hiit’ Caminos de sanación: la palabra, el canto, el amor, encontrándose para sanar



Texto y fotografías:
Jhonwi Hurtado

Se teje para construir, se teje para fortalecer, se teje para dejar los sueños en el tejido: se teje para sanar. Durante dos días se realizó en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, el encuentro Tejidos de Sanación, un espacio para compartir saberes ancestrales que se reflejan en la medicina tradicional: diferentes organizaciones de México-Colombia y La India, tejieron experiencias a través de la palabra.

Son las 8:35 de la mañana, pocas nubes se ven en el cielo de San Cristóbal de las Casas, horas antes, una camioneta recorrió poco más de 620 km para llegar de Oaxaca a un encuentro con la palabra, con el equilibrio, con la medicina tradicional. En esa camioneta venían 13 personas: parteras, médicos, mujeres que sanan con el canto, niños y niñas, en esa camioneta viajaba el amor por la salud.

Sandra Hernández, camina de un lado a otro, Sandra recibe con una sonrisa y los brazos abiertos a quienes van llegando al encuentro, ha dormido pocas horas pero la energía compartida la mantiene de pie. Sandra, gracias a su nawal de movimiento ha impulsado este encuentro: es terapeuta cannábica, es sanación. En el salón de la casa comunitaria Yi´bel ik´Raíz del viento, se encuentran unas 30 personas de diferentes lugares: San Cristóbal de las
Casas; Oaxaca; Italia; Colombia; Estados Unidos: algunos practican la medicina tradicional, otros la estudian, pero todas y todos la buscan para hacer de ella un servicio que beneficie a toda la comunidad.

La medicina tradicional en México ha tenido un papel importante a lo largo de la historia, a pesar de los esfuerzos de un sector de la iglesia y de la misma medicina occidental por eliminar esta forma de medicina ancestral, se ha logrado mantener, ha logrado hacerse visible y aunque en muchos escenarios no se le quiera reconocer, sigue vigente.

Después de las 9 de la mañana se da inicio a la conexión entre la red internacional de Crianza Mutua con México-Colombia y La India. “Yo sé que yo solo no podría apagar el fuego, pero alguien tiene que empezar a intentarlo” recuerda alguien desde la India, refiriéndose a la necesidad de empezar a realizar acciones en pro de la medicina, así parezca una labor titánica.

La India fue el primero en compartir la experiencia desde sus organizaciones: represión estatal, corrupción, falta de democracia, fueron algunas de las problemáticas por las que alzaron la voz y a su vez las que llevaron a tener la necesidad de organizarse como colectivos para la defensa y la lucha en contra de diferentes injusticias, tanto para las personas como para el territorio. Un integrante del colectivo Vikalp Sangam expresa:


Cinco mil mujeres campesinas, una de las partes más oprimidas de la India, han formado colectivos y están guardando semillas nativas y han logrado una soberanía alimenticia en sus regiones. Es un sector de personas muy oprimidas en India. 90 pueblos, aldeas en la India, se juntaron para demandar sus derechos en torno a la minería y a la ecología: nosotros somos el gobierno, nosotros tomamos el poder en estas 90 aldeas.

A pesar de las distancias territoriales, son muchas las cosas que unen a países como México, Colombia y la India: las represiones a los movimientos sociales, la violación a los derechos humanos, los problemas de salud provenientes de una mala inversión en temas alimenticios. Desde uno de los colectivos que se encuentran en Colombia, señalaron la
importancia de hacerle contrapeso a un sistema de salud, que para muchos, solo piensa en el beneficio propio: “Vamos a lanzar un proyecto de un sistema de salud de nosotros y que le haga peso a ese otro sistema de salud que es de muerte. Un niño que tiene diarrea, en un hospital no saben qué es y eso es susto, o es mal de ojo o es descuajado”.

En Chiapas, la denominación de “tradicionalistas”, que hoy se usa para reconocer a médicos que no forman parte del sistema de salud occidental o cosmopolita, tiene un peso histórico que ha servido para quienes no se reconocen como católicos ni, a partir de la década de 1940, como evangélicos. Este término también sirve para diferenciarlos de los médicos cosmopolitas y, además, para reconocer en ellos personas que poseen un saber que atiende problemas de salud y de bienestar de las comunidades que la otra medicina no.

