La dependencia de la Independencia: 211 años de Estado mexicano entre desindianización, indigenismo estatal y resistencia indígena.



Universidad de la Tierra – Oaxaca

Conversatorio Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta

Relatoría del 15 de septiembre 2021

El 15 de septiembre, en el mal llamado territorio de México, algunos celebran y celebran la Independencia.

Frente a las crisis del presente, la necesidad de encontrar nuevas formas y nuevos rituales de vida, nuevos horizontes para imaginar y soñar es un deber hacia las próximas generaciones.

¿Cuáles son estos otros horizontes? El Estado por su parte propone e impone un programa de rituales de la nación, rituales que hoy, sin embargo, no pueden dejar de parecer obsoletos.

Yasnaya ha publicado un magnífico artículo en el País, en el que dice que la celebración de la independencia significa perpetrar hoy un proceso de refinamiento y expansión del colonialismo, que nada tiene que ver con su fin. En los primeros tres siglos de la colonia, a pesar de los tributos que tuvieron que pagar a la corona, los pueblos indígenas obtuvieron amplios márgenes de autonomía en su vida concreta.

Los siguientes dos siglos bajo el recién nacido estado mexicano buscaron eliminar cualquier forma de autogobierno. El 15 de septiembre celebramos la continuación de los aspectos más brutales de la dominación española por obra de criollos y mestizos. Negar esto es imposible en términos de documentación histórica. La primera constitución mexicana, la de 1824, menciona en su primer artículo el mantenimiento de una profunda filiación cultural con España: México es católico y no se permiten otros cultos. En ese momento los pueblos indígenas eran la mayoría de la población y sin sus esfuerzos militares la independencia no habría sido posible. A pesar de ello, solo se mencionan una vez en este texto constitucional y aparecen como tribus extranjeras, únicamente en relación con el poder atribuido al gobierno para tratar con ellos. Los “padres de la patria” siempre han seguido los pasos de los Estados Unidos de América (no es casualidad que nos llamen los “Estados Unidos Mexicanos”) y también han querido hacerlo en relación al trato a ser reservado para los pueblos indígenas. En Estados Unidos estos últimos han sido exterminados físicamente, aquí en México culturalmente: la homologación estatal y el indigenismo son la estrategia del gobierno para privar a los pueblos indígenas de su ser indígenas: esta es la primera transformación.

La segunda transformación está representada por el proceso por el cual los indígenas están obligados a otorgarle a Estados Unidos el derecho de acceso al Istmo de Tehuantepec a través de un ferrocarril autorizado por Benito Juárez y sobre todo por la negación de los derechos indígenas a la tierra comunal. El indígena Benito Juárez estaba obsesionado con ser gringo y con la intención de convertir a los indígenas en pequeños propietarios individuales, intento que provoca la transformación del 98% de los indígenas en peones semiesclavos. La división de Benito Juárez entre estado e iglesia no rompe la marca colonial: la constitución dice que “la tierra pertenece a la nación” y la nación puede convertir la tierra en propiedad privada o ejidal.

La tercera transformación es el resultado de un compromiso entre el Estado y los pueblos indígenas, para lo cual la nación “reconoce la posesión original de los pueblos indígenas”: sin embargo, de hecho, el entonces presidente Cárdenas no reconoce ni una hectárea indígena y divide la mitad de el país en parcelas para pequeños propietarios. Tendremos que esperar hasta 1847 con Díaz Ordaz para los primeros márgenes de implementación de la nueva Constitución. La cuarta transformación es una nueva agresión sistemática y constante contra los pueblos indígenas. En particular, las mujeres, los defensores de la tierra y los pueblos indígenas son las principales víctimas en los últimos años. La desaparición de dos miembros de la Junta de Buen Gobierno del Caracol 10 de Chiapas es un ataque directo a los zapatistas, de una gravedad sin precedentes. Esta es la cuarta transformación, en una sociedad donde se asesinan alrededor de 100 personas al día por la violencia estructural del país, una violencia totalmente normalizada por las instituciones.

La fractura original entre españoles e indígenas ha cambiado a lo largo de los años, pero se mantiene sin cerrar. El etnocidio fue y se perpetra también y sobre todo a través de la Escuela y la castellanización masiva. El estado mexicano y su educación oficial no reconocen ninguna dimensión multinacional o multiétnica: el mensaje es claro, es usted quien debe adaptarse. El director del maxi proyecto del tren maya dice abiertamente que el proyecto se caracterizará como un etnocidio, en términos de una transformación radical de los habitantes indígenas de los territorios en cuestión. No se trata de matarlos, sino de transformarlos radical y unilateralmente.

