Más allá del miedo, defender con cariño la vida.

En México, como en muchos otros lugares del mundo, la llamada democracia se confirma día a día como el sistema cooptado por el Estado y los partidos. El 31 de julio, lxs zapatistas comunicaron los resultados de la consulta popular de las comunidades originarias de Chiapas, quienes votaron a favor de la necesidad de tomar acciones para impulsar la búsqueda de la verdad y la justicia para las víctimas de crímenes contra los derechos humanos. La Junta del Buen Gobierno coordinó la participación real en la zona, por la importancia del objeto de la consulta y, sobre todo, por la mirada a las víctimas. Este es el viraje hacia una participación digna promovido por lxs zapatistas con respecto a esta consulta.En el continente latinoamericano existen (lamentablemente y afortunadamente) varios ejemplos de la construcción de comisiones de verdad y justicia, que se hicieron necesarias por los crímenes de las dictaduras y por los miles y miles de muertos y desaparecidos.Sin embargo, a nivel nacional, la participación fue nada menos que grotesca y no podemos evitar preguntarnos por qué.Por supuesto, la gente ha perdido la fe en las instituciones que son cómplices de la violencia estructural en este país y ciertamente la consulta ha llegado con un retraso histórico grave. Este gobierno no ha podido o querido marcar una diferencia significativa con los anteriores: más allá de las proclamas que celebran la reducción del 10% de los homicidios (excelente resultado, si normalmente 100 personas fueron asesinadas cada año, este año “¡solo” 90!), han aumentado los feminicidios y hay 91 personas defensoras de la Tierra y de los derechos humanos y 43 periodistas asesinados en la “era Amlo”. El presidente a menudo ha sido arrogante y despreocupado frente a las colectivos y grupos de víctimas. En varias ocasiones a demostrado su desinterés, prefiriendo dedicar tiempo para encontrarse con jugadores de fútbol o béisbol, pero no con les familiares de las víctimas. El descuido del INE para esta consulta ha sido emblemático. Los zapatistas denunciaron la falta de información y traducción a los idiomas originales, la dispersión de las urnas por todo el territorio: fallas que ellos mismos suplieron, al menos en el Chiapas extemporáneo. ¿Cuántas personas ya no tienen fe en el cambio institucional? ¿Qué hubiese pasado si todos los electores hubiesen salido a votar por el sí a la justicia, qué hubiese hecho la autoridad, realmente habrían aplicado la ley? No son solo los últimos 4 presidentes los que gozan de impunidad, sino una infinidad de personas en todos los niveles que han sido demandadas, sin pagar jamás por sus delitos. ¿Cuánta gente está cansada de este circo? El 99% de las personas son víctimas de alguna forma de violencia por parte de este sistema, ¿cuántos están cansados ​​tanto de la violencia como del circo del sistema?Sin embargo, parece difícil reducir los límites de participación a la impaciencia de las personas con las instituciones.Frantz Fanon analiza la relación colonial enfatizando la introyección de la narrativa del colonizador por parte del colonizado, proceso que dificulta la posibilidad de cuestionar el sistema de poder. Interiorizar la subordinación y la dependencia pasa por delegar la exigencia de justicia: es una camisa de fuerza que limita nuestra capacidad de construir resistencias y alternativas. Además, no se trata solo de pedir justicia, sino de mantener vivo el recuerdo: se puede morir dos veces, la primera en el cuerpo y la segunda en el olvido. No debemos pensar solo en las últimas administraciones, sino en los siglos de violencia que preceden a la escalada que se ha producido en los últimos 40 años y que ha llevado a la normalización y la resignación.La violencia está tan extendida que a veces ni siquiera nos preguntamos de dónde viene. A veces incluso lo replicamos. Debemos ser conscientes de cuándo y cómo sucede, debemos cuestionarnos a nosotros mismos. Si queremos un cambio estructural, tenemos que empezar por nosotros. Debemos tomar conciencia de que la violencia se alimenta a sí misma, haciéndose cada vez más fuerte. Aquí radica la importancia de los límites, de aprender a salir de la espiral, de no ceder a la apatía.Después de tanta muerte, después de tanto dolor, las heridas son colectivas. Como en el caso de Ayotzinapa, las heridas están en la carne viva del tejido social. Sufren los que han experimentado violencia