Repensar la pandemia – 31 de agosto de 2020

­­­­­­­­­­­­­­­­­En esta ocasión tuvimos la oportunidad de presentarnos y compartir un poco de quiénes somos y qué hacemos, compartimos conversa desde Alemania, Finlandia, Colombia, y diversas partes de México. Nuestra conversa inició con el tema de la sanación, hemos hablado de retomar las formas ancestrales de sanación y a su vez, de que los contextos nos marcan las formas del hacer, en este sentido, las formas de sanar son diversas y contextuales, los acercamientos hacia las plantas pueden ser muy diversos en cada lugar. La medicina alópata ha intentado unificar, pero sanar de forma alternativa tiene muchas variantes y retornar a las plantas también conlleva al reto de revisar cuidadosamente el uso de las plantas, pues existe mucho desconocimiento. En Colombia, se usa la moringa y algunas otras plantas que, al no ser utilizadas con responsabilidad, su consumo puede traer consecuencias, tenemos la tarea de ser rigurosos en ese aproximamiento al uso de la medicina tradicional, las comunidades tienen ciertos rituales de acercamiento hacia la medicación de una planta.

Es importante atender la salud desde la prevención y no desde la cura -que además es más caro-, aunque hay que tener cuidado en no caer en esencialismos con respecto a plantas medicinales, la alopatía no es del todo negativa, sino el abuso de las farmacéuticas, y todas estas corrupciones que existen. A veces se hace uso de las farmacias de atención gratuita, y a partir del diagnóstico recurren a las plantas medicinales. Mucho tiene que ver con la intuición, complementar la medicina ancestral con la alópata también es otra opción. La alopatía puede ser usada como una medicina de guerra, es decir, en momentos en los que es extremadamente necesario, el problema es que nos planteen usarla todos los días.

¿Cómo estamos viviendo esta pandemia? El virus se llega cada vez más a la gente cercana, y nos toca fuertemente cada vez que algún familiar, amigo o cercano se enferma de covid-19, estas experiencias mas concretas van más allá del abstracto en el que a veces nos estacionamos, pero recobrar historias con nombres y apellidos es muy valioso. Las circunstancias que se viven en cada contexto son distintas, pero, aunque este virus es global, no podemos generalizar la salud, las emociones, las soluciones ni nada.

El fenómeno del extractivismo conecta con la crisis de covid-19, en los países donde existen estos proyectos, las personas son puestas en situaciones de vulnerabilidad, se está rompiendo el tejido. El dinero de nuestros impuestos se echa como petróleo en las llamas para crear violencia, creyendo en las inversiones de proyectos de la oligarquía, pero muchas personas están quedando desempleadas, se aprovecha la situación y se va a donde siempre se quiso ir, no se defienden los sindicatos y los derechos, sino que se va a otro lugar, a los intereses de otros.

Desde el sur de Alemania nos cuentan que los niños están yendo a clases y que no necesariamente se utiliza la mascarilla dentro del espacio laboral, salvo cuando hay más acercamiento, es una situación muy compleja porque la lógica revela una cosa y las instrucciones otra, por ejemplo, no se puede cantar, ¿qué tipo de generación va a crecer sin ritmo en el cuerpo, sin la alegría del canto? A los niños pequeños no se les puede pedir constantemente que guarden la distancia de dos metros, ¿por qué dejar de cantarles entonces?

En otro punto de Alemania, los niños y los adolescentes están actuando con naturaleza, de forma normal, en una escuela si alguna maestra presenta síntomas, se cierra la escuela. Uno de los grandes problemas que hemos reflexionado en este espacio es la noción que se nos pegó respecto a que el contacto humano es lo que nos contagia, y es a lo que hay que tenerle miedo, cuando en realidad las relaciones son lo que nos sana, lo que nos mantiene fuertes.

En Finlandia empezando el verano ya no hubo tanto covid-19, pero ahora se está empezando una segunda ola porque muchas personas viajaron dentro y fuera del país. La información es cambiante, mientras tanto los números siguen siendo bajos, se pueden hacer actividades cotidianas con las medidas necesarias, incluso, ya salió una aplicación, es una alarma que funciona sólo en Finlandia y que hace que recibas la alarma si alguien que se te acercó tiene covid-19 y estuviste expuesto.

Nos seguimos preguntando por las medidas patéticas de control por el control, en ciudad de México, hay carteles que piden guardar silencio y no cantar, parece que se reinician las actividades bajo los intereses de las grandes empresas, por un lado, se dice cuídate, no salgas, pero por otro, se abren cines, casinos, etc., se vive una esquizofrenia entre dos normas que da el gobierno. No todo es la enfermedad, a veces esto no es la peor parte, sino todo lo que hay alrededor, la falta de alimento, los desempleos. ¿Qué impacto tendrán estas decisiones con nuestra niñez en México?

