Tejer relaciones, organizar la solidaridad.

Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta Relatoría del 23 de junio de 2021

“¿Que hacemos ahora?” Esta es una de las preguntas que más se repiten en la tormenta que vivimos, donde a menudo suceden cosas terribles.

Solidaridad a la Tribu Yaqui

Lxs compañerxs del pueblo Mazateco que forman parte del M.A.P.O.C. y del C.N.I., nos cuentan de Fidencio Aldama, preso político Yaqui, una historia de injusticia que forma parte de los violentos ataques a esta tribu. El pueblo Yaqui defiende la tierra, el agua, la vida y la autonomía en el contexto del estado mexicano de Sonora, carac- terizado por un racismo estructural muy fuerte, un extractivismo feroz y la presencia masiva de grupos narcos paramilitares al servicio de instituciones corruptas y empresas transnacionales. Una compañera, Lorena, se encuentra actualmente desaparecida: es hermana de Mario Luna, concejal del pueblo Yaqui. Esta grave intimidación se produjo el mismo día en que se encontró el cuerpo sin vida de uno de los voceros de la misma comunidad, Tomás Rojo, quien desapareció el 27 de mayo. El 8 de junio fue asesinado otro defensor del agua de Sonora, abatido a tiros en la ciudad de Obregón. Los ata- ques a la tribu Yaqui han sido una constante durante los últimos 500 años, 500 años de guerra contra todos los pueblos originarios. Expresamos solidaridad y cercanía a la resistencia de la tribu Yaqui. LIBERTAD POR FIDENCIO ALDAMA Lxs compañerxs del M.A.P.O.C. y del CNI nos hablan de su actividad solidaria con los presos políticos y en particular de la campaña por la liberación del compañero Fidencio Aldama, del pueblo de Lomas de Bácum , donde se encontraba realizando una guardia al servicio de la comunidad cuando forasteros armados interrumpieron y atacaron la asamblea que se estaba realizando. El contexto es el de un pueblo que se opone a la ins- talación de un gasoducto en su territorio y quienes organizaron el ataque son personas financiadas por los directores del megaproyecto. El pueblo se defendió y una de las per- sonas que había participado en el ataque perdió la vida. El gobierno acusó a Fidencio Aldama y, aunque hubo muchas irregularidades en el juicio, el compañero permanece en prisión desde el pasado 27 de octubre de 2016. Incluso los familiares del asesinado reconocieron la inocencia de Fidencio, quien defendía otro punto de la asamblea, pero el gobierno de Sonora está ejerciendo una fuerte presión para castigarlo. Es una intimi- dación y un intento de darle una lección a todo el pueblo, para romper su resistencia e implementar el megaproyecto. Hay una campaña de solidaridad, que pide la liberación de múltiples formas y propone organizar acciones para presionar y dar voz a esta in- justicia. La voluntad del compañero es más fuerte que la represión que está sufriendo y Fidencio sigue en pie de lucha incluso desde la cárcel. Reportamos la dirección de correo electrónico fidenciolibres@protonmail.com para enviar cartas y solidaridad y el sitio fidencioaldama.org para profundizar la historia y apoyar la campaña. Como Unitierra queremos hacer todo lo posible para apoyar la liberación de Fidencio Aldama y dar voz a su lucha, porque es fundamental romper el aislamiento en el que vi- ven pueblos y resistencias como los yaquis, que viven en el contexto de un estado como Sonora, blancos y racistas, donde los modelos a seguir son los de la cultura redneck de Arizona o Texas. La lucha por la liberación de lxs compañerxs de prisión es impor- tante, porque cuando las instituciones tienen miedo se vuelven peligrosas y agresivas. Es necesario utilizar todos los medios posibles para liberar a lxs presxs políticxs y la experiencia demuestra que la mejor manera es seguir tanto el camino judicial como el de la movilización. En los procesos de lucha de comunidades, pueblos y organizaciones es importante preguntarse cómo salimos de la represión. Todo preso político es una herida abierta, para él, para la empresa, para todos. La lucha por la liberación es un proceso de sanación colectiva, que solo es posible gracias a una red y tejido de solida- ridad, presión y visibilidad. Construir lazos significa también tener la posibilidad de resistir y atacar un sistema neoliberal que produce, explota y extrae valor en diferentes territorios en un único proceso.

Construyendo lazos sin perder el arraigo

Lxs zapatistas mostraron una flexibilidad increíble: pudieron cambiar sin traicionarse jamás, caminar preguntando, en un proceso rico, digno, legítimo. Es muy interesante en este sentido lo que escribieron en los pasaportes del escuadrón 421: “no podemos llevar armas ni hablar de armas”, principio que puede sonar hipócrita para un ejército como el EZLN. Sin embargo, el mensaje es contundente: el uso de la fuerza y las armas pro- viene de la condición de los más débiles, de los que más tienen miedo. Lo que nos está sugiriendo es que ahora el miedo, el débil, es el poder. Los de abajo son fuertes y los de arriba son débiles. Parecía cierto lo contrario, pero la policía no es un instrumento de gobierno, sino del miedo. Desde el 12 de enero de 1994, los zapatistas empiezan a ser los fuertes, por eso hoy pueden escribir un mensaje similar en sus pasaportes. La Au- tonomía desmantela el capitalismo y lo que queda del estado. Lxs zapatistas llegaron a este punto luego de varias etapas: en un primer momento, luego de la insurrección, in- tentaron una interlocución con el Estado, entendido como una de las posibles vías para lograr lo que necesitaban. Sin embargo, luego llegaron a la conclusión de que no había nada en las instituciones: en 2006, con la sexta, lxs zapatistas señalaron otro camino claro: concentrarse en la acción concreta y territorial, construir la autonomía a partir de un “localismo no localista” . Construyen comunidades en Chiapas mientras conti- núan forjando vínculos con el mundo. No se trata de construir una gran organización institucionalizada para tomar el poder, sino de admirar y respetar la autonomía de los demás, ser solidarios y dar vida a acciones y prácticas comunes en el camino. La solidaridad es verdaderamente tal sólo si se da sin pedir nada a cambio, es concreta si es una afirmación de amor y compañerismo. Surge de la sencillez de acercarse de per- sona a persona y falla si se vuelve burocrática con mecanismos que tienden a suplantar, hablar en representación por otro, jerarquizar. Al contrario, se necesita claridad. Tejer re- laciones también significa construir una solidaridad genuina. Este viaje zapatista es una oportunidad para mostrar y consolidar una forma de tejer vínculos. Todos tenemos que preguntarnos “¿Cómo nos tejemos?”, “¿Como nos consolidamos este tejido?” Hay que favorecer la autonomía, no nace sola, pero el contagio es efectivo. No se trata de educar a alguien para que sea autónomo, sino de tejer lazos para contagiar de autonomía. Tam- bién es importante preguntarse cómo hacerlo sin perder el arraigo territorial, un proceso que en México tiene una larga trayectoria vinculada a la conquista y creación del Estado nación en detrimento de los pueblos y identidades indígenas. ¿Cómo podemos mantener la confianza, la amistad y la ternura tanto por nuestro territorio como por los lazos que se pueden tejer afuera? Oaxaca es un lugar que tradicionalmente ha demostrado una gran habilidad para tejer desde un lugar. Lxs oaxaqueñxs siguen resistiendo arraigados en su territorio y al mismo tiempo muchos viven fuera, como en los Estados Unidos, donde están experimentando nuevas formas de crear comunidad y enraizamiento. Organización y tejido: ¿cómo construimos la autonomía? Los conceptos y sus habilidades polisémicas abren interesantes espacios de discusión, las diferencias nos permiten enriquecernos en la comparación. ¿Cuál es la diferencia entre tejido y organización? ¿Podemos decir que existe? Según algunxs compañerxs, la distinción está toda en la jerarquía: la organización sólo puede implicarla, a diferencia del tejido ¿Cuál es la diferencia entre una familia orga- nizada y una familia tejida? La jerarquía. Desde este punto de vista, las personas tienen que tejer vínculos entre sí y a partir de ese tejido pueden organizar acciones concretas. En este sentido, las comunidades no son organizaciones, sino tejidos que se organizan para realizar acciones. La gente no debe organizarse como tal porque formalizar e insti- tucionalizar destruye comunidades y es una táctica que el Estado siempre ha utilizado.

Sin embargo, otrxs compañerxs señalan que para que exista el tejido, alguien lo teje, alguien con conocimientos históricos y una organización social previa. La organización en este sentido se entiende como ese momento en el que todxs estamos unidxs para pensar en el bien común, entre los humanos y entre todos los seres. Cuando lxs zapatis- tas nos invitan a organizarnos, nos están llamando a esta comunión. En este sentido, es imposible imaginar el movimiento zapatista sin organización, así como cualquier otro movimiento de autonomía. Lo que asusta al Estado es que nos organizamos, cuando construimos lo que llamamos común, que se construye alrededor del fuego. La fogata es decisiva para la organización. Es importante tejer, pero también realizar actos de organización para el mismo acto de tejer y construir una red, la red de la vida. La gira zapatista por la vida es una oportunidad para mostrar esta organización. Un concepto que nos ayuda en estas reflexiones es el de la interdependencia: solxs no podemos ha- cer casi nada, somos muy dependientes de las redes que nos unen a lo que nos rodea. Podemos pensar en términos de distribución desigual de herramientas, pero también de heterogeneidad de conocimientos y experiencias: tenemos que pensar en cómo cons- truimos redes de complementariedad. La fogata reúne y genera, nos permite no negar al otro en nombre de la razón y puede reunirse viendo que constituimos una red. Partiendo del concepto de interdependencia, una compañera sugiere que la tierra mis- ma depende de los nutrientes que tiene y esta calidad de la tierra depende de si nace una planta u otra. Para esta razón podemos tener diferentes experiencias de lo que imaginamos por organización y tejido. En este sentido, a veces usar una palabra puede tener sentido y otras veces no, a veces pueden entenderse y otras no. Por ejemplo, en el mixteco no existe la palabra “organización”, sino una que literalmente significa “cuando el pueblo se une”. Cuando se construyen barricadas no se le llama “organización”, pero decenas y decenas de ellas aparecen en una sola noche. Por eso es importante pregun- tarnos siempre cómo descolonizar el conocimiento, a través de la reflexión en la acción y la investigación participativa. No necesitamos ningún antropólogo o sociólogo para explicar a las comunidades quiénes son o cómo organizarse. Debemos aprender a usar el fuego, el agua y todas las esencias que hay dentro de nosotros. Pueden ser construc- tivas o destructivas, lo importante es entender cómo usar lo que vive en nosotrxs.

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