Hospitalidad radical y el fin del turismo



Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta, 17 de agosto de 2022

En esta ocasión abordamos el turismo. Chris nos presentó su proyecto “El Fin del Turismo”, mismo que incitó la discusión sobre las problemáticas que rodean al turismo. “El Fin del Turismo” es un podcast que pretende amplificar las voces de aquellos que viven en los barrios y comunidades, y luchan frente al turismo que destruye los territorios, las culturas y los saberes.

Chris llegó a Oaxaca hace siete años, en una búsqueda personal. Chris era un viajero profesional y trabajó todo lo que pudo para escapar de lo que el sentía una cultura toxica y moribunda. Tenía la idea de querer viajar pero sin saber porque, ni las consecuencias de este tipo de actividad. Terminó por trabajar en la industria del turismo, y comenzó a ver las consecuencias de lo que hacía. En la temporada 2 del podcast, que recién está publicando, explora diversas temáticas específicamente en Oaxaca desde su historia de lucha.

Oaxaca es un lugar al que se visita por su gran herencia cultural, esta etiqueta ha sido promovida y fortalecida por la industria del turismo. Sin embargo, esta es una forma de congelar la cultura, de forma que prácticamente parece un museo. Cuando la cultura se convierte patrimonio, se estatiza, se romantiza, y se desposee a los dueños de la cultura de lo suyo para exponer de ella a sus consumidores, los turistas. Las culturas se estandarizan y congelan, para que las puedan apreciar los turistas, pero las comunidades dueñas de la cultura son, en la práctica, desplazadas.

Oaxaca ha recibido distintas olas de turistas, los antropólogos de San Felipe, los pintores, luego chilangos y extranjeros comprando propiedades para hacerlas Airbnb. El origen del turismo no es nada nuevo, tiene una historia casi colonial, los misionarios por ejemplo después de los ejércitos llegaban a documentar y catalogar, era una forma de proto-turismo. El turismo tiene un origen complejo, pero puede ser trazado, al menos, hasta la colonia. Sin embargo, las culturas de Oaxaca son muy buenas para navegar a través de estas formas artificiosas de relacionarse con el territorio.

Con Gustavo, en sus últimas pláticas se hablaba de como rescatar a Oaxaca de los bárbaros. Quizá lo más delicado de la vorágine del turismo actual, es algo muy sensible para las culturas Oaxaqueñas, la hospitalidad radical. Es muy fácil que la ecuación sea desigual, de una cultura que naturalmente hospeda, no tanto por lo que se llevan, sino porque convierten cualquier relación en una transacción. Tenemos que defender esta hospitalidad radical, que ha permitido la convivencia más o menos harmónica entre tantas culturas en estos territorios.

Es importante separar lo que es el turismo y el visitante. En las fiestas en la sierra, los visitantes son muy importantes. Al visitante no se le vende, se le aprecia, se le trata con aprecio y cariño. También la disposición del visitante es diferente, el visitante no pide de más, agradece lo que hay y pide cosas sencillas. A través de los visitantes se practica y fortalece la comunidad y el cariño. Cuando alguien recibe ese cariño al visitar a alguien, se genera una disposición y luego ese trato se replica hacia otras personas. Sin embargo, este trato se está corrompiendo con la entrada del dinero, con la entrada del turismo, porque ahora se mercantiliza el compartir.

“El turismo es una extensión salvadora del capitalismo”, cada que el capitalismo entra en crisis, innova formas de hacerse más atractivo y justificar su existencia. Encuentra la forma de acentuar los placeres, de hacerlos tan irrepetibles, que justifica al único sistema que puede producir tal deleite. El turismo busca la autenticidad, buscar la originalidad, busca un solo origen sobre las cosas, busca la linealidad. Sin embargo, las culturas se mueven de muchas formas, parece más una telaraña, siempre se están moviendo. Sin embargo, hay que usar este argumento con cuidado, pues el desarrollo y la modernización, parten de lo mismo, justificando que se modifique el mundo, y que los pueblos cambien, que los pueblos se adapten a los cambios que el desarrollo trae. El costo de vender la cultura de uno mismo, es la invitación a la hostilidad, decía Gustavo.