Es justamente gracias a estos encuentros, que se sigue fortaleciendo la importancia de reconocer estas formas de entender y asumir la salud y la enfermedad, así como los tipos de tratamientos desde la medicina tradicional, en donde para muchos el cuerpo debe tener un equilibrio con la mente y con el espíritu, el alma, lo que llaman Ch’ulel.


Por ello, con la búsqueda del equilibrio, y también como una forma de resistir y de protegerse, pienso que los médicos tradicionales siguen siendo importantes para las comunidades, que a través de sus prácticas siguen atendiendo problemas de salud y protección de la comunidad (rezos para las lluvias, para las buenas cosechas, entre otras) en muchas ocasiones ante la ausencia del sistema de salud del Estado.

Le pregunto a Sandra por el cómo surge la idea de realizar un encuentro que gire en torno a la medicina tradicional: señala que tras las medidas de aislamiento que se han implementado desde el inicio de la pandemia del Covid-19 necesitaban volver a tejer esas conexiones:


Necesitábamos difundir esperanzas y al ir promoviendo el manual de herbolaria para el Covid-19 nos dimos cuenta que era necesario poner fin al aislamiento social pospandemia y la necesidad de sanar nuestras comunidades y organizaciones sociales signadas por la guerra y la violencia, también que los intereses mundiales por hacer
de nuestra salud un negocio, pues necesitamos reapropiarnos de nuestras medicinas tradicionales frente a las intenciones de controlar y privatizarlas por parte de otros”.

Es de resaltar la participación de la colectividad Nichim Otanil, colectividad de la cual proviene el manual de herbolaria para la Covid- 19, impulsado por la maestra Lucia Pérez. Dicho manual, busca entregar herramientas para fortalecer el sistema inmunológico para prevenir la Covid -19 incluyendo la espiritualidad, y el cuidado de la salud emocional.

Por parte de las experiencias colombianas, quienes participaron expusieron la necesidad de seguir luchando por la defensa del territorio y el medio ambiente, ya que en algunas comunidades, se han secado los lugares donde recogían el agua a causa de la siembra indiscriminada de pino por parte de empresas multinacionales:

Esta experiencia de cosecha de agua como les decía está ubicada en Yumbo, muy cerca de Cali, es una experiencia organizativa campesina que viene desde hace mucho tiempo de comunidades que se dedican a la siembra de comida, de cultivos de pancoger, ahí en esa zona tenemos un problema que es escases de agua, debido al ecosistema natural, es un ecosistema seco, pero además es un ecosistema que ha tenido intervención, han sembrado pino y han ocasionado escasez de agua en esa zona Actualmente esta comunidad paga 40.000$ colombianos por hacer un viaje para poder solventar la necesidad del agua.

Otra de las problemáticas expuestas desde Colombia, es la preocupación que desde el 2018 tienen los pueblos originarios que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, debido al decreto 1500 de 2018, el cual les quitaría 800 mil hectáreas de territorio sagrado para ser explotado por empresas mineras. 2

Es un sistema de lugares sagrados, donde crece la vida, lo acompañamos hacer un recorrido, hacer una ofrenda a la línea negra, en este momento estos lugares enfrentan minería, hidroeléctricas, hay una campaña para proteger un decreto que es el decreto 1500 la campaña se llama 1500 latidos, para que la Sierra Nevada siga existiendo como esa riqueza que es corazón del mundo. Son los Mamos y las Jaibas, las guías de esta resistencia y gracias a esto tenemos comunidades vivas, idiomas vivos, agradeciendo siempre a la sierra nevada.


Por parte de México, tomaron la palabra representantes de Crianza Mutua y de Unitierra: Mauricio del Villar y Wendy López Juárez, quienes llegaron de Oaxaca

Desde Crianza Mutua, vemos que el comer, que los alimentos es parte de lo que teje nuestra vida cotidiana y hay una conexión con los ancestros, con la tierra, y es algo que compartimos no solo como México sino como América Latina. También es importante mencionar que a pesar de las fortalezas que todavía se mantienen en comunidades y espacios, también tenemos retos importantes: hemos visto a lo largo de los años que se ha desvalorizado el vínculo con los alimentos. Hoy en día una persona que se queda en una comunidad a sembrar, es una persona que es vista como si no tuviera éxito.