Internet juega un papel clave en este sentido. La forma en que llega a los pueblos no tiene nada que ver con un supuesto derecho a la comunicación, sino con las formas de seducción del neoliberalismo, que ejerce un papel similar al de la escuela y la escuela en línea representa la síntesis perfecta de estos dos, son herramientas de desindianización. Las nuevas tecnologías desempeñan ahora el mismo papel que antes desempeñaba la construcción de carreteras y otras infraestructuras, el de romper el tejido social. Quién sabe cómo se relacionarán los jóvenes de hoy en 5/10 años con la vida comunitaria y la relación con la Tierra. ¿Seguirá siendo posible la vida como forma de arte? ¿Y el arte de pensar? Los dispositivos tecnológicos nos insertan en una corriente capitalista que avanza en sentido contrario a la autonomía: el riesgo del fin del México profundo es real.

El discurso del desarrollo es un tema central en estos procesos. La narrativa del banco mundial en relación a los pueblos está ligada a la necesidad de pacificar a los que considera “territorios de nadie” y el medio que utiliza es convertirlos en “territorios de alguien”, institucionalizando los procesos internos de las comunidades y militarizando el territorio, el desarrollo, la institucionalización y la militarización son procesos entrelazados.

Si la invasión europea ocurrió directamente con armas y cruces, al menos fue visible. Ahora el capitalismo ha encontrado formas de golpear a los pueblos indígenas de una manera mucho más sutil: nuestros corazones, nuestros sentimientos, nuestra forma de pensar están entrando en un nuevo modelo político colonialista contemporáneo hecho principalmente de la privatización de Tierra (“Sembrando vida” es un ejemplo que está creando problemas en las comunidades al alimentar las divisiones internas). La política del gobierno con respecto al territorio nos manipula dándonos un dulce para hacernos creer que estamos recibiendo ayuda a través de programas estatales. En este sentido, el desarrollo es un dispositivo fundamental que nos sugiere que vale la pena sacrificar todo lo que estuvo durante milenios en su nombre.

Con el pretexto del 15 de septiembre, es interesante darse cuenta de cuánta dependencia ha provocado la independencia y la idea de que alguien nos dé y nos conceda derechos. ¿La Independencia para quién fue? ¿Para quién es hoy? 211 años después de la supuesta independencia, los pueblos indígenas siguen viviendo de forma independiente y luchando por ella. La construcción de lo que ellos llaman México se basa en la negación del modo de vida de los pueblos indígenas: el desafío es rechazar la negación y recuperarnos a través de los abuelos y su sabiduría, recuperarnos nosotros, en la práctica de nuestro quehacer. Tenemos que escribir nuevas narrativas y otras historias, desaprender las historias que nos enseñaron en la escuela, contar una diferente a los jóvenes, resignificando lo que somos, sin nostalgia del pasado y viviendo diferentes narrativas en el presente. También es una lucha por la palabra. Palabras como “Pueblo” o “izquierda” ahora son robadas, vaciadas, debilitadas junto con los contenidos que nacieron de la imaginación de la gente y de la creatividad de abajo. Hoy no es lo mismo oír un “Venceremos” o un “Pueblos Unidos jamás serà vencido” que oírlo hace 15 años: es importante decidir qué palabras vamos a buscar para encontrarnos, cuáles redimir para no encontrarnos desarmados y poder ubicarnos. En este sentido, las radios comunitarias y la invitación de los zapatistas a tomar los medios constituyen un espacio de lucha fundamental, que va de la mano de un trabajo de concientización y organización.

El capitalismo rechaza y cancela aquello que a sus ojos no tiene valor, que no coincide con los procesos de extracción de beneficios y valorización del capital en el mundo dominante. Todas las formas de vida que no tienen valor en el capitalismo y el liberalismo son descartables, borrables. Tenemos que afirmar otro paradigma, que atribuye valor a la vida y el cuidado de la vida.

Vale la pena escuchar los testimonios de compañeros y comunidades que no se rinden a la represión y brutalidad del Estado y del Sistema para recordarnos que es posible resistir y aventurarse en una nueva travesía por la vida. Durante la conversación recibimos una llamada telefónica de Fredy García Ramírez, integrante de la organización Codedi, preso político como defensor del territorio y de la comunidad: nos dice que a pesar de las difíciles condiciones de su detención se siente lleno de ánimo y fuerza. El 6 de noviembre de 2019 fue detenido y desde entonces se ha encontrado en una situación difícil en un contexto de abuso judicial agravado por la pandemia, lo que representa una excusa perfecta para extender el tiempo de liberación. En este momento se encuentra a la espera de que se programe la audiencia en la que podrá aportar pruebas de su inocencia, así como a muchos otros compañeros detenidos en este momento. La solidaridad desde el exterior de las cárceles es fundamental para presionar en esta dirección

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