas de operar en las que se parte del control social y que las escuelas han heredado esta forma fundada. Es necesario pensar cómo generamos saberes que nos permitan pensar el mundo desde otra forma que no sea la premisa de que la ciencia controla, nombra y domina la realidad.

Otro tema central y que ocupa totalmente nuestra atención es la pandemia. Si bien la cuarentena es una oportunidad para que los estados se reformulen y empiecen a pensar en formas más autoritarias, también ha propiciado el deseo de ir contra corriente, de que la gente reasuma su capacidad de sentir y decidir. La pandemia ha sido una oportunidad para aprender, para reflexionar, nos ha mostrado el espejo de nuestras vidas cotidianas, la oportunidad de pensar ¿qué nos gusta?, ¿qué no nos gusta?, ¿qué vamos a construir y de qué manera?, sin embargo, el qué haremos después del confinamiento depende de donde estemos parados cada uno de nosotros.

Es importante generar una nueva forma de relacionarnos ya sea dentro o fuera de las escuelas, hay quienes están abordando los aprendizajes desde la institución, la nueva normalidad para ellos implica volver a las mismas prácticas de un sistema patriarcal, colonizador, violento, extractivo, etc. Aunque se siga en el camino de los retos institucionales las estructuras estructurantes son determinantes y limitan. Al pensar que la mayoría de las personas tiene la necesidad de liberarse, es importante considerar que también hay mecanismos que impiden esta liberación, mecanismos fuertes que operan en el ámbito global, lo nacional, estatal, local, familiar, etc. Pero, ¿a qué estamos invitados con esta nueva normalidad los que no regresamos a la escuela?, ¿qué tan preparados estamos para esta nueva normalidad?

Quienes laboran en escuelas libres consideran que es preciso abandonar el adultocentrísmo, -ese que nos hace creer que tenemos que resolverles todo a los niños y jóvenes-, para pensarnos todos como parte de una comunidad. En este sentido, estamos invitados a escuchar a niños, jóvenes y adultos, porque cada uno esta viviendo situaciones de angustia distintos y la escucha, permite crear espacios amorosos para que podamos sostenernos. Los adultos estamos invitados a desescolarizarnos, pero esto implica un pensamiento de profunda reflexión, construir el pensamiento crítico, a su vez implica desarrollarse en la dimensión de lo político, es decir asumirnos como personas de acción que toman el propio aprendizaje en sus manos.

Podría ser también, que con esta nueva normalidad estemos invitados a pensar en chiquito, en lo concreto. La globalización nos ha hecho creer que lo grande es lo mejor, sin embargo, cuanto más pequeña es la acción, parece que más avanzamos, es importante volver a lo sencillo, a lo comunitario, a recuperar la palabra, la autosustentabildiad y la alimentación. Aún con esto, ha surgido la interrogante de ¿qué tan importante sería pensar en una conciencia más grande, aunque nuestra actividad principal siga estando en lo local?

Otro de los temas importantes en la mesa es sobre si podemos enseñar realmente y si esto necesario. Hay quienes consideran que esto no se puede responder como un absoluto, por otro lado, quienes opinan que no es el enseñar lo que se pone en cuestión, sino el cómo y qué se enseña, apuntando hacia formas otras de los aprendizajes. Pero también hay quienes opinan que no podemos enseñar nada, sino que más bien, se trata de emanar nuestra esencia entre los otros, una convivencia en un plano horizontal donde se aprende en conjunto. A partir de esto, surge también la cuestión de qué tan importante es crear nuevas formas de nombrar, dado el peso colonial que tiene la palabra “enseñanza”. Estamos cargando muchas palabras y practicas coloniales, pero hay que tomar en cuenta que derrumbar ciertas estructuras es doloroso, no es fácil. Tenemos interiorizado el colonialismo, el patriarcado, el capitalismo, el adultocentrísmo.