Los niños se quedarán un año en casa, quizá es mejor a enfrentarles a la situación de la distancia. Nos preocupa se extienda un nuevo método de aprendizaje como el que ahora en México se ha estrenado. La escuela por televisión es un asunto de lo más perverso, someter a los alumnos al aprendizaje en tv, sabiendo todo lo que representa con las empresas televisoras, con las familias en casa. Estamos en un momento totalmente fuera de la norma y no se les permite vivir fuera de la norma, se obliga a meterlos a una situación escolar, esto pone de manifiesto muchas cosas de cómo se nos quiere controlar, al grado de negar lo que sentimos, lo que vivimos. Muchos padres de familia por comprar tabletas electrónicas y otros aparatos para estas clases, se han endeudado a pesar de los problemas económicos que vivimos.

Desde el contexto comunitario en un Ejido cerca de Ocosingo, nos comparten que la dinámica es comunitaria, pero, hay pocas personas que están siguiendo el distanciamiento social, la mayoría de los habitantes no creen que exista la enfermedad, la mayoría no lleva cubrebocas y señalan a quienes si lo llevan., en algunas comunidades de este municipio, el acceso es muy difícil y para los Tzeltales, nuca ha sido una opción llevar a los enfermos a las cabeceras municipales, pues los servicios médicos son precarios, solo se lleva cuando se ha hecho todo antes, y ante esta pandemia las cosas no cambiaron, se hicieron cercos donde no dejaban entrar o salir de la comunidad o si llegaba gente se resguardaban 2 semanas. Los casos que han existido han sido de personas mayores, el semáforo ha cambiado, pero a nadie le ha importado, las actividades siguen iguales. Todo es colectivo y de pronto escuchar que no debemos estar cerca unos de otros hace pensar que si la gente hubiera hecho caso de quedarse en casa no hubieran tenido los cultivos que tienen hasta ahora, las recomendaciones se hicieron pensadas en el sector urbano, pero no n en las comunidades rurales e indígenas. No hubo spot en lenguas indígenas, esto nos dice hacia donde estaba dirigida la tensión, hacia la lo económico, los sectores empresariales.

Hemos ido de la imposición del confinamiento a la imposición del imperio hospitalario y al uso desenfrenado de las redes sociales para todo tipo de ideas, informaciones, fantasías, hemos ido del estado de sitio al estado de excepción, hemos ido del estado de sitio impuesto por el gobierno chino a las réplicas de los estados de sitio en distantitos países, en provincias, en estados, pero también a las dudas multiplicadas y a las reacciones tajantes a todo lo que diga la OMS. Ante una situación tan compleja, no es posible tomar actitudes tajantes para todos.

El asunto de las vacunas es un asunto muy complicado, la primera vacuna creada para la viruela fue un gran aporte para la humanidad, pero en seguida la historia de las vacunas está llena de datos preocupantes, dudas e informaciones contradictorias, es un carrusel trágico el que han puesto en marcha los imperios farmacéuticos y los líderes políticos de muchos países para poner en escena la fantasiosa cura por las nuevas vacunas.

Hay que salir a construir espacios, no sólo en las comunidades sino también en nuestras ciudades, habría que retomar la salud en nuestras propias manos, luchar por la tierra, por el agua, por el maíz, pro las abejas, salir a la calle para enfrentar la violencia contra las mujeres y los jóvenes. Hay que encontrar esa desobediencia civil consciente, con responsabilidad, hay formas de relacionarse con las demás personas más allá del confinamiento, sobre todo en espacios abiertos, con el uso de la máscara. ¿Qué pasa con las personas que trabajan de ambulantes?, ¿cómo hacen para seguir viviendo en su cotidianidad?, apelar a tomar conciencia de cuidarse mutuamente, pero al mismo tiempo intentar de romper lo establecido de una manera responsable, no salir y ser irresponsable en la forma de comportarnos, pero pensando que el confinamiento no es la única solución.

En Colombia, a partir de esta semana se habla de una nueva realidad, que en realidad no tiene mucho de nuevo, se están haciendo algunas lecturas erróneas creyendo que las disposiciones políticas son las que colocan fin a la pandemia o terminan con el virus cuando no es así. Esa nueva normalidad va más en la línea de usar el cubre bocas, pero además de esto, hay muchas colectividades que estamos intentando desaprender el mundo occidental, entrando a unas nuevas formas de vida, de relacionarnos los unos con los otros, trascendiendo el abrazo, ya estamos entendiendo que nos podemos abrazar de otras maneras, hay formas espirituales de relacionarnos y que también tienen que ver con alimentación y sanación. Colombia vive una crisis que viene desde los nuevos administradores, la muerte de líderes sociales aumenta cada vez mas

¿Cómo han cambiado nuestras posiciones en estos seis meses de pandemia?, nuestros sentimientos, nuestras incertidumbres, nuestras dudas, y cómo esto está agarrando un status en cuanto a nuestra forma de estar viviendo, el estar en algunos momentos a la incertidumbre y en otros en la duda, normalmente estamos acostumbrados a tener ciertas las respuestas, y en este momento realmente no vamos a encontrar respuestas con un grado de certeza que antes nos podría satisfacer. Esta experiencia nos ha hecho reflexionar sobre nuestro cuidado personal y colectivo, más allá de las contradicciones gubernamentales, pero, ¿qué ha pasado en estos seis meses?, y si esto se extiende otros seis meses o un año, ¿qué está pasando en nuestras cabezas a nivel de estado de ánimo, de atención?

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