Nos queremos vivas: reflexiones sobre el 8M



Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta, 9 de marzo de 2022.

En esta ocasión recuperamos la experiencia del 8M y reflexionamos sobre el momento que vivimos.

Todo el país se levantó el 8 de marzo. Los niveles de violencia que se vive siendo mujer en México son inaceptables. Las mujeres hacen eco de su situación, de lo que está viviendo en carne propia, una violencia patriarcal desbordada que les cruza. Este 8M se evidenció el hastío que se tiene frente un país descompuesto.

En Oaxaca las marchas convocaron a muchas y fueron muy diversas. La marcha de la tarde desde El Llano a la Antimonumenta, fue multitudinaria. La marcha se vivió de maneras muy diferentes, mostrando muchos matices. La marcha Calenda, que salió de la Antimonumenta, aunque no fue tan masiva, tuvo una dinámica muy bonita. Se mencionó a las desaparecidas y se denunció a la fiscalía. “Estamos juntas, estamos acompañadas, aquí nos sentimos seguras” fue un sentimiento común. Un cartel decía, “las amigas salvan”. La marcha fue posicionando en el espacio público a las desaparecidas, se gritaron poderosas consignas que remueven las conciencias, y se fue señalando a los violadores, acosadores y a otros.

También, se dieron tensiones muy fuertes entre las diferentes colectivas. Uno entre TERFS y otros colectivos incluyentes. Las diferencias que se han generado en los movimientos, se han ido pronunciando en algunas situaciones. Igualmente en una frutería, un hombre atacó a las compañeras, mismas que se defendieron y terminaron por derribarlo.

Hubo algunas marchas que se dejaban ir contra todo. Mientras que otras se dejaban ir contra todos los símbolos del estado, las empresas capitalistas y los símbolos del patriarcado. La batucada feminista revivió, había madres, personas con discapacidades, y muchas compañeras de diferentes mundos, todas marchando al unísono, mostrando apoyo en la diversidad, a pesar de las fracturas. 

Esta violencia nos está robando la vida, nos está ahogando poco a poco. Es una señal, más allá de la criminalización, sabemos que las chicas de hoy son mujeres valientes, están poniendo el cuerpo. ¿Qué quiere decir poner el cuerpo? Quiere decir que arriesgan sus vidas para mostrar el dolor que se vive por la violencia, y gritar ¡basta! Estas compas, del bloque negro, no se van a detener, no se esperan a las teorías feministas u la aprobación, ellas están haciendo cosas, es una consigna materializada.

En Guadalajara, están las RADFEMS con las visiones transexcluyentes. Acá se intentaron meter en una moto algunos hombres, unas chicas jóvenes hicieron una barrera y los detuvieron. “La policía no me cuida, me cuidan mis amigas”, gritaban las consignas. La visibilizarían del movimiento ha crecido, el movimiento ha crecido. También algo que vale la pena resaltar, es que se puso al centro a las madres que buscan a sus desaparecidxs.

En el Ecuador hubo varias marchas lideradas por mujeres, se sumaron distintas organizaciones populares, y al final del día se dio represión policial en las principales ciudades. De cada 100 mujeres solo 13 tienen estudios superiores, la brecha es enorme, en el contexto rural es aún más preminente. Se debe generar una transformación profunda para que puedan equilibrar las cosas.

En el puerto de Veracruz, históricamente nunca se habían reunido tantas mujeres. En Jalapa, también se tuvieron muchos contingentes. Se sintió esa energía, de que vamos juntas, que ya no estamos solas. Se escuchó un fuerte ¡ya basta! Si nuestro gobierno no se activa, si sigue viendo las cosas de lejos, si sigue criminalizando a las mujeres, solo puede imaginar lo que se avecina.

Este año cambiaron mucho las cosas, se siente como avanza el movimiento. La idea de acuerparnos en el movimiento es algo muy bonito. Todas somos diferentes, pero marchando nos abrimos y se siente seguro, se siente bonito. Fue un día muy intenso, pero volvemos a nuestra vida y vemos que hay muchísimo por hacer, muchas transformaciones por hacer, empezando con nosotras. La inclusión de otras generaciones es algo que se ha vuelto más evidente, como se han ido sumando mujeres que antes ere escépticas o no conectaban.

