La esperanza es un “quizás”



Relatoría Caminos de la Autonomía, 22 de junio 2022.

Joaquín y El Gallo fueron atravesados por el poder incontrolable del narcotráfico en la Sierra Tarahumara. Aunque puede verse como un infortunio circunstancial, nos recuerda como los sacerdotes que se ponen del lado de los pobres, históricamente han sido perseguidos y asesinados. Son asesinados por cuestionar un sistema que divide y abandona a las personas, son asesinados porque cuestionan un sistema que pone a unos arriba y a muchos abajo. Los de arriba, aquellos que fijan las divisiones y los privilegios, al ver atentado su poder, ejercen medidas correctivas. En este caso, en la Sierra Taraumara, los caciques del narcotráfico han penetrado las comunidades moldeando irremediablemente la vida de las comunidades Raramuri.

Colombia cambió de rumbo político en el gobierno nacional. La avalancha de participación política en ese territorio es una muestra del gran fracaso de la política estatal en años recientes. Muchos movimientos civiles, mujeres y jóvenes, muy al margen de los movimientos políticos, se articularon para no permitir la entrada de la derecha más férrea. Sin embargo, vale la pena ser cautelosos sobre la victoria de Francia y Petro, pues hay circunstancias estructurales e internacionales que ejercen presión para seguir orientando las políticas macroeconómicas hacia la derecha. En la mirada larga, es un triunfo que la sociedad le está dando a la oligarquía. A donde quiera que se pare Uribe se la podrá denunciar y gritarle en su ‘geta’. Sin embargo, Uribe no es la enfermedad, sino es parte de la hidra, 11 millones de personas siguen apoyando a una derecha intolerante y elitista.

El nuevo gobierno en Colombia, ofrece alternativas críticas, sin embargo no es anticapitalista necesariamente. Se declara en búsqueda de temas más de centro, como la búsqueda de la sostenibilidad ambiental y social. La cautela es esencial, pues el nuevo gobierno llega al poder debiendo todo, puesto que han hecho alianzas con muchos grupos. Si bien Francia es una mujer racializada que busca abrir espacios para otras narrativas, encontrará constantes dificultades para hacerlo. El progresismo de América Latina con sus claroscuros, también puede ser visto como parte de la tormenta. Hay que pensar en transición, y menos en utopía.

Quizá con estos cambios, se pueda abrir una pequeña grieta frente a estos estados-naciones artificiales. Puro papel maché y escenografía. Aunque estos cambios políticos muevan cosas, es importante no olvidar empujar a otros lugares. Las autonomías nos han mostrado lo potente de lo que es la prefiguración, es decir unir los medios y los fines, vivir lo que pregonamos. Ahí es donde radica mucho de la dificultad. ¿Cómo vivimos las autonomías desde las ciudades?, ¿cómo comenzamos desde una aparente contradicción?

Usar las mismas palabras y las mismas ideas, nos llevan a los mismos lugares. Tratar únicamente de cambiar al gobierno no sirve de mucho. “No le pegues a la cabeza, pégale al cuerpo”. Son también los movimientos de base y las comunidades organizadas quienes transforman el territorio.

Si bien coincidimos que el capitalismo es una parte central del problema, o “el” problema. También podemos reflexionar de qué manera nos limita en identificar las enfermedades más específicas de nuestros contextos. La dicotomía izquierda y derecha sigue ejerciendo mucha presión en el espectro, sin embargo los proyectos son diversos y quizá debemos nombrar más claramente que es lo que buscamos, lograr concretar síntesis que movilicen a las poblaciones para luchar por los muchos mundos que resisten y por los que están por nacer. La derecha, la política de las élites latinoamericanas están inmersa en misteriosos caminos de intolerancia, fanatismo religioso, conformismo moral, eurocentrismo, privilegio y trauma, su existencia resulta inconcebible para muchxs de nosotros, eso lo tenemos claro. ¿Pero será posible luchar con un enemigo tan elusivo como el capitalismo sin caminos compartidos claros? Gustavo nos decía que el capitalismo estaba muerto, pero que vivíamos lo peor mientras algo nuevo estaba por nacer.

No todo está dicho. Hay que repensarlo todo. Hay que aplicar el sospechometro a todo. ¿Qué nos toca reconstruir? ¿Cómo le vamos a hacer para reconstruir la paz? ¿Cómo vamos a alimentarnos? Si queremos un mundo nuevo, necesitamos otras formas de aprender y entender. Hacerle caso a lo que vemos y a lo que sentimos. Voltear a ver cómo nos vemos afectados por nuestros ancestros y como es que afectamos a nuestras infancias ¿Cómo es que podemos sentipensar nuevos mundos? ¿Cómo concretamos nuevos imaginarios? ¿Cómo habitamos este cuerpo-territorio? A vagar.

Si queremos un cambio sistémico, tenemos que idear en nuevos caminos, relacionarnos con la vida de otra manera, de una manera no mercantil. Afortunadamente ya hay algunas formas que nos sirven de cimiento: la minga, el maniadero, el mandar obedeciendo, el buen vivir, el ecofeminismo kurdo. Los cambios se construyen de a poquito, y claro que hay herramientas. Pero tenemos que aprender de otras maneras. Tenemos que validar otras maneras de vivir. ¿Pero qué palabras usamos para describir estos nuevos, viejos caminos? La esperanza es un “supón”, la esperanza es un “quizás”.

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