“Hay una guerra”


Comunidades indígenas que viven en Manaus, Amazonas

Caminos de la Autonomía Bajo La Tormenta- 19 enero 2022

Con esas palabras una compañera expresaba la situación de su municipio, donde apareció bajo el árbol de navidad un coche lleno de cuerpos.

Pero la guerra se amplía, abarca más que los conflictos entre los grupos armados. Un compa comentó los distintos tipos de conflictos que él reconocía, entre otros los que llevamos adentro y que muchas veces no reconocemos. Por eso otra compañera nos recordó la importancia de trabajar nuestras emociones, y como los grupos de mujeres se han dedicado mucho a eso.

Surge además la pregunta por la paz, y si esta es posible en la situación actual. ¿Es posible actuar desde la paz y la noviolencia si a todas luces sabemos que el violento es el Estado y que no va a parar?

 En ese sentido hablamos de la empresa de despojo y exterminio que se dirige contra los pueblos. Reconocimos por lo menos dos dimensiones de este horror: el despojo y exterminio cultural y el climático. El primero tiene que ver con la destrucción paulatina de nuestros modos de vida, lengua, las maneras en que nos hemos organizado y cuidado la vida. El segundo tiene mucho que ver con el primero, pero se manifiesta en el colapso del clima, de la desaparición de un clima que había posibilitado la vida humana por miles de años. Ese clima desapareció y no sabemos si lo que viene es compatible con la vida humana.

Sin embargo, no hay que hacer especulaciones más allá de lo que sí sabemos. Eso de la colapsología no debe de ir tan lejos como especular si va o no a desaparecer la especie humana. Lo que sí sabemos y lo conocemos por experiencia directa es que cada día, debido a los colapsos mencionados, las condiciones de vida de millones de personas a lo largo del planeta están siendo cada vez más y más insoportables. Millones mueren a causa de los efectos del despojo.

  Nos preguntamos entonces cuál es el colapso que importa. Queda claro que la pandemia es un dispositivo. Volvamos al tema de la guerra. A lo largo de estos dos años se ha utilizado un lenguaje bélico para referirse a las acciones frente al covid. Se habla de la “batalla contra el virus” y cosas similares. Pero, ¿la guerra es contra el virus o de qué guerra estamos hablando?

Hay que diferenciar entre lo que es pandemia y lo que es covid. Lo único que sabemos de la pandemia es que no podemos no contagiarnos. ¿Por qué dedicarse a intentar algo imposible? Mientras nos bombardean de noticias cargadas de ideología, como las que nos contaba la compañera de un hombre que murió en un accidente y el titular dice que murió con covid, la violencia de las instituciones médicas es cada vez más clara. Pareciera que cuando en las noticias dicen cuántos han muerto y de estos cuántos no tenían vacuna, en realidad lo que hacen es estarnos amenazando. En Jalisco, por ejemplo, ya es obligatorio certificado de vacunación para entrar a cierto tipo de lugares. Algunos son bares y antros, pero otros son espacios donde por ejemplo se ha puesto la “Feria de productores” donde campesinos y campesinas se han juntado durante años.

No podemos esperar a que los gobiernos del mundo se pongan de acuerdo, les llegue una epifanía moral y de pronto dejen de controlarnos y de exterminarnos. Ese es el conflicto, esa es la guerra, ese es el colapso.

Pensamos que frente a ello hay que visibilizar las alternativas y aprender de cómo las personas han enfrentado los distintos colapsos del pasado. Siempre ha sido desde abajo desde donde se construyen los nuevos paradigmas que sobreviven a los colapsos. No fueron las elites rusas las que quitaron al Zar o la francesa a los reyes o las mexicanas el porfiriato. Fueron las personas concretas en sus acciones concretas que fueron construyendo otro mundo que desmanteló al antiguo. Ese colapso sí lo queremos, el de los gobiernos de muerte. La lucha es por la vida.

Ahí está la esperanza. Por ejemplo, en el pueblo ayoreo que entre broma y en serio resignifica el “distanciamiento social”. Sí, necesitamos distanciamiento social dicen, pero de unos 60 o 100 kilómetros de la ciudad.

En Ecuador, las comunidades comenzaron a enviar a sus enfermos de covid a los hospitales y se morían de tristeza porque los aislaban. Dejaron de enviarlos y a tratarlos con el cui, caldo de gallina, el amor de la familia. Recordaron también que a las vacas, cuando padecen del pulmón, les dan un remedio hecho con un cactus local. Como la vaca también es mamífero y eso le ayuda, siendo el covid algo que ataca los pulmones, las comunidades comenzaron a tratar a los enfermos también con ese remedio.

Ahí está la esperanza, en la lucha por la vida. Aunque también surgió la pregunta de qué hacemos quienes no nos encontramos tan cerca de los pueblos y no contamos con esa sabiduría…

Fotografía: Junio Matos- (Agencia Anadolu) Tomado de https://www.aa.com.tr/es/mundo/la-pandemia-de-covid-19-ha-afectado-a-m%C3%A1s-de-476-millones-de-ind%C3%ADgenas-en-el-mundo/1936624

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