También hicieron énfasis en la problemática del que un país como México importe el 50% de los alimentos que consume, pues termina generando una pérdida de la autonomía y la oberanía alimenticia. “el 12% de las ventas de Coca Cola a nivel mundial, se dan en México” asevera Mauricio.

Le pregunto a Wendy López, qué les motivó para participar del encuentro:

Tejernos, generar alianzas con otros colectivos de otros territorios, esto también es parte de la iniciativa que llamamos Crianza Mutua, que es justamente hacer intercambios de experiencias de saberes y de reflexiones y en ese sentido, Sandra, junto con otras compañeras de otros colectivos, había ido a Oaxaca a presentar un manual de plantas medicinales y también desde ahí como que se da el enlace y nos animamos a participar. Entonces fue más bien la motivación por intercambiar, por seguir tejiendo, por conocer a colectivos de otros lugares y otros territorios. De San
Cristóbal para Oaxaca me llevo esperanza, ver que también en otros lugares se está construyendo desde la sanación con otras compañeras, con otros compañeros. Me llevo aprendizajes colectivos, también esta relación entre defender el territorio que habitamos, cuidar la vida y sanarnos, entonces creo que va siendo más claro que es posible solamente hacerlo en colectivo con otras y otros.

De esa manera culminaba la primera parte del encuentro: dando luces de esperanza, mostrando que en colectivo se construye, se avanza, se aprende y también se desaprende.

El ambiente en el salón Yi´bel ik´ es de armonía: algunas personas están en la cocina preparando alimentos, otros salen al jardín, el diálogo emerge: los niños corren y sonríen. Los niños gritan, son felices: nadie los cohíbe, nadie les hace perder esa sonrisa que en algunos casos, los años les quita.

Después de comer, algunas sanadoras se disponen a dar talleres medicinales: con su cabellera larga, su mirada sabia, levanta la voz y dice: “vamos a enseñarles a cerrar cadera de una mujer que haya tenido un parto recién o que en todo caso lo necesite” su nombre es Marcelina Caridad, es partera, vive en San Cristóbal de las Casas y espera tener su casa para atender partos; quien la acompaña es Yuritzi, partera de Oaxaca, madre de dos niños, quienes también estuvieron presentes en el encuentro; y quien hace de modelo para el taller es Cándida Hernández: el proceso inicia colocando una manta debajo de la mujer quien se acuesta en la camilla: “Entonces, yo como partera, les pregunto qué quieren, si quieren un masaje, si quieren una plática, o quieren revisión de su bebé” expresa Marcelina, pues para ella, uno de los elementos más importantes a la hora de ofrecer un servicio médico, es la escucha, con la escucha también se sana y a través de ella se genera una conexión con la
paciente.

Cándida sigue acostada, Marcelina y Yuritzi empiezan a mover la manta debajo de ella, hacen fuerza y de a poco van bajando a la cadera, para finalizar en los pies: quienes están presentes, realizan preguntas, Yuritzi y Marcelina responden: enseñan cómo realizarse automasajes tanto en el pecho como en la matriz. Los niños siguen corriendo: uno de los participantes, Toño, pregunta si ese masaje también puede hacerse a los hombres, a lo que Marcelina
responde que sí, pero que es más complejo y que puede tardar 8 días el tratamiento.

El siguiente taller consistió en cómo realizar una limpia y algunos elementos de importancia del Temazcal. Su cabellera es blanca y recogida todo el tiempo, ella se ríe, se ríe mucho y expresa sabiduría cuando habla: viene de Oaxaca, es sanadora, dice que le da pena cobrar dinero por su servicio, se levanta de la silla, mira el salón y solicita unas plantas para la limpia, su nombre es Elvia, doña Elvia García, le dicen algunos: levanta la voz: “lo primero que hay que tener en cuenta para hacer una limpia es ponerse un trapo rojo en algún lado” ella se lo coloca en la cabeza, llama a quien será su paciente: tras bendecir y ahumar, pregunta el nombre de la paciente: “Regina” responde. Dice doña Elvia, mientras el humo se expande por el cuerpo de Regina:

Que nos permita limpiar el cuerpo de Regina de toda energía negativa, toda envidia, toda maldad…Algunas cosas que dije, uno las dice es en silencio, pero yo acá las digo para que ustedes aprendan, porque a mí me gusta enseñar es todo, a mí me gusta más con pox o mezcal.