en su piel, pero también los que sienten empatía.Entre los factores que limitaron la participación no podemos dejar de incluir el miedo y, en particular, ese tipo de miedo que nos paraliza y que toma el nombre de terror. Mucho se ha hecho a lo largo de los años para difundirlo: miedo a los vecinos, a las policías, a los paramilitares, al covid y mucho más. El miedo es y ha sido creado intencionalmente, la desaparición y el asesinato se han institucionalizado, en beneficio de las cotizaciones financiera de la industria de armas y muerte. Lxs víctimas son las personas más diversas, el escenario en muchos estados es terrible, donde la gente no sale de sus casas después de cierta hora, como ocurre en todo el mundo con el covid: nos disciplinan y nos imponen los márgenes de acción. Parecemos pollos de la gran industria que pasan toda su vida en una jaula. La memoria es fundamental, piense en los niños que crecieron con covid: ¿cómo pueden recordar que antes había una alternativa? Lo mismo ocurre con la violencia. Se está generando un trauma colectivo muy fuerte en todo el país.La pregunta es cómo superamos el miedo para actuar. Para vencer el miedo debemos partir de la conciencia de nuestras limitaciones, comenzando por la escasa participación en la consulta popular. Dos de ellos son el miedo y la internalización de la violencia: afrontar el miedo con violencia es la peor forma de hacerlo. ¿Cómo manejamos nuestro miedo y nuestra violencia? Aprovechamos para preguntarnos qué es una paz con justicia y dignidad. Si, como nos sugiere Doña Mari después de perder a cuatro de sus hijos uno tras otro, es la condición en la que ya no es posible que vuelva a ocurrir algo similar, debemos preguntarnos cómo contribuir a lograrlo. ¿Qué hacer para cambiar?En la oscuridad también hay estrellas y a estás debemos mirar, retomando y re-tejiendo nuestras narrativas favoritas, el poder que se genera entre nosotros. El estado hoy nos dice que no se nos necesita, ni siquiera para votar, pero es diferente, somos capaces de hacer algo mucho más, mucho más allá del estado: somos capaces de arrojar luz.Son muchas las formas en las que las familias de las víctimas están construyendo y experimentando formas efectivas de búsqueda, de manera autónoma sin contar con la ayuda del Estado. Con demasiada frecuencia, las instituciones son totalmente ineficientes a la hora de dar respuestas. Las madres buscan a sus seres queridos en fosas clandestinas, cumplen el deseo de justicia en actos concretos. Una de las primeras mujeres que comenzó a investigar en Oaxaca, al principio no tenía idea de cómo hacerlo, pero poco a poco fue aprendiendo métodos efectivos. Las respuestas y los métodos fueron construidos por la gente de los territorios y no por los que estaban sentados en un escritorio con una montaña de carpetas delante. Uno de los grupos de investigación de las madres de Tamaulipas decidió pedir una tregua de paz para poder cavar en territorio narco escribiendo directamente al cártel local, por ser tan exasperado por la indolencia institucional: esta carta muestra toda la derrota del Estado.Dado que nuestros cuerpos no solo están bloqueados por el miedo, sino también por el dolor, debemos recorrer el camino de la sanación. Han fragmentado el cuerpo social y el cuerpo individual: debemos retomar este territorio a partir de la amistad y del cariño. Debemos curar las heridas de guerra, defender la vida con cariño, reconociendo el dolor dentro de nosotroas, aprendiendo a dirigir nuestra rabia, reconociendo claramente a nuestros enemigoas y aliadoas.En las propuestas alternativas extemporáneas a la consulta nos encontramos con la principal apuesta por la vida y si tenemos claro que nuestra apuesta es por la vida siempre vamos a ganar. Cuando miramos la vida nos damos cuenta de su inmensidad que nos hace relativizar el miedo y el dolor. Es en la apuesta por la vida que podemos encontrar diferentes respuestas.”Buscándolos, nos encontramos” dicen las organizaciones de familiares de desaparecidoas: pues cuando las personas toman los problemas entre sus manos encontramos a otras con quienes compartimos dolores y nos encontramos a nosotroas mismoas con nuestras potencialidades y habilidades, encontramos además verdad y justicia. Es entre nosotroas extemporaneoas que tenemos que encontrar un camino que nos lleve más allá de la necropolítica, construyendo políticas de vida.

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