El sistema educativo colonizador nos ha hecho pensar que somos tontos, la secretaría de educación con sus comunicados nos detona la interrogante de ¿en qué momento los seres humanos nos convertimos en contenidos?, ¿en evaluaciones? Pareciera que para ellos no importan nuestras situaciones emocionales derivadas de la cuarentena. Este escenario nos detona más preguntas que respuestas; ¿por qué tenemos que dejar guiarnos por otros?, por qué las instituciones son las que tienen que decirnos qué hacer de una manera tan estructurada?, ¿por qué no decir yo puedo hacerlo de una forma diferente? Tenemos miedo a eso que nos limita a darnos cuenta que existen otras posibilidades.

La escuela no se termina, es muy difícil porque existen intereses también en el sector privado, hay muchos negocios de por medio. Pero, posiblemente esta sea una oportunidad de transformación en los contextos educativos, aunque tal vez los que están apegados a lo institucional puedan tener menos oportunidades, quizá después de esto, haya familias buscando otras formas de educar. Pese a esto, sabemos que la escuela es más que un espacio físico, es también un lugar interno, así como la colonización lo es y en este sentido, la escuela puede existir con sus formas tradicionales aun fuera de su espacio físico, por ejemplo, aprendiendo desde casa.

Atrevernos a otras formas de educar es la antesala al proceso desescolarizante del enseñante, pero la transferencia de lo escolarizado es inevitable, pues venimos cargando muchas cosas, sin embargo, lo valioso de todo esto, es la oportunidad de corregir. En este sentido es importante también, empoderarnos de las epistemologías de las comunidades indígenas, de su holismo, debemos perder el temor que nos ha sido impuesto desde la colonización.

Una de las cosas que tiene un valor importante en esta búsqueda y que ha salido a flote en esta sesión, es el juego. El juego es una buena forma de aprender con entusiasmo. A los niños les importa más tener un amigo con quien jugar que tener una escuela, ahora mismo están en casa aburridos, no por falta de escuela sino por falta de amigos. Los círculos de juego son una oportunidad de aprender y jugar de manera libre, nos dan la posibilidad de la práctica, y nos ayudan a facilitarnos herramientas, a guiarnos en conjunto hacia lo que cada uno quiere aprender. Los momentos que más disfrutamos y más se nos quedan es cuando estamos jugando y pasándola bien. En este sentido, el fin de la cuarentena nos invita también a retomar los espacios y a construir nuevos.

Nuestros espacios virtuales de reflexión son para desestructurarnos, no para posicionarnos como ejes rectores de las nuevas iniciativas que surjan, somos uno más en medio de la comunidad. Hacer estas reflexiones nos ayuda a detenernos en las categorías políticas que ayudan a accionar. Una de nuestras compañeras nos comparte algunas de las categorías que considera importante tener presentes y que ha encontrado en el caminar de los aprendizajes: la confianza, el respeto, la ternura y el acompañamiento radicales.

Un pensamiento crítico que implique la dimensión política implica también el saber, y el sabernos en la cotidianidad implica creatividad, invención, creación que nos ayuda a la posibilidad de experimentar, y es justo desde la experimentación en lo cotidiano, que podemos aprender. No se trata de plantear una teoría y llegar a aplicarla a la realidad sino partir de la realidad y reflexionar a la par de la acción.

Afortunadamente tenemos más dudas que certezas y todas las interrogantes que se tejen abren pauta para continuar el dialogo. En esta sesión, finalizamos con una enriquecedora reflexión respecto a la diversidad del propio círculo de estudio.

Nuestro grupo se compone de muchas miradas, cada uno con sus propios matices y sus propias formas, hay muchas miradas y todas son validas desde una realidad particular, así es el mundo en el que nos desenvolvemos, con esa diversidad de miradas. Reconocer que todos tenemos sintonías distintas nos permite aprender a respetarlas, nos ayuda a no perder de vista la escucha. Al final de cuentas, desprendernos de las estructuras es un trabajo duro y largo, y cada uno en nuestros espacios aportamos una semilla en la construcción de esas nuevas formas que estamos buscando. La diversidad no obstaculiza el aprender, la diversidad es más bien nuestra riqueza.

A pesar de que hay una cierta desesperación por querer que las cosas avancen rápido, por cambiar este sistema colonial, la vida y la historia nos muestran que los cambios no se dan de golpe. Los cambios parten de nuestras acciones.

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