Le rodea la cabeza con un huevo, lo quiebra y lo deposita en un vaso de vidrio: “yo siento que tienes un problema pero no es físico, es más un problema con un masculino, eso me dice el huevo” Regina sale del salón.

Adentro tenemos la temperatura que tiene un bebé en el vientre, la temperatura y la humedad que tiene un vientre materno. Esa misma temperatura y humedad tenemos en el temazcal. Las abuelas, las piedras que calentamos se calientan desde que empezamos, con mucho respeto, pedimos permiso, las acomodamos, y cuando ya están, ya tenemos listo el temazcal, nosotras acostumbramos adornar con hierbas porque es una manera de recibirte que vas a sanar.

Dice doña Elvia, quien ya se encuentra sentada y explicando a las personas presentes: habla con seguridad, habla con fuerza. Es enfática en decir que el temazcal es sanador, es energía, y la importancia de conocer bien las puertas y el respeto por las abuelas.

De a poco la noche va llegando, pero el calor humano se hace presente en la casa comunitaria, a pesar del viaje largo de quienes llegaron de Oaxaca, a pesar de la jornada extensa, los ánimos siguen: el deseo de aprender y de enseñar continúa, el respeto por la palabra impera.

Son las 6:30 de la tarde-noche, Sandra dice: “vamos a terminar con el taller de tintura” doña Antonia se levanta: es una mujer de pocas palabras, Luis, su hijo, camina con ella, pocas veces se le separa: “voy a explicar cómo hacer una tintura, este remedio sirve para la salmonella y parásitos” dice, y mira a su alrededor, introduce plantas en un vaso de vidrio,
pero recomienda “lo mejor para esto es ponerlo en un vaso oscuro, pero si no se tiene, ponerle una bolsa negra después” La tintura que prepara la señora Antonia es con la planta Chilchahua, una planta considerada “milagrosa de los Altos de Chiapas”, paso siguiente, explicó la forma en que debía ser cortada, pero siendo enfática en que hay que pedir permiso a las plantas, porque también son abuelas. “Si tiene pox o mezcal, no se le echa agua, pero si
solo hay alcohol etílico, se le aplica cierta cantidad y se debe dejar 30 días para empezar a usarlo, y cuando se termina de hacer, hay que ponerle la fecha de realizado y la de caducidad”.

Doña Antonia, Flor, y Clara en la preparación de la tintura

Algunas personas intervienen, señalan que en casos de emergencia se puede hacer un procedimiento más rápido: “se licúa en seco la planta, se parte una botella a la mitad, se le pone un filtro y se deja caer el aguardiente o el mezcal” de esa manera, se podría hacer un uso de emergencia de la planta.

Entre aplausos va cerrando la jornada: algunas personas intercambian datos; el tejer sigue avanzando, cada palabra es una puntada, es una extensión del saber, es la amalgama del equilibro, con la humildad, con la tranquilidad. Se sigue sanando.

Día 2: La ceremonia de liberación


“Abuelitoo, fueguito, que nos das toda tu luz, que florezca la humanidad, revestida de tu
luz, que florezca la luz, que florezca la luz…” (Fragmento de Que florezca la luz, abuela
Mallinali)

Son las 9:45 de la mañana del domingo 05 de diciembre. El cielo, igual que el día anterior, está azul, muy azul. Llego a la Ranchería Alcanfores, lugar donde se llevará a cabo la ceremonia de liberación, coordinada con el Tata Xuno López, la médica S… y el Abuelo Juan. La Ranchería Alcanfores es un lugar de luz, de paz, allí, Kiara la cuida, la protege, es
la guardiana. Allí también reside Alberto, un italiano que busca la sanación, un italiano que cree en el abuelo tabaco.

-Buenos días, ¿soy el último en llegar? Pregunto: me responden que no, que en la parte de debajo de las casas, se encuentran otras personas. Ropa blanca, mucha ropa blanca. Los árboles parecen felices, están felices de ser visitados, de ser respetados, de ser admirados. Una aguililla vuela cerca del altar. El Tata Xuno, carga un tambor, camina alrededor del altar que está terminando, las personas se saludan, y de a poco se ubican en círculo. Los niños
corren, corren y ríen, Maya, una perra busca comida.

Algunas personas que van llegando, traen frutas, comida, todo para compartir. Tata Xuno toma la palabra: pide que nos presentemos al altar, pide que le pidamos permiso a las abuelas y los abuelos para estar allí, él los invoca, ellas y ellos llegan, el viento sopla, el viento sana.

