La justicia de los pueblos va más allá de la ley del estado

Universidad de la Tierra – Oaxaca Conversatorio Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta Relatoría del 1º de septiembre 2021.

La condición de colonialidad que comenzó hace 500 años continúa manifestándose incluso en el presente. Esto se traduce en diferentes niveles de opresión: racismo, sexismo, desprecio por los demás, etc. La invención del Estado nación ha dividido artificialmente a las poblaciones que, en lugar de reconocerse como iguales o similares, ahora se ven diferentes y ajenas, como se puede percibir claramente en el caso de las caravanas de migrantes que vienen de Centroamérica: lo que hace la policía migratoria y el ejército es horrible, y también lo es una dimensión de discriminación internalizada en el tejido social. Antes del colonialismo no había estados nacionales que nos dividieran, y dividieran Centroamérica, ahora esta división se ha naturalizado y normalizado, es una imposición colonial que impregna nuestra mirada. Ver al otro como separado nos hace reproducir mecanismos de discriminación y es a partir de esta condición que el Estado gana: nuestro frente está dividido, demasiadas veces no luchamos por el poder sino que luchamos entre nosotros. Este fenómeno no solo concierne a la migración externa, sino también interna, solo pensemos en el racismo contra los migrantes de Oaxaca en Baja California. Entre las imposiciones coloniales más brutales está la de la concepción y modelo de justicia. En el paradigma del Estado y el capitalismo hay una concepción única de justicia, que es aquella que coincide con el derecho positivo y que busca anular todas las demás. Esto tiene mucho que ver con el monoteísmo donde solo hay un dios, una justicia y un intérprete de su significado. Sin embargo, en muchas partes del mundo, en el pluriverso que habitamos, siguen existiendo y resistiendo otras formas y otras prácticas, como la ley de los pueblos que se encuentran en la misma Oaxaca, como por ejemplo en la Sierra Juárez. La justicia no es algo abstracto, sino una dimensión que podemos construir desde nuestros barrios y comunidades, pero es difícil. Desde el punto de vista cotidiano chocamos contra la ley del estado, en la que no hay justicia, en ella operan todos los niveles de opresión heredados de la colonia: la justicia depende de cuánto se le pueda pagar a un abogado o sobornar a un juez o la policía. La fuente de inspiración y reflexión es la justicia propia de los pueblos, donde la ley del derecho positivo no se tiene en cuenta para nada porque no tiene vigencia y está fuera del contexto de la justicia comunitaria. La justicia del derecho positivo está fuera del contexto del derecho consuetudinario, del pueblo. Si las autoridades comunitarias de la Sierra tuvieran en cuenta los artículos constitucionales y el derecho positivo en sus decisiones, toda la región se vería invadida por la violencia, la delincuencia y la ratería. Gracias al sistema normativo de los pueblos de la Sierra se ha mantenido la tranquilidad, el respeto y la armonía. La autodeterminación consiste en determinar la justicia por uno mismo, sin derecho positivo. En el Estado, incluso los delitos graves implican que si tienes dinero y capacidad de pago compras la libertad y la posibilidad de seguir cometiendo delitos: te pueden engañar, por eso la gente dice que esta ley es inútil. En los pueblos no hay dinero, sino maíz y frijoles. Cuando la lógica del dinero y la ley positiva ingresa a la comunidad y trae violencia doméstica y violencia comunitaria. El individualismo enseña que todos pueden hacer lo que quieran, en la comunidad no hay razonamientos así. Si bien los pueblos indígenas suelen ser vistos como diabólicos por su hábito de hacer justicia para sí mismos, en muchos casos continúan proponiendo la justicia como un todo integral de armonía donde el castigo y el ejemplo a la comunidad que a través de ella se propone es solo un elemento combinado con la educación y el desarrollo de los derechos humanos que solo pueden ser del territorio y de la Madre Tierra. Ya sea frente a la plaga que destruye una