La dualidad sagrada que potencia la vida, posicionar la cabeza hacia abajo parecía un mandato de ser mujer, pero también tiene otra dimensión, pues al mirar hacia abajo vemos la tierra y así muchas mujeres aprendemos de la tierra, y sabemos que podemos echar raíz. Y así, aunque nuestra lucha es por la vida, también, para poder vivir se debe morir, debe morir el patriarcado en nosotras y nosotros. Las sahumaduras que estuvieron en la marcha, también contribuyeron a la dimensión espiritual. El abrazo amoroso para las jóvenes y las infancias, ha ayudado a sanar a las siguientes generaciones. Nos sembraron miedo, pero nos crecieron alas.

Todas y todos estamos atravesados por el patriarcado. Pero nosotras estamos haciendo los ejercicios para reconocer ese patriarcado que llevamos dentro, Pero a los hombres, con sus machismos bien característicos, bien profundizados, parece que no les entran estas ideas. He visto algunos grupos de hombres invitando a otros hombres. Sin embargo, aún son pocos estos son espacios. Les urgimos a los hombres, a que se reúnan y que se pongan a discutir también todo lo que les atraviesa. Hay todavía pocas iniciativas para trabajar en esas otras masculinidades. Los hombres que pueden todavía escuchar, deberían atender este llamado, estos gritos de desesperación. ¿Cómo se generan grupos para transformar la masculinidad?

Las realidades de nuestras juventudes ‘hombres’ y en algunos sectores, cuando se les habla sobre sus privilegios, algunos de ellos no reconocen tener alguno. En realidad, se sienten completamente aplastados muchos de ellos. La construcción de masculinidad implica una gran dosis de violencia, una violencia que se desborda a todas partes. La cantidad de violencia que se permite por ser hombre, sobre todo en la juventud, es abrumadora. El racismo, el mercado y demás espacios, aunado a una idea deformada de sí, termina por generar sujetos violentos.

Los hombres son las primeras víctimas de este patriarcado. Los narcos, en esta construcción de género, en esta jerarquía de poder, buscan monopolizar un poder que ejercen con todo y contra todo. Lo ejercen como si fuera lo único que tienen. En una sociedad que los ha aplastado, en una sociedad que los ha marginado, esta masculinidad destructiva les parece la única vía para recuperar cierto valor sobre sus vidas, para recuperar su dignidad.

Un compañero habla de “masculinidades restrictivas”, que restringen las posibilidades de lo que puede ser un hombre, que moldean para la violencia. Él fue cuidado como mujer, cuando pasó violencias fuertísimas, hubo quién lo cuidó. Estas nuevas masculinidades también se dan por la socialización con las mujeres y el acuerpamiento que les han dado a los hombres. Cuando se les habla a los niños y a las niñas, se les habla más fuerte a los niños. Otra forma de ver el asunto es hablar de lo cuerpos socializados como mujeres, y los cuerpos socializados como hombre. No estamos dando los espacios en la crianza para otras posibilidades de ser hombres. El hombre debe permitirse transformarse de raíz, se debe permitir dar un masaje, se debe permitir ser cariñoso, se debe permitir participar en los cuidados, se debe permitir ser muchas cosas.

Los gobiernos tienen que hacer algo, ¿pero harán algo? Las instituciones que deberían protegernos, se vuelven espacios vacíos. Si miramos hacia arriba, no podemos esperar nada, entonces ¿Qué significa mirar hacia abajo? ¿Qué implica mirar hacia abajo? Hay cosas que podemos hacer desde la cotidianeidad. Nosotras estamos proveyendo salud, reproducción, auxiliando a otras mujeres, buscando a lxs desaparecidxs, y finalmente somos nosotras quienes mantenemos la vida. La revolución vendrá de la organización política, no sólo de las marchas.

Acuerparnos es algo que se ha tejido desde el feminismo de abajo. No estamos solas, nuestras amigas nos cuidan, Esto es algo que no viene de arriba, este feminismo lo estamos tejiendo entre nosotras. El feminismo como concepto viene atravesado, pero es parte de una misma lucha. Queremos vivir, a pesar de todas las diferencias, y eso es lo que nos une.

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