Doña Susy jala puro, también está pidiendo permiso para estar allí, para recibir al abuelo Juan: alrededor de 40 personas están presentes en el lugar; ellas, ellos, igual que sus ancestros, están presentes, estamos presentes.

Doña Sussy es médica canalizadora, se sienta mirando al altar, cierra los ojos, pronuncia algunas palabras, está esperando recibir al abuelo Juan. El Tata Xuno también pronuncia palabras en voz baja. Los presentes nos hacemos en círculos y los miramos, la energía se siente. “Vamos a recibir al abuelo Juan, abuelo Juan, no abuelito ni Juanito, yo le
digo Juan porque lo respeto, porque estamos acostumbrados a minimizar a las personas desde el nombre, Pepito, Juanito, y no es así. Ellos son grandes, son grandes abuelos y merecen respeto”. Asevera el Tata Xuno.

El altar está rodeado de piedras, de velas de colores, de tabacos, está rodeado de la energía de los presentes, está rodeado de la intención de los presentes.

“Eso mero, eso mero” ha llegado el abuelo Juan. “Un cigarro” pide el abuelo Juan. Saludamos todas y todos. Pide que nos presentemos, que digamos quiénes somos. Lo hacemos. Tata Xuno enciende el fuego, canta, canta y las voces se unen a su canto. El Abuelo Juan, comparte, enseña, pregunta, porque sabe que el saber se genera también desde la
cuestión, desde el cuestionarse uno mismo. Pregunta si sabemos qué hacen las abejas: “hacen comunidad” le responden. “Sí, y ¿qué son ustedes en este momento? Comunidad”, luego dice: “¿Saben la historia del caballo y el burro? El caballo es más rápido, pero el burro pega más duro”. En otras palabras, un llamado a la paciencia.

“Que florezca la luuuz, que florezca la luuz” se escucha cantar, se escucha el tambor, se escucha la armonía y las y los presentes, se unen al canto. El Abuelo Juan pide que le hablemos al fuego, que no lo dejemos apagar; Tata Xuno nos reparte diferentes velas, para encender y para pedir permiso para estar allí. Las encendemos y las colocamos luego en el altar: algunas personas encendemos puros, queremos sentir su presencia y su calor. El Abuelo Juan pregunta si conocemos qué pesa más ¿un kilo de algodón o un kilo de azúcar? ¿Quién es más humilde, el algodón o el azúcar? Después enseña: el azúcar es más pequeña más fuerte, el algodón es notorio, pero débil. Seamos como el azúcar.

El altar sigue encendido; el fuego no se apaga, la armonía sigue presente. El abuelo después de darnos recomendaciones, de decir que siempre pidamos permiso a las montañas, a las abuelas, a los abuelos, que sigamos por el camino del tejido, por la búsqueda de la sanación, se despide.

“Acá tenemos fuego hasta las 7 de la noche, pero lo vamos a ir apagando. Quienes quieran fumar puro y después dejarlo en el altar pueden hacerlo” dice Tata Xuno. Algunas personas siguen cantando, cantan y cuando cantan, viven. El Abuelo se va, doña Sussy regresa, pide un café: las personas empiezan a dialogar nuevamente entre ellas, se reparten algunas medicinas, semillas, frutas, mezcal y pox.

Para cerrar la ceremonia, cada persona dice qué le dejó el encuentro: la palabra más mencionada es “corazón” seguida de “compartir” “sanación” “tejido” agradecen el ser y el estar. Se sienten, nos sentimos comunidad. Se invitan a sus lugares de origen, como si el lazo familiar se hubiese hecho más fuerte. Por mi parte, sigo pensando que el encuentro fue eso que llamamos recorderis, que significa “Volver a pasar por el corazón” pasan los días y sigue
pasando por el corazón, por los corazones. Se sigue tejiendo la sanación.

Referencias:

1 https://bosquedeniebla.com.mx/wp-content/uploads/2020/12/Herbolaria-para-el-sistema-inmune-covid19.pdf
2 https://www.rcnradio.com/colombia/caribe/sierra-nevada-perderia-proteccion-de-territorio-sagrado 3 https://alertachiapas.com/2021/03/21/el-poder-curativo-de-la-chilchahua-la-yerba-milagrosa-de-los-altosde-chiapas/

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