cosecha o frente a una pandemia global que nos enferma, la justicia de los pueblos indígenas tiene como objetivo reparar la armonía general: por eso los rituales son tan importantes para mantener vivo el cariño y el amor por la comunidad y la tierra, para comprender lo que les está pasando, lo que está perjudicando la armonía y restableciendo sus condiciones. El derecho positivo se basa en la ciudadanía y la misma palabra “ciudadano” parece sugerir una conexión entre estar habitado por la ciudad y ser sujeto de derecho, a pesar de que es la ciudad misma la que devora la naturaleza, permite sobrevivir, pero no vida. En una visión occidental y urbana estamos acostumbrados a exigir derechos, pero no a asumir nuestras responsabilidades, no queremos asumir un compromiso propio y con la comunidad, compromiso que constituye la posibilidad misma de construir la autonomía comunitaria: como dicen en el Istmo “cariño requiere cariño”. En muchos contextos, la armonía y la autodeterminación comunitaria se han visto socavadas por la llegada de partidos políticos, sectas religiosas o intelectuales que nunca han ocupado el papel de topiles pero hablan bien. Hablar de comunalidad o vivirla son dos cosas profundamente distintas. Lo mismo ocurre con la ley: es muy diferente hablar de ley o vivirla en el pueblo, donde primero decimos “mira muchacho antes que tu tengas derecho tienes que cumplir tus obligaciones”. Tienes derecho al agua, a lavarte todos los días, a usarla para tus necesidades si fuiste parte de la comisión del agua, si limpiaste el pozo, si cuidaste el río. Los derechos y las obligaciones son algo mutuo. Antes de reclamar un derecho, debo preguntarme cómo estoy contribuyendo al bienestar de la comunidad. En una zona urbana basta con pagar y se puede esperar de todo, pero esto sucede dentro de un sistema de discriminación y opresión. La perspectiva es totalmente diferente y no se trata de conceptualizaciones distintas, sino de formas de vida y realidad. Todo va de la mano, no es un folclore, sino la forma de organización. La gobernanza comunitaria proporciona una relación recíproca entre la armonía con la naturaleza y el respeto por la autoridad comunitaria: si uno de los dos se rompe, todo está perdido. La seguridad se genera en este encuentro armonioso, es una combinación de elementos. La experiencia de esta seguridad, armonía y confianza se cuenta palabra por palabra y hace de Sierra Juárez un modelo para Oaxaca y más allá. El derecho positivo es hegemónico y en él una persona decide sin saber nada de la persona y su contexto, en la comunidad todos se conocen y conocen la vida que se genera, cuida o que pone en riesgo lo común. La evaluación en una comunidad surge del conocimiento de una conducta integral. La gobernanza comunitaria contiene la visión de respeto y cariño hacia la naturaleza. En el mundo de las instituciones no se contempla la madre tierra, solo pensemos en las concesiones extractivistas aprobadas por la Semarnat, que debría proteger la naturaleza. ¿Cuántas veces la ley positiva pone el dinero delante y no la vida? Por ejemplo, la ley minera es una ley general que viola los derechos humanos y de los pueblos originarios y no tiene nada que ver con la justicia. En el estado hay mucha legalidad, pero muy poca justicia. A las instituciones no les interesa la reparación por daños o la prevención del delito, en la comunidad el elemento central no es simplemente sancionar, sino prevenir las condiciones que permitan que el mismo delito se repita y sobre todo restaurar lo que una conducta negativa ha desgarrado en el tejido comunitario. Por eso, a veces el castigo no es más que un tequio, no diferente del que se prepara para la fiesta. No se trata de pagar una multa, sino de preservar la unidad y la armonía de la comunidad. La alternativa a la justicia punitiva ya existe. Las comunidades son un ejemplo de paz o armonía que no están esperando que venga alguien de afuera a resolver sus problemas, sino que todos juntos en la asamblea deciden el signo de este bienestar y esta armonía que surge desde adentro.

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