¿De dónde viene el turista? Seguramente será local en algún lugar, pero debe tener la semilla para comportarse así, sin embargo los visitantes normalmente son invitados, si no es un peregrino, o un vagabundo pidiendo pan. La hospitalidad es un fundamento de la comunidad, de las relaciones. ¿Qué pasa cuando la hospitalidad radical entra en una economía extractiva? ¿Qué afectaciones tiene cuando crece la escala?

La peregrinación también se ha convertido en turismo religioso. Por ejemplo en Juquila o Etla, se ha transformado completamente la peregrinación, mercantilizando y modificando los significados, al punto que es difícil reconocer de qué se trataba aquello. El turismo lleva a la banalización de los rituales. El turismo desposee de sacralidad a los rituales. Las peregrinaciones eran espacios de aprendizaje e intercambio. Se reflexionaba en el proceso, se hablaba con otros para hacer sentido de la vida interior y del mundo. Estas formas de viaje eran formas opuestas al turismo actual de cierta forma, pues el sufrimiento era parte de la peregrinación. Las peregrinaciones eran formas de profundizar en nuestra condición como humanxs; era recurrir al otro, en otro lugar, para aprender a hacer las cosas de otro modo, para aprender a ser mejor de lo que soy ahora.

El turismo rompe la cultura de los pueblos, mientras que, la hospitalidad va de la mano de los pueblos. En el turismo gira sobre el dinero. Las comunidades tienen formas de hacer las cosas, y el turismo viene a mostrar otras cosas, viene a meter el desarrollo, irrumpe con las formas, con la lengua. Hacer eso es romper el eje central de la vida local, el turismo viene a irrumpir. No sabemos quién viene y con qué motivos viene. El turismo también puede verse como una forma de voyerismo, ellos quieren ver y no dar, tomar y no dejar.

La manera en la que aprendemos a relacionarnos en el turismo, no es, cómo doy cobijo y apoyo, sino cómo vendo, cómo me vendo. A través del turismo se da una economización de todas las relaciones. Se erosiona el cariño y el amor de las relaciones entre nosotrxs.

Es importante la lengua para practicar la hospitalidad. En el zapoteco hay frases de uso común que incluyen a quien vienen de lejos, abren hacia una forma de relacionarnos los modos instalados en los lenguajes. Parte de la educación comunal es la hospitalidad. Cuando hay que hacer fiesta, hay que hacer todo lo posible de atender primero a los visitantes y luego nos atendemos nosotrxs.

También los pueblos han aprendido a lidiar con el turismo, por ejemplo, en algunos pueblos de Oaxaca, hay pueblos que manejan la oferta turística de una manera colectiva, y ello puede ayudar a combatir algunos efectos adversos del turismo y seguir haciendo comunidad. En otras latitudes distantes, han ideado que para evitar gentrificación, desplazamiento y que las tierras caigan en manos de personas ajenas, solo pueden comprar tierra ahí, quienes son originarios y sus hijxs.

Anteriormente muchas personas se entendían a sí mismas como huéspedes en este mundo, huéspedes de esta vida. Las raíces de la hospitalidad tenían que ver en una relación entre anfitrión y huésped, en donde el cariño y el cuidado de la vida son el centro. La hospitalidad radical tiene que ver cómo la gente puede verse como parte de un lugar, entendiendo las necesidades de los demás, y en una relación de largo plazo. Gustavo, en el contexto de la hospitalidad y hostilidad, decía que algunas veces es bueno poner límites a la hospitalidad, no en el punto del nacionalismo o regionalismo, que implica un odio o resentimiento, sino para poner límites a la extracción e influencias que destruyen a las comunidades.

En la hospitalidad radical, es importante una cierta reciprocidad, no se está esperando que se dé algo, pero se da. Lo que se ofrece ahí es amor cariño, apapacho. La hospitalidad radical produce santuarios. No importa cuánto perfume le pongas al jabón, no puedes reproducir el santuario comprándolo con dinero. Hospitalidad radical significa estar enraizado, y cada cultura tiene su versión. ¿Cómo podríamos vivir versiones diferentes al turismo?

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