Volver a mirar el horizonte


Imagen de Beatriz Aurora.

Conversatorio Caminos de la Autonomía Bajo la Tormenta
Relatoría del 24 de noviembre de 2021.

Mientras por un lado sigue aumentando la ganancia de la banca privada, en paralelo el precio de la canasta básica sube, vemos que prima el principio de “primero los pobres (capitalistas), el gobierno mexicano y el presidente López Obrador están trabajando en un proyecto para asumir como de seguridad nacional y prioridades nacionales todas las grandes obras de la 4t.

Vemos que ellos son los mismos que crean destrucción y manejan la ley. Con la ley el sistema crea mecanismos que realmente nos impiden acercarnos a la justicia, como es el caso de la búsqueda de personas desaparecidas que se mas bien se vuelve una multiplicación de carpetas en oficinas. Conociendo los antecedentes del sistema de justicia, no tenemos dudas que en algún momento van terminar por criminalizar las luchas por el territorio, legalizando las formas todavía ilegales del despojo y la represión, quitando las posibilidades de resistir a través de lo jurídico, pasando encima de muchos artículos de la Constitución que son por lo menos un paraguas jurídico para las comunidades en lucha.


Se asumirá la idea que cuando se encarcela a unx defensorx o activista, sé está haciendo porque ellx está atentando contra un “interés nacional”, contra el tren de la historia, contra, literalmente “los trenes del desarrollo”. Obrador está obsesionado con los megaproyectos que son el corazón y la razón de su mandado y después 3 años de presidencia sabe que la única manera en cual puede realizarlos es con la fuerza, porque las comunidades han mostrado claramente que no aceptan no solo un tren, un corredor, un libramiento o una minería, si no el cambio de un modo de vida.

No es casual que el principal cuartel de la guardia nacional esté en el Istmo para garantizar la reestructuración geopolítica del sur de México y no casualidad que el Estado se organice con las corporaciones transnacionales y con los narcos. Sabemos que lo que tenemos enfrente es una situación violenta, probablemente la más peligrosa de los últimos años. Además, históricamente en México, hablar mal del presidente puede ser muy peligroso.

La otra ruta que el gobierno está persiguiendo es la de la corrupción en todos los niveles del cuerpo social. Amlo sabe bien que la gente en México es muy agradecida y que esto lleva a las personas a asumir un compromiso con quien les entrega un apoyo o regalo, este se regrese a con algo equivalente. El 70% de las familias están recibiendo el dinero público, a través de programas como “sembrando vida” o la “pavimentación de las calles”, sienten este compromiso que no les permite de hablar mal de lo en que no están de acuerdo: por eso a veces es
importante rechazar un regalo.

Estamos en una crisis política muy fuerte que a veces no se ve, entre las preocupaciones del día a día. Es importante analizar y reconocer las formas del despojo en primer lugar en nuestras comunidades, en nuestros barrios, al nuestro alrededor, porque en la condición de incertidumbre, miedo y desesperación en la que vivimos es muy fácil que emergen fenómenos masivos y peligrosos de lo que Raul Zibechi llama autoritarismo consensuado.

El estado de excepción es un ejemplo muy claro a este propósito: se trata de la condición en la cual el sistema de leyes garantiza su propia violación sistemática. La situación pandémica es un terreno donde estos procesos se refuerzan: por esto es importante no permitir que nuestros horizontes se confinen en polémicas y conflictos entre los de abajo sobre temáticas impuestas desde lo alto para dividirnos y distraernos, si no discutir y definir entre nosotrxs nuestras prioridades, necesidades y deseos.

Illich dice que ni la reforma ni la revolución han conseguido los cambios auspiciados por lo menos en las últimas décadas: lo que nos hace falta es construir otras narrativas, incluyendo cuestionar la misma palabra e idea de “narrativa”, que se está volviendo muy de moda en un proceso que arriesga ser de subsunción.

En este sentido las mujeres y las disidencias sexuales lo están haciendo mas que nadie y más que nunca, los jóvenes que se juntaron en Glasgow con el pretexto de la Cop26 igual lo hicieron y lo están haciendo. Afuera de la Cop fue unánime el grito en contra de las negociaciones, contra el blah blah blah. En México hay esquizofrenia y confusión frente a la 4t. Al organizar nuestra lucha tenemos que ver que no se trata sólo de defendernos desde el capitalismo, si
no cuestionarnos entre compañerxs que replicamos muchas cosas; a falta de otras narrativas, hay movimientos y personas con buenas intenciones pero que producen daños mayores, como en el caso de buena parte de la “ecología” occidental. Siempre pensamos que nos faltan las palabras, por ejemplo, desde la comunidad y las luchas de los pueblos de Abya Yala usamos “defensa del territorio”, que es uno de los sectores más agredidos por la violencia.

No siempre tenemos que definirnos por oposiciones excluyentes, no se trata de repudiar el dialogo intercultural, pero sí de reconocernos en un ejercicio de narración propia, para encontrar y tejer puntos comunes entres luchas y resistencias, como sugirieron lxs zapatistas.

La idea no es la rebelión en sí misma, el monstruo abarca tantos rincones que penetra en el cotidiano más íntimo de cada unx de nosotrxs. El CNI propone que nos preguntemos seriamente entonces ¿Qué sigue? Se trata de reconocer que están brotando nuevas cosas desde la esquina, desde la periferia. Si nos ponemos a escuchar en serio, podremos oír crecer el pasto: a veces lo que crece en silencio puede erosionar los fundamentos del edificio, los cimientos del poder sin que él se de cuenta.

Quizás, en medio de la pandemia y de la violencia, tenemos que dar un paso atrás, no mirar de cerca solo el pasto, dejar de enfocarnos en un solo punto, sino mirar todo el bosque, y volver a enmarcar el horizonte. Volver a mirar